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Mary Poppins (1964): Un paraguas en lugar de escoba

Walt Disney Pictures
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El estreno de la secuela tardía del film de 1964 ha puesto de nuevo de actualidad la película original, una cinta en el fondo desequilibrada pero de cuyos defectos emergen algunas de sus mejores virtudes

¿Es una bruja?
No. Las brujas llevan escoba (Jane y Michael Banks)

A veces es mejor pensar como un niño para entender mejor ciertas cosas. Cuando Mary Poppins se estrenó en 1964 hacía un tiempo que Walt Disney llevaba probando suerte en el terreno de la acción real. Su mayor hito se situaba una década atrás con la cinta de aventuras 20.000 leguas de viaje submarino (1954), pero parecía que la casa del ratón Mickey había perdido su mordiente.

Disney llevaba años tratando de llevar a la gran pantalla la novela de Pamela Lyndon Travers, pero la escritora se negaba a convertir su creación en un elefante volador. De hecho, el quebradero de cabeza de la adaptación dio para tanto que alimentó una reciente película de Hollywood, Al encuentro de Mr. Banks (2013), en donde Tom Hanks interpretaba a Walt Disney y Emma Thompson a P. L. Travers.

Bajo la dulce apariencia de película fantástica en donde todo es posible, en realidad, el film de Robert Stevenson proponía una serie de valores muy propios de la época aunque con ciertos matices que hoy serían muy discutibles (pero bueno, esto es otra cuestión). El padre, un avaricioso y autoritario banquero debería dejar de pensar tanto en el dinero y centrarse más en la familia.

Del mismo modo la madre, tendría que pensar menos en los delirantes derechos de las mujeres de la época (esto es lo que digo yo que sería discutible pero meternos ahora en este berenjenal sería una insensatez más que nada por no extendernos demasiado) para cuidar a sus hijos. De hecho, si padre y madre no se ocuparan tanto en otros menesteres ajenos a su seno familiar, seguramente no se pasarían las semanas buscando una institutriz detrás de otra.

En realidad, Mary Poppins aparece con su singular silueta para poner en evidencia precisamente esto, que el señor George W. Banks y la señora Winnifred Banks no son buenos padres.

Todo lo demás en Mary Poppins no es más que pura fantasía. Es más, la versión de 1964 es diez minutos más larga que la de 2018, lo que no deja de resultar curioso. Mary Poppins, versión antigua, es un film demasiado largo, por divertido y entretenido que sea. El paseo de la institutriz por el cuadro que Bert dibujó en el suelo del parque es técnicamente brillante pero narrativamente vacío, porque no hace avanzar la historia: únicamente se dedica a regodearse en sus singularidades. Que Mary Poppins se codea con lo extraordinario.

La gran virtud de Mary Poppins es que no necesita esforzarse para captar lo verdaderamente maravilloso de la realidad que nos rodea, en realidad, un valor con mucha raigambre católica. Poppins es capaz de ver lo asombroso en lo cotidiano y lo hace de forma natural. No por casualidad, la primera vez que vemos a Mary Poppins la encontramos en el cielo, casi como si fuera un ángel que además de poder ejercer milagros maravillosos es capaz de bañar la realidad de una arrebatadora belleza casi desconcertante, pero sobre todo, es capaz de unir a una familia. Tal vez por esto, Poppins no lleva escoba, sino un paraguas. 

Ficha Técnica

Título original: Mary Poppins (1964)

País: Estados Unidos

Dirección: Robert Stevenson

Guion: Bill Walsh, Don DaGradi (Historia: P.L. Travers)

Música: Richard M. Sherman, Robert B. Sherman

Reparto: Julie Andrews, Dick van Dyke, David Tomlinson, Glynis Johns, Ed Wynn, Hermione Baddeley, Karen Dotrice, Elsa Lanchester, Arthur Treacher, Reginald Owen, Matthew Garber

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