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El Papa instó a cristianos en la Península Arábiga: “Conservar la paz, la unidad”

Karim Sahib / AFP
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La misa del Pontífice en Emiratos Árabes Unidos: Un estadio abierto a los cristianos, la mayoría migrantes de Asia, para una ceremonia inédita, en el año de la tolerancia declarado en el país. 

Pido para vosotros la gracia de conservar la paz, la unidad, de haceros cargo los unos de los otros, con esa hermosa fraternidad que hace que no haya cristianos de primera y de segunda clase”, expresó el papa Francisco durante la misa en el Zayed Sports City este 5 de febrero de 2019. 

“Las Bienaventuranzas no son para súper-hombres, sino para quien afronta los desafíos y las pruebas de cada día. Quien las vive al modo de Jesús purifica el mundo”, dijo el Papa en el ultimo día de su visita apostólica en Emiratos Arabes Unidos. 

“Quien está afligido, quien sufre injusticias, quien se entrega para ser artífice de la paz sabe lo que significa sufrir”, lo dijo el papa Francisco, que presidió la misa ante 130.000 personas, representantes del millón de cristianos, minoría en el país musulmán, la mayoría trabajadores a bajo costo provenientes de Filipinas, Líbano, India y Pakistán y otras diez naciones.  

La misa ha sido transmitida por la televisión de Estado de los Emiratos Arabes Unidos. Los musulmanes vieron rezar a los cristianos y escucharon predicar al Sucesor de Pedro.

En el país, construido en medio a un desierto, entre rascacielos y centros comerciales, el Pontífice invitó a los cristianos migrantes a ser comunidades que sean “oasis de paz” y a vivir las bienaventuranzas y “hacer el bien a todo el que está cerca de vosotros”:  “Quien las vive al modo de Jesús purifica el mundo. Es como un árbol que, aun en la tierra árida, absorbe cada día el aire contaminado y devuelve oxígeno”. 

Hoy se escribió una nueva página en la historia en las relaciones con el Islam, pues fue el primer Papa en visitar la región del golfo y, sobre todo, que presidió una misa por la “paz y la justicia”, en un país que se abrió a la ‘tolerancia’ y que vive un proceso de renovación, donde rige la ‘Sharía’ y aún es prohibido llevar un crucifijo en el cuello o evangelizar.

Dios camina al lado de quien sufre

Pero, sostuvo que, en esos momentos, “aun si no interviene rápidamente”, Dios camina “a nuestro lado y, si seguimos adelante, abrirá una senda nueva. Porque el Señor es especialista en hacer nuevas las cosas, y sabe abrir caminos en el desierto (cf. Is 43,19)”. 

En la homilía, Francisco recuerda la palabra con la Jesús comienza su predicación en el Evangelio de Mateo: “bienaventurados” Pues, señaló, la “bienaventuranza, es entender la vida como una historia de amor, la historia del amor fiel de Dios que nunca nos abandona”.

Bienaventurados los pobres, los mansos

Destacó que Jesús llama bienaventurados a sus discípulos y cambia el “pensar habitual”, que considera bienaventurados “a los ricos, los poderosos, los que tienen éxito y son aclamados por las multitudes”. 

En cambio, subrayó, “para Jesús, en cambio, son bienaventurados los pobres, los mansos, los que se mantienen justos aun corriendo el riesgo de ser ridiculizados, los perseguidos”. 

En la homilía pronunciada en italiano, traducida en idioma árabe, invitó a los fieles, minoría en el país, a ver hacia Jesús que vivió: “pobre de cosas y rico de amor devolvió la salud a muchas vidas, pero no se ahorró la suya. Vino para servir y no para ser servido; nos enseñó que no es grande quien tiene, sino quien da”. 

Jesús fue justo y dócil

Pues, Jesús, “fue justo y dócil, no opuso resistencia y se dejó condenar injustamente”. Y se refirió a estos cristianos con una vida dura hecha de trabajo y de lejanía de su propia cultura y familia como un “coro compuesto por una variedad de naciones, lenguas y ritos”. 

Una diversidad que el Espíritu Santo ama y quiere armonizar cada vez más, para hacer una sinfonía. Esta alegre sinfonía de la fe es un testimonio que dais a todos y que construye la Iglesia. Me ha impactado lo que Mons. Hinder (Nuncio en el país) dijo una vez, que no solo él se siente vuestro Pastor, sino que vosotros, con vuestro ejemplo, sois a menudo pastores para él”. 

