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La condena de un musulmán abre el debate sobre pena de muerte y libertad religiosa en Estados Unidos

EXECUTION CHAMBER,DEATH PENALTY
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Los obispos católicos desaprueban las dos acciones: la pena de muerte y la negativa a la asistencia espiritual

Dominique Ray era musulmán y fue ejecutado en una cárcel de Alabama, sin la presencia de un imán el pasado jueves siete de febrero.

De inmediato, la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB) desaprobó las dos acciones: tanto la pena de muerte como el negarle la asistencia espiritual de un ministro de su religión al momento de ser ejecutado.

Ray, al saber del resultado del Tribunal Supremo sobre su ejecución, secundada por el Estado de Alabama, pidió que su imán estuviera presente a la hora que fuera llevada a cabo la pena por inyección letal.

La prisión de Alabama donde Ray fue ejecutado argumentó que “era un riesgo de seguridad” el dar acceso a una persona (el imán) que “no era empleado de la prisión” para que entrara en el recinto. Hasta ahora, solo el capellán cristiano de la prisión lo tiene permitido.

Dominique Ray fue condenado a muerte en 1995 por violación y asesinato de la niña Tiffany Harville. Tras la decisión de la Corte Suprema, Ray fue ejecutado el jueves por la noche, mientras su imán, Yusef Maisonet, veía el proceso desde otra habitación.

Qué dice el episcopado estadounidense

La USCCB emitió un comunicado en el que expresó dos cosas. Primero, que el catolicismo desaprueba la pena de muerte y, segundo, que negar al reo el auxilio espiritual que solicitaba de su imán es violatorio del derecho universal a la libertad religiosa.

“La ejecución de Domineque Ray nos preocupa profundamente. La pena de muerte en sí misma es una afrenta a la dignidad humana y la Iglesia ha pedido durante mucho tiempo su abolición en los Estados Unidos y en todo el mundo”, dijeron en el comunicado los obispos.

Firmado por el arzobispo Joseph Kurtz de Louisville, presidente del Comité de Libertad Religiosa de la USCCB, y el obispo Frank Dewane de Venice, Florida, presidente de la Comisión de Justicia Doméstica y Desarrollo Humano, el comunicado subrayó “la indignidad adicional de que se le negara (a Ray) atención espiritual en sus últimos momentos de la vida”.

Además, recordaron los prelados, esto fue una violación de la Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos y de la ley de Alabama, pues ambas garantizan, justamente, el derecho de cada persona a tener una religión.

“Este tratamiento injusto es perturbador para las personas de todas las religiones, ya sean musulmanes, cristianos, judíos o de cualquiera otra religión. Las personas merecen ser acompañadas en la muerte por alguien que comparte su fe”, afirmaron en su comunicado el arzobispo Kurtz y el obispo Dewane.

“Es especialmente importante que respetemos este derecho para las minorías religiosas”, apuntaron los obispos. “Como dijo el Papa Francisco durante su reciente viaje a los Emiratos Árabes Unidos, ‘Lo que estamos llamados a hacer como creyentes es comprometernos con la igual dignidad de todos’. Hagamos este compromiso hoy”.

Abolir una aberración

La ejecución de Ray se produce en un momento en que el uso de la pena de muerte está en declive en los Estados Unidos. En 2018, hubo menos de 30 ejecuciones y 50 penas de pena de muerte, marcando un mínimo histórico.

En agosto de 2018, el Papa Francisco actualizó el Catecismo de la Iglesia Católica y propuso el siguiente párrafo: “La pena de muerte es inadmisible porque es un ataque a la inviolabilidad y la dignidad de la persona”, con la adición de que la Iglesia “trabaja con determinación para su abolición en todo el mundo”.

Por lo menos, en Alabama no han oído muy bien esta sentencia, aunque en Estados Unidos, los defensores de la pena de muerte parece que ya están en peligro de extinción. Lo que florece ahora, por desgracia, es la intolerancia religiosa.

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