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¿Adónde va Europa sumida en una crisis, agravada por la deriva del bréxit británico?

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Gran preocupación ante las elecciones al Parlamento Europeo y la incertidumbre del bréxit

Mientras no se sabe qué hará Gran Bretaña con el bréxit, en Europa hay tormentas internas no solo en los países importantes, sino también en las mismas instituciones europeas que no acaban de gozar del aplauso de los ciudadanos europeos.

Vamos por partes. El bréxit, la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea (UE), ha encallado en el Parlamento de Londres. Nadie sabe lo que va a pasar. El parlamento le da una derrota histórica a la premier, Theresa May, rechazando su plan para salir de Europa. El plan estaba supernegociado con Bruselas y los expertos de la UE. Europa ha dicho: “Nada se puede reformar”. El plazo de salida de la UE expira a final de marzo. El tiempo aprieta.

Un año y medio de negociaciones, y volvemos a estar en el punto de partida. Pero después de su derrota (los dos tercios de la Cámara de los Comunes de Westminster votaron en contra), May no solo no dimite, sino que al día siguiente gana la moción de censura, porque los suyos, los diputados conservadores, estén o no con el acuerdo sobre el bréxit de May, no quieren perder el poder y dárselo a los laboristas.

Ahora May anuncia un “plan B”, y este plan tiene tres soluciones: renegociar el bréxit, salir de Europa sin acuerdo, o llevar a Gran Bretaña a otro referéndum. El referéndum anterior dividió a los ingleses en dos mitades y abocó al país y a Europa en una parálisis que dura ya desde hace casi dos años. Los británicos no quieren dejar de ser el imperio, y su sentimiento isleño los lleva a enrocarse sobre sí mimos. Ahora no ven clara la salida de  este intrincado laberinto que han organizado ellos.

Mientras tanto, los países europeos se preparan por si llega un bréxit sin acuerdo, que sería lo peor, no solo para los 27 países europeos, sino sobre todo para Gran Bretaña.

Pero los problemas de Europa no se agotan en Gran Bretaña. Europa navega por ríos revueltos. En mayo hay elecciones en toda Europa para elegir a los 750 diputados del Parlamento Europeo. Los gobiernos están nerviosos porque los votos al Parlamento Europeo casi siempre se han utilizado como voto de castigo al gobierno nacional de turno. En el caso actual se teme que los populismos y los nacionalismos exacerbados (francés, alemán, italiano, español, griego, polaco…) consigan un número de escaños suficiente para crear una situación muy complicada para gobernar las instituciones europeas en Bruselas.

Pero es más:

Francia, que un día muy cercano tuvo a Emmanuel Macron como líder indiscutible, ahora hace aguas por la crisis de los “chalecos amarillos” y no sabe por dónde navegar.

Italia está gobernada por los populismos antinmigración y contrarios a las políticas europeas en general.

Grecia mantiene su gobierno por un hilo por el resurgir del ultranacionalismo. El Gobierno –coalición entre la extrema derecha y la extrema izquierda—acaba de conseguir la confianza del Parlamento, por el caso de Macedonia.

Alemania está preocupada por la sucesión de Angela Merkel y por solidez de la coalición entre democristianos y socialdemócratas.

España tiene un gobierno socialista (PSOE) con solo 84 diputados de 350, y con un independentismo periférico (Cataluña y País Vasco) rampante que alimenta el nacionalismo, y con un debate político crispado.

Austria no quiere inmigración y gobierna el populismo de derechas.

Polonia está gobernada por la derecha muy poco europeísta. Hace unos días fue asesinado un alcalde liberal, el alcalde de Danzig, Pawel Adamowicz, durante un evento benéfico.

Hungría hace los posibles para ganar a Polonia en saltarse las reglas de la Unión Europea, con un fuerte nacionalismo en el poder.

En los Balcanes (sureste de Europa) siguen las tensiones con la crisis entre Serbia y Kosovo.

A todo eso, hay que añadir que el Consejo de Europa (que reúne a todos los jefes de Estado y de Gobierno de los países miembros) tiene