En el desierto de la vida, el ejemplo de San Antonio abad

En medio al desierto, el Papa recordó a San Antonio abad, el gran fundador del monacato en el desierto. “Él había dejado todo por el Señor y se encontraba en el desierto. Allí, durante un largo tiempo, sufrió una dura lucha espiritual […], tentado incluso de ceder a la nostalgia y a las cosas de la vida pasada”. 

“Después de tanto tormento, el Señor lo consoló y san Antonio le preguntó: «¿Dónde estabas? ¿Por qué no apareciste antes para detener los sufrimientos?». Entonces percibió con claridad la respuesta de Jesús: «Antonio, yo estaba aquí».

No se necesitan gestos espectaculares

El Papa aseguró que para vivir las Bienaventuranzas “no se necesitan gestos espectaculares. Miremos a Jesús: no dejó nada escrito, no construyó nada imponente. Y cuando nos dijo cómo hemos de vivir no nos ha pedido que levantemos grandes obras o que nos destaquemos realizando hazañas extraordinarias”. 

“Nos ha pedido – continuó – que llevemos a cabo una sola obra de arte, al alcance de todos: la de nuestra vida. Las Bienaventuranzas son una ruta de vida: no nos exigen acciones sobrehumanas, sino que imitemos a Jesús cada día”. 

“Invitan a tener limpio el corazón, a practicar la mansedumbre y la justicia a pesar de todo, a ser misericordiosos con todos, a vivir la aflicción unidos a Dios. Es la santidad de la vida cotidiana, que no tiene necesidad de milagros ni de signos extraordinarios”. 

El ejemplo de San Francisco 

En el octavo centenario del encuentro entre san Francisco de Asís y el sultán al-Malik al-Kāmil, el Papa, reiteró, «Bienaventurados los mansos» (Mt 5,4). “No es bienaventurado quien agrede o somete, sino quien tiene la actitud de Jesús que nos ha salvado: manso, incluso ante sus acusadores”. 

Citó a san Francisco, cuando da instrucciones a sus hermanos sobre el modo como han de presentarse ante los sarracenos y los no cristianos.

“Escribe: «No entablen litigios ni contiendas, sino que estén sometidos a toda humana criatura por Dios y confiesen que son cristianos» (Regla no bulada, XVI). No entablen litigios ni contiendas y esto vale para los sacerdotes: en ese tiempo, mientras tantos marchaban revestidos de pesadas armaduras, san Francisco recordó que el cristiano va armado solo de su fe humilde y su amor concreto”. 

“Es importante la mansedumbre: si vivimos en el mundo al modo de Dios, nos convertiremos en canales de su presencia; de lo contrario, no daremos frutos”.

Operadores de paz

Sucesivamente, habló de la segunda Bienaventuranza: «Bienaventurados los que trabajan por la paz» (v. 9). “El cristiano promueve la paz, comenzando por la comunidad en la que vive”.

El Papa instó al amor fraterno. “Pido para vosotros la gracia de conservar la paz, la unidad, de haceros cargo los unos de los otros, con esa hermosa fraternidad que hace que no haya cristianos de primera y de segunda clase”. 

Por último, el Papa instó a los cristianos en EAU a ver hacia “Jesús”, que les  “llama bienaventurados, les “da la gracia de seguir siempre adelante sin desanimaros, creciendo en el amor mutuo y en el amor a todos (cf. 1 Ts 3,12)”.  Y dijo al final de la misa: “Por favor, no se olviden de rezar por mí”.

Apenas ayer, el papa Francisco y el gran imán de Al Azhar, Ahmed al Tayeb, firmaron una declaración a favor de la fraternidad y con una fuerte condena del terrorismo y la violencia: “Dios no quiere que su nombre sea usado para aterrorizar a la gente”.

Sally y el Papa

Tras la misa, el Papa se trasladó al aeropuerto de Abu Dhabi para volver a Roma.

A continuación, una última imagen del viaje. Se trata del encuentro especial entre el Papa y una viuda filipina, Sally, que trabajaba en el equipo de la Conferencia Humanidad y Fraternidad clausurada ayer. En el gesto del Papa y en la manifestación de afecto de la mujer migrante que mantiene sola a sus dos hijos, se resume el espíritu de esta jornada y con la cual proponemos cerrar la crónica de la visita en Abu Dhabi, Emiratos Árabes Unidos.

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