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El Salvador apuesta por el “enigma” Nayib Bukele

NAYIB BUKELE
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¿Quién es el nuevo presidente de El Salvador?

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Su padre nació en Belén y construyó mezquitas en Centroamérica. Se llama Nayib Bukele. Es de origen musulmán. Tiene apenas 37 años. Profesión: publicista. No pertenece a ninguno de los dos partidos hegemónicos de su país.

Despreció a los medios de comunicación tradicionales durante su campaña política. Le encantan los selfis. Es especialista en redes sociales y será presidente de El Salvador. El más joven de su historia.

Con 53.7 por ciento del total de los votos, sepultó las aspiraciones de volver al poder del partido de la derecha (ARENA, Carlos Calleja, 31.6 por ciento de los votos), y del gobernante partido de la izquierda (FMLN, Hugo Martínez, 13.7 por ciento de los votos).

Después que concluyó la guerra civil de doce años en El Salvador (que inició en 1980 con el asesinato de San Romero y cerró en 1992 con los Acuerdos de Chapultepec, dejando 75.000 muertos y desaparecidos) habían sido ARENA y FMLN los partidos en el poder. El domingo 3 de febrero, Bukele –como su admirado López Obrador en México—sumó más votos que los dos partidos tradicionales juntos.

Nayib Bukele es una incógnita absoluta. Según él, con su triunfo, El Salvador le da vuelta a la página de la postguerra y entra en una nueva etapa, aunque muy pocos saben hacia dónde conducirá al pequeño país centroamericano, uno de los más desiguales y de los más violentos de la región con 55 homicidios por cada 100.000 habitantes en 2018.

La gran promesa de Bukele se ha mantenido a nivel de propuesta: ir en contra del sistema político salvadoreño. El “pretexto” es muy bueno: tres ex presidentes del país centroamericano se encuentran hoy tras las rejas.

Por lo demás, Bukele deberá actuar pronto porque el número de migrantes salvadoreños –y más ahora que México está ofreciendo visas y proponiendo puestos de trabajo a los centroamericanos que viajan a Estados Unidos huyendo de la violencia y la pobreza—se acerca ya a 30 por ciento del total de los nacidos en ese país, y las principales pandillas o maras tienen su origen en El Salvador (o en la comunidad salvadoreña de Los Ángeles, California).

El hombre de los tres “no”

Según cálculos extraoficiales, tres millones de salvadoreños viven en Estados Unidos, 94 por ciento de los salvadoreños que viven en el exterior de un país, cuya población actual alcanza los seis millones de habitantes.

Bukele tendrá que actuar también en el plano exterior pues si bien un fallo reciente de un tribunal de Estados Unidos ha permitido a muchos salvadoreños continuar amparados por el Programa de Protección Temporal (TPS), el peligro de que el gobierno de Donald Trump elimine este programa aún continúa latente.

El fin del TPS para los salvadoreños amparados en él afectaría a miles familias que reciben remesas de quienes residen en Estados Unidos. Según el Banco Central de Reserva de El Salvador, entre enero y noviembre de 2018, las remesas familiares alcanzaron 4.9 millones de dólares, un aumento de 8.8 por ciento en comparación con 2017.

La cantidad de dinero que ingresa al país a través del envío de dinero en dólares estadounidenses hace que las remesas familiares sean una de los principales pilares de la economía salvadoreña, si no es que el principal. Según datos del Fondo Monetario Internacional, en 2018 el Producto Interno Bruto de El Salvador habría alcanzado 27.000 millones de dólares.

Por lo demás, Bukele –quien había sido alcalde de la capital, San Salvador, de 2015 a 2018 de la mano del FMLN– llega a la presidencia del país centroamericano respaldado por la Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA) y por una muy escasa participación ciudadana en las urnas: apenas 51 por ciento del total del padrón electoral acudió el pasado domingo a emitir su voto.

Aunque sus vaivenes políticos son claros (el FMLN es izquierda y GANA derecha), sus credenciales para llegar al poder fueron dos (que supo comunicar muy bien): rebeldía e idealismo. También, como López Obrador, el dicho de que va a ir a fondo en contra de la corrupción.

Finalmente, el enigma Bukele ha sido definido como el enigma de los tres “no”. No tiene partido, no tiene ideología y no tiene equipo para gobernar cuando comience su mandato el próximo mes de junio. Por lo pronto, Maduro pierde a uno de los dos aliados que tenía en Centroamérica, el actual presidente Salvador Sánchez Cerén, ex guerrillero del FMLN. Le queda Ortega en Nicaragua, que no es mucho decir en este momento.

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