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Papa: el Señor pregunta dónde está el hermano hambriento, enfermo y encarcelado

© Tony KARUMBA / AFP
Mujer en un campo de refugiados en Somalia
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¿Dónde estás? ¿Dónde está tu hermano? Son las preguntas que el Señor le hace a Adán y a Caín, en el libro del Génesis, y que hoy nos hace a nosotros, recuerda el Papa en la homilía de la mañana en la Casa Santa Marta

Como a Caín, el Señor nos hace también a nosotros la pregunta: “¿Dónde está tu hermano?”. En la homilía de la misa en la Casa Santa Marta el Papa exhorta a responder personalmente, no con respuestas por compromiso para escapar del problema. El Papa recuerda de hecho que se está hablando del hermano enfermo, encarcelado, hambriento, como dice el Evangelio de Mateo en el capítulo 25.

El acontecimento de Caín y Abel, propuesto por la Primera Lectura de la liturgia de hoy está, por lo tanto, en el centro de su reflexión. Una lectura que forma parte de ese género literario que se repite muchas veces en la Biblia: “podemos llamarlo ‘preguntas incómodas y respuestas por compromiso'”. Es, de hecho, precisamente “una pregunta incómoda”, la de Dios a Caín: “¿Dónde está tu hermano?”. Y la respuesta es, en este caso, “un poco por compromiso”, pero también para defenderse: ‘¿Acaso yo soy el guardián de mi hermano?’ Yo me lavo las manos. Y con esto Caín intenta escapar de la mirada de Dios”, observa el Papa.

Preguntas incómodas

Francisco luego se detiene en las “preguntas incómodas” que Jesús hizo. Muchas veces se las hizo a Pedro, por ejemplo cuando le preguntó tres veces: “¿Me amas? Al final Pedro ya no sabía qué responder. Del mismo modo se las hizo a los discípulos: “¿Qué dice la gente de mí?”. Y ellos respondían: “un profeta, el Bautista…”. “Y ustedes, quién dicen que soy yo?”, les preguntaba. “Una pregunta incómoda”, por lo tanto. Dios a Caín le hizo otra pregunta: ¿Dónde está tu hermano? “Esta – subraya – es una pregunta incómoda: mejor no hacerla. Y nosotros conocemos muchas respuestas: pero, es su vida, yo la respeto, pero me lavo las manos… No me inmiscuyo en la vida de los demás”, cada uno es libre de escoger su propio camino … El Papa, con estos ejemplos, quiere poner en evidencia cómo en la vida de cada día a estas preguntas incómodas del Señor, “respondemos un poco con principios genéricos que no dicen nada pero lo dicen todo, todo lo que hay en nuestro corazón”.

Respuestas por compromiso

El Señor hoy a cada uno de nosotros nos hace esta pregunta: “¿Dónde está tu hermano?”. Quizá alguno que es un poco distraído puede decir que en casa con su esposa, pero el Papa aclara que se está hablando del hermano hambriento, enfermo, encarcelado, perseguido por la justicia:

“¿Dónde está tu hermano?” – “No lo se” – “¡Pero tu hermano tiene hambre!” – “Sí, sí, seguramente está comiendo en la Cáritas de la parroquia, sí, seguramente le darán de comer”, y con esta respuesta – por compromiso – salvo el pellejo. “No, el otro, el enfermo…” – “¡Seguramente está en el hospital!” – “Pero ¡no hay lugar en el hospital!” ¿Y tiene medicinas?” – “Pero, es asunto suyo, yo no puedo inmiscuirme en la vida de los demás… tendrá parientes que le darán las medicinas”, y me lavo las manos. “¿Dónde está tu hermano el encarcelado?” – “Ah, está pagando lo que se merece. Lo hizo, que lo pague. Estamos cansados de tantos delincuentes por la calle: paga”. Pero quizá no oyes nunca esta respuesta dicha a ti de la boca del Señor. ¿Dónde está tu hermano? ¿Dónde está tu hermano explotado, el que trabaja en negro, nueve meses al año para reanudar, después de tres meses, otro año? Y así no tiene seguridad, no tiene vacaciones… “Eh, hoy no hay trabajo y uno hace lo que puede…”: otra respuesta por compromiso.  

Con estos ejemplos concretos el Papa pide a cada uno que tome esta palabra del Señor como si nos la dirigiera a cada uno de nosotros personalmente:

El Señor me pregunta “¿dónde está tu hermano?”, y poner el nombre de los hermanos que el Señor nombra en el capítulo 25 de Mateo: el enfermo, hambriento, sediento, desnudo, el hermano pequeño que no puede ir a la escuela, el drogado, el encarcelado… ¿dónde está? ¿Dónde está tu hermano en tu corazón? ¿Hay lugar para esta gente en nuestro corazón? O al hablar de la gente, descargamos un poco la conciencia dando limosna.

Pero que no molesten demasiado “por favor porque – prosigue el Papa – con estas cosas sociales de la Iglesia”, termina pareciendo “un partido comunista y esto nos hace mal. Está bien, pero el Señor lo dijo: ¿dónde está tu hermano? No es el partido, es el Señor”. “Estamos acostumbrados – subraya – a dar respuestas por compromiso, respuestas para escapar del problema, para no ver el problema, para no tocar el problema”.

¿Dónde estás?

Francisco, para concluir, vuelve a exhortar a “hacer la lista” de todos aquellos que el Señor nombra en Mateo 25. De otra manera empieza a crearse “una vida oscura”: el pecado está agachado en tu puerta, dice el Señor a Caín, y “cuando llevamos esta vida oscura sin tomar en la mano lo que el Señor Jesús nos enseñó, en la puerta está el pecado, agachado, esperando a entrar. Y destruirnos”, recuerda exhortando también a hacerse otra pregunta que está presente en el libro del Génesis, la que Dios dirige a Adán después del pecado: “Adán, ¿dónde estás?”.

Y Adán se esconde por vergüenza, por miedo. Quizá nosotros sentimos esa vergüenza. ¿Dónde está tu hermano? ¿Dónde estás? ¿En qué mundo vives, que no te das cuenta de estas cosas, de estos sufrimientos, de estos dolores? ¿Dónde está tu hermano?… ¿Dónde estás? No te escondas de la realidad. Responde abiertamente, con lealtad, con alegría, a estas dos preguntas del Señor.

 

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