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¿Cómo es viajar en avión con el Papa Francisco?

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Xavier Le Normand - publicado el 24/01/19 - actualizado el 24/01/19

El papa Francisco aterrizó el 23 de enero de 2019 en Panamá al final del día para participar en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ). Aleteia estuvo presente a bordo de su avión y relata este largo viaje al encuentro de jóvenes del mundo entero.

Cuando el líder de la Iglesia católica se desplaza fuera de Italia, siempre va acompañado de un grupo de unos 70 periodistas del mundo entero, que tienen la oportunidad de vivir el viaje apostólico más cerca del Papa y ver los acontecimientos desde la misma perspectiva que él.

Para este 26.º viaje al extranjero, el destino es Panamá y la JMJ. Como nadie quiere que el papa Francisco esté esperando innecesariamente –como es natural–, los periodistas son convocados en el aeropuerto de Roma cuatro horas antes de la hora prevista de partida, es decir, en torno a las 5h de la mañana. Desde este momento será una constante: para seguir un viaje apostólico hay que levantarse (muy) temprano y esperar mucho tiempo.

Por fortuna, el tráfico camino del aeropuerto es casi inexistente a esa hora, así que no es necesario ir con prisas por la mañana. Una vez el equipaje está facturado, es momento de atravesar los controles de seguridad –sistemáticos en cualquier vuelo con el Papa– y de reunirse con los demás periodistas. A pesar del madrugón, es un momento que siempre está marcado por una cierta euforia, por la alegría de reunirnos todos y vivir juntos estos acontecimientos.

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El cartel muestra el vuelo a panamá.

A las 8h 20 minutos exactamente, es momento de embarcar. La azafata verifica la carta de embarco y la guarda junto con el pasaporte. ¿Será para asegurarse de que no se pierde o para evitar que el periodista les deje plantados en mitad del viaje? Sea como fuere, el periodista no podrá recuperar el documento hasta el momento de embarque para el vuelo de regreso a Roma, en el fin del viaje. A cambio, recibe una identificación acreditativa emitida por los organizadores locales de la visita. Gracias a esta acreditación, es fácil desplazarse por los lugares que recibirán al Soberano Pontífice.

Un cuarto de hora después, todos los periodistas están instalados a bordo. Los cámaras aprovechan para montar sus cámaras en los trípodes y los periodistas de radio conectan sus grabadoras. Durante este rato, los asistentes de vuelo distribuyen el plan de vuelo y el menú. En torno a las 9h30, el papa Francisco sube al avión. Su llegada es muy discreta y los periodistas no se enteran de que está ahí hasta que notan moverse el avión.

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Incluso los asientos del avión llevan el escudo Vaticano.

“Su santidad, queridos miembros de la comitiva pontificia, queridos periodistas…”. El piloto al mando da la bienvenida a sus pasajeros e indica que está listo para partir. Mientras las pantallas transmiten las habituales consignas de seguridad, el aparato acelera por la pista. Al poco, ya ha perdido contacto con el suelo. El Papa ya va camino de Panamá.

Recuerdo a un periodista fallecido

Cuando el Papa está a bordo, a las compañías aéreas les encanta ofrecer su mejor servicio. El vuelo no lleva más de media hora de recorrido cuando se sirve un copioso desayuno que, por cierto, se engulle rápidamente porque al actual jefe de la Iglesia le gusta saludar a los periodistas poco después del despegue. Durante este tiempo, un funcionario del Vaticano hace las pruebas de sonido: “Ensayo, uno, dos, ensayo, uno, dos”.

Hay agitación en la cabina y se abren las cortinas que separan las diferentes clases. Son las 11h y aparece el papa Francisco. Como tiene por costumbre, agradece a los periodistas su labor. Sin embargo, aunque suele explicar en pocas palabras el sentido de su viaje, el Soberano Pontífice prefiere empezar recordando la memoria de un periodista fallecido recientemente, un corresponsal histórico en el Vaticano de la agencia de prensa rusa TASS. Visiblemente apenado, el cabeza de la Iglesia católica invita a los periodistas a recogerse con él en silencio. Tras unos instantes, inicia un Padre Nuestro que la asamblea prosigue junto a él.

