Aunque todos somos cristianos, los católicos y los protestantes tenemos grandes diferencias que conviene conocer con respecto a la salvación que Jesús, el Señor, alcanzó para todos en su cruz. Veamos de qué se trata.
1Justificación y salvación
Para los protestantes la salvación está relacionada con la justificación. En cambio los católicos diferencian la justificación de la salvación: asocian la justificación con la primera venida de Cristo.
Cristo, mediante su sacrificio redentor en la cruz, nos obtuvo la justificación, es decir, el perdón de Dios y su favor.
Para los católicos, la salvación en cambio es la obtención definitiva de la vida eterna o, lo que es lo mismo, la entrada en el Reino de Dios:
La asocian sobre todo a un evento futuro, a la segunda venida de Cristo y a la resurrección final de cada uno.
El Apóstol san Pablo distingue la justificación de la salvación cuando dice:
“Con más razón ahora que por su sangre hemos sido justificados, por mediación de Él seremos salvados” (Rm 5,9).
San Pablo refiere la justificación al pasado; ya está realizada puesto que san Pablo ya es cristiano y está en amistad con Dios. La salvación la espera todavía y por eso pone el verbo en futuro: ‘seremos salvados”.
Para salvarnos debemos creer que ya fuimos justificados.
2Fe y obras
“¿Fue por las obras de ley o por aceptar la fe?” (Gal 3, 2 y 5). Los protestantes interpretan que san Pablo enseña que los pecadores son justificados (salvados, según ellos) solo por la fe.
Con la premisa de que solo la fe basta para salvarse, se creen ya salvados, y no consideran determinantes las obras para llegar al cielo.
Los católicos hacen una interpretación distinta. Para ellos las obras que rechaza san Pablo no son todas las del cristiano, en general, sino específicamente "las obras de la ley".
Tanto católicos como protestantes, entienden que san Pablo muestra que la vía judía de la observancia de la ley ha fracasado y no queda otro camino que el de la fe en Cristo.
“La venida de Cristo marca el fin de la ley para, con eso, ofrecer la justificación a todos los que creen” (Rm 10, 4). San Pablo condena la observancia de la Ley Mosaica como medio para obtener la justificación.
Así, los que quieran buscar la justificación mediante la ley están anulando el sacrificio de Cristo porque “si la justicia viene de la ley, entonces Cristo ha muerto inútilmente” (Gal 2, 21). Se pide, pues, fe para aceptar la justificación y luego fe para lograr la salvación.
Los cristianos ya están justificados, pero para los católicos las buenas obras no son para obtener la justificación, sino la salvación.
Son obras que Dios hace en el cristiano puesto que en Él habita el Espíritu de Dios (Col 1, 10; Ef 2, 8-10), necesarias para hacer viva la fe.
Porque para los católicos la salvación es un proceso permanente, no se realiza solo en un momento determinado:
"El que persevere hasta el fin, este será salvo” (Mc 13,13).
Los protestantes creen que solo basta creer en Cristo y aceptarlo como Señor y salvador personal para lograr la salvación. No hay obligación, ya está salvada la persona.
3Purgatorio

Los protestantes no creen que exista el Purgatorio. Como en la Biblia no aparece la palabra "purgatorio", no existe este ‘lugar’ de purificación.
Los católicos consideran en cambio que de la Biblia se desprende esta verdad y el Concilio Vaticano la declaró dogma de fe (LG 49, 50, 51) considerando que es una necesidad de la infinita santidad de Dios que no puede recibir en su Reino a quien no esté debidamente limpio y purificado (Mt 22, 11-13). En la Ciudad Santa (es decir en el cielo) “no podrá entrar nada que esté manchado” (Apocalipsis 21,27).
4Sacramentos
Los protestantes no reconocen la eficacia de los sacramentos, que, según los católicos, fueron instituidos por Jesucristo para la salvación. Un ejemplo de esto es la confesión: los católicos creen que Jesucristo transmitió a sus apóstoles el poder de perdonar los pecados.
5Origen de la Iglesia
Para los protestantes, la Iglesia católica no tiene un origen divino y cada uno puede conocer sin intermediarios qué quiere Jesucristo de Él.
Para los católicos Jesucristo fundó una Iglesia (una, santa, católica y apostólica) y viven en Cristo estando en comunión con ella. Seguir a Jesucristo es respetar su voluntad.
También la Iglesia católica habla, en el Concilio Vaticano II, de:
“Aquellos que, ignorando sin culpa el Evangelio de Cristo y su Iglesia, buscan, no obstante, a Dios con un corazón sincero y se esfuerzan, bajo la influencia de la gracia, en cumplir con obras su voluntad conocida mediante el juicio dela conciencia, pueden alcanzar la salvación eterna” (LG, 16).



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