¿No estas preparado para donar?

Aún así hay otras 5 maneras como puedes ayudar a Aleteia

  1. Reza por nuestro equipo y por el éxito de nuestra misión
  2. Habla de Aleteia en tu parroquia
  3. Comparte el contenido de Aleteia con tus amigos y tu familia
  4. Desactiva el bloqueo de publicidad cuando nos visites
  5. Suscríbete a nuestra newsletter gratuita y leenos a diario

¡Gracias!
El equipo de Aleteia

Suscríbete

Aleteia

Experimenté a Dios y mi vida cambió

PATRICIO BULICH
Comparte

Un joven comparte una experiencia que le cambió la vida

Era “un joven normal” aunque “bastante desordenado”, relata el chileno Patricio Burich en un video-testimonio (ver al final), vibrante en detalles significativos, sobre cómo fue sorprendido en forma “avasalladora” -cita- por un amor que lo noqueó emocionalmente, desbordando su corazón al punto de cambiar sus creencias y reorientar su vida de forma radical.

En conversación con Portaluz -donde autorizó a incorporar esos contenidos como fuente de este relato-, Patricio nos puntualizó que fue el año 2006, con apenas 17 años, cuando conoció a quien cambiaría del todo su vida…

Era “medio vándalo”

Rememora que por entonces disfrutaba bailar reggaetón, llevando los pantalones a mitad de cadera tal como era “la moda” y tres “aritos”, agrega, en la oreja derecha.

Haciendo un guiño al estilo narrativo y de humor stand up comedy, confidencia: “Yo era un joven normal. Bueno, ahora también soy normal, pero en ese tiempo… Robaba las chapitas de los autos, era medio vándalo; las regalaba para los cumpleaños y así no tenía que gastar dinero. Era muy bueno para las fiestas… Me gustaba mucho tomar una bebida cola con algo más (se refiere a alcohol), a veces con mucho más e incluso a veces, sin bebida cola”.

Los estudios tampoco los tomaba en serio y cuando habitualmente en los exámenes le sorprendían, mirando lo que escribían sus compañeros próximos, para copiarles, solía responder intentando relativizar la importancia del hecho, y con humor.  Pero todo estaba por cambiar.

La fe de una madre

Patricio no era católico y, aunque le resultaba aburrido en extremo, acudía a misa los domingos sólo porque “mi mamá me llevaba obligado”, recuerda.

En uno de esos domingos, a fines de 2006, aburrido como siempre en la misa, se sobresaltó cuando el cura en la prédica exhortó a leer habitualmente la Biblia y para habituarse, que era bueno tenerla cerca, “ojalá en el velador”.

Fue precisamente esta puntualización del sacerdote lo que remeció a Patricio. “¡Guau! -me dije-, qué coincidencia, ¡brígido! (n. del e.: chilenismo, para resaltar que algo se considera impactante).
Yo esa misma semana, ordenando mi dormitorio, había encontrado una Biblia en el estante -obviamente estaba llena de polvo, nunca la había abierto- y de forma inconsciente la había dejado en mi velador”.

La segunda coincidencia

Los siguientes días la Sagrada Escritura permaneció en el mismo lugar y una noche en que no lograba conciliar el sueño, Patricio, quien “nunca leía un libro ni para el colegio” tomó desde el velador la Biblia, la abrió y se topó con la frase: El Señor es mi pastor nada me puede faltar”.

Al domingo siguiente cuando escuchó la misma frase al inicio del Salmo Responsorial, coreada por los fieles durante la misa, no pudo evitar sentir que esto era ya demasiada coincidencia y en su mente exclamó… “¡Guau! ¿cómo es esto? Dos coincidencias en dos semanas, ¿qué está pasando acá?”

Al finalizar la misa aún algo confuso, mientras el sacerdote invitaba a los jóvenes para que asistiesen a un encuentro el viernes siguiente después de misa, su madre no paraba de insistirle en que participara.

“Y yo le respondía: «No mamá, no me voy a quedar. Son puros pernos (n. del e.: chilenismo, para referirse a personas que se considera aburridas), cero mi onda…”.
Pero la madre “insistió tanto” que Patricio, a regañadientes, aceptó ir a esa misa y posterior encuentro de viernes, sólo. Como era de esperar se sintió como pez fuera del agua. “No entendí nada de la reunión. Hablaron de Dios y yo no tenía idea de nada”, recuerda.

Conversión

Dos días después, en la habitual misa del domingo durante la homilía, el sacerdote animó a los fieles a combatir las tentaciones que el demonio puede suscitar para lograr que la persona deje de asistir a misa.
Exhortando no sólo a estar alerta y asistir a la Eucaristía dominical, pidió que “para rematarle en la cabeza al demonio” acudieran a misa también otro día de la semana.

Para Patricio -que por primera vez había ido a misa el viernes y en este domingo- esas palabras del cura le sonaron dichas sólo para él y entonces lo inesperado ocurrió…

“En ese momento -esto siempre me ha costado explicarlo-, yo, experimento a Dios. Me emociono. Y tal como una persona cuando acerca su mano al fuego se quema y experimenta el calor del fuego, yo en mi corazón experimenté un fuego, una alegría, un gozo, un amor que jamás en la vida había experimentado. Y ahí dije: «¡Este eres tú mi Dios, que está ahora en mi corazón!»”.

Esa experiencia a mí me cambió la vida. Yo de repente le decía al Señor: «Oye, cálmate, me vas a matar con tanto amor que siento» ¡Porque es mucho amor! Yo experimenté un amor que no conocía. Ni el amor de los amigos, de los padres; es otro nivel.
¿Cómo tanto amor de Dios por nosotros? ¿Qué hemos hecho para que Dios nos ame de esa manera? ¿Qué hemos hecho?… porque es demasiado.

A menudo no lo vemos, pero somos importantes para Dios, somos preciosos a sus ojos y Él nos ama con locura, nos ama con pasión. Es un amor que te emociona, que te transforma, que te cambia totalmente la vida”.

El 11 de agosto de 2018 en la catedral Metropolitana del arzobispado de Santiago de Chile, tras completar la etapa formativa necesaria en el Seminario Pontificio Mayor, Patricio Burich recibió el orden del diaconado.

Artículo publicado originalmente por Portaluz
Newsletter
Recibe gratis Aleteia.
Los lectores como usted contribuyen a la misión de Aleteia

Desde nuestros inicios en 2012, los lectores de Aleteia han crecido rápidamente en todo el mundo. Nuestro equipo está comprometido con la misión de proporcionar artículos que enriquezcan, inspiren y nutran la vida católica. Por eso queremos que nuestros artículos sean de libre acceso para todos, pero necesitamos su ayuda para hacerlo. El periodismo de calidad tiene un costo (más de lo que la venta de publicidad en Aleteia puede cubrir). Por eso, los lectores como USTED son fundamentales, aunque donen incluso tan poco como 3$ al mes.