Entonces, el sucesor de Pedro toma el micrófono y se lanza en su periplo de saludo a los 70 periodistas. Regalos, oraciones, selfis, charlar un poco: cada uno traía este momento preparado. ¡Hay que decir que es muy raro poder intercambiar con toda libertad algunas palabras con el Pontífice! Ciertamente, aunque uno pueda hablar con libertad, todo el mundo está más atento a las palabras del Papa. Como cuando afirma que viajará a Japón “en noviembre”. O incluso cuando responde bromeando que no está “seguro de estar vivo en febrero” de 2020. En total, los saludos duran casi una hora.

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El Papa circula por el pasillo y conversa con la gente.

Estas declaraciones están lejos de ser anodinas. Entre los periodistas, se acuerda un retraso de una hora antes de publicarlas. En efecto, más que una competición, se vive una cordial atmósfera de cooperación entre la prensa a bordo. Está decidido, estas palabras podrán publicarse a partir de las 13h de Roma. Cada uno se pone manos a la obra a escribir sus artículos y transmitir la información a los colegas que se quedaron en la oficina. Saturada, la débil conexión WiFi suministrada por el avión flaquea ante el gran flujo de conexiones. Habrá que intentarlo una y otra vez para comunicar las noticias.

Una vez conseguida la transmisión, el trabajo todavía no ha terminado. Hay que aprovechar las largas horas de vuelo restantes para preparar los futuros artículos, que se publicarán según se desarrolle la JMJ. El vuelo es también la ocasión de conocer a los demás periodistas, en particular a los que vienen de Panamá y para quienes probablemente se trate del único viaje de su carrera en compañía del Papa. Al poco, se sirve un almuerzo muy por encima de las normas habituales en las compañías aéreas. Durante este rato, algunos siguen peleándose con el WiFi para transmitir las novedades que ya han dado la vuelta al mundo… Mientras tanto, las palabras del papa Francisco sobre su viaje a Japón han sido incluso atemperadas desde el Vaticano: el viaje solamente “se está estudiando”. Un desmentido a medias del todo simbólico, coincidimos a bordo.

Reportajes desde el avión papal

Por muy papal que sea, el trayecto desde Roma hasta Panamá no deja de ser largo. Mientras algunos ven una película en su pantalla personal, otros intentan dormir algunos minutos y otros más se dirigen al fondo del avión, donde les sirven bebidas, bocadillos y dulces. Los periodistas hacen el mismo chiste sobre los viajes papales que los políticos sobre las campañas: hay que aprovechar cada momento disponible para dormir, comer e ir al baño. Y es que, aunque el vuelo es largo, una vez en el destino, será una carrera ininterrumpida hasta el regreso a Roma.

Después de un rato de pausa, se retoma la actividad. Los periodistas de televisión se lanzan en la realización de un reportaje a bordo del avión. Delante de sus cámaras, recorren los pasillos laterales del aparato y recitan su texto sin dejar de sonreír. Una vez, dos veces, tres… conseguir una buena toma a 10.000 metros de altitud es un desafío que requiere muchos intentos.Otros no tienen la suerte de disponer de un colega cámara que les ayude y les grabe, así que se contentan con utilizar su smartphone acoplado al extremo de un palo selfi.

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El Papa sale del avión.

A menos de dos horas de la llegada al aeropuerto de Panamá, los asistentes de vuelo ofrecen una tercera –¡y última!– comida. Aunque la compañía aérea la califica pudorosamente de snack, se trata de una auténtica cena… El tiempo de saborear esta última cena y ya es momento de prepararse para aterrizar en Panamá. Unos le dan una última pincelada a su artículo, otros preparan sus dispositivos fotográficos. El avión sobrevuela el famoso canal y, después de casi 12 horas y media de vuelo, deposita sus ruedas en suelo panameño. El 26.º viaje apostólico del papa Francisco puede comenzar.

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El presidente panameño y su esposa saludan al Papa a la salida del avión.

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