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¿Qué hay que buscar para ser feliz?

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¿Quieres la felicidad? No la busques, llegará cuando estés en este proceso que te explico

La Biblia lanza un mensaje esperanzador al mundo. En las palabras de Cristo en el Nuevo Testamento y en las palabras de sus apóstoles encontramos mensajes de amor, esperanza, fidelidad y coraje.

Nos llaman insistentemente a través de los siglos a no tener miedo, a perdonar hasta lo inexcusable, a proteger la vida, la familia, la paz, la justicia, la humildad, la fidelidad, la indisolubilidad del matrimonio; a proteger al pobre, al enfermo, al desvalido.

Nos pide en sus mandamientos honrar a los padres, a honrar la verdad, a amar al prójimo y sobre todo a poner a Dios en primer lugar en nuestras vidas por la única razón de que sin Él nada de lo anterior se puede conseguir.

Él es la fuente de la que mana incesantemente toda posibilidad de perfeccionar cualquier atributo o virtud.

Cuando en lugar de abrirse a Dios la persona se repliega en sí misma, se pierde la esperanza. A menudo se acaban persiguiendo los propios caprichos, con toda la atención en las cosas del mundo y lejos del mundo invisible que grita dentro de cada uno de nosotros.

Cuántas veces entonces se ahoga la voz de la conciencia; se tapa el sol, y a media luz no se pueden tomar decisiones coherentes que nos abran al mundo que nos propone Dios, fuente de toda sabiduría.

No podemos elaborar leyes y resolver los problemas del mundo confiando en nuestras solas capacidades y nuestra buena voluntad. Somos limitados de mil maneras.

En cambio, cuando uno busca a Dios, Él nos revela cosas en el corazón, y nuestro entendimiento sobre el sentido de la vida y la verdad de nuestra existencia toma otra dimensión.

Quiero decirte que nuestro objetivo como seres humanos no es alcanzar una felicidad egoísta. Nuestra misión -y que resuene bien fuerte- no es ser felices.

Olvídate de buscar la felicidad si esa felicidad está lejos de Dios. Se te escapará en cada esquina como el agua de las manos. Siempre quedarás vacío.

Nuestra vocación, nuestra más alta vocación como hombres y mujeres es ante todo y sobre todo: buscar a Dios, conocerlo, amarlo y servirlo.

Es en este proceso que la felicidad en su plenitud se adueñará de la columna vertebral de tu existencia, de manera tal, que incluso en medio de las crisis la paz alcanzada no podrá dejarte.

Dios nos ama tal cual somos, con nuestro lado bueno y el lado malo. Pero si hay algo en la vida que ponga distancia entre tu vida y Él, deshazte de ello porque te quitará algo muy valioso.

Te quitará la vida de Dios en ti, que se traduce en la gracia que Dios deposita en cada uno de nosotros solo cuando nos acercamos a Él.

Esta gracia es de vital importancia, porque Dios la alimenta, alimenta esa vida que te transforma en algo que jamás pensaste que podías ser. Tu vida dará un giro tan tremendo, que no podrás entender haber sido otra cosa en otro momento.

Como repite san Pablo, “la gracia de Dios es suficiente”, es todo lo que necesito y es lo único que debo perseguir. Él depositará en mis manos todo lo que a mi vida le falta, en el momento que menos me lo espere.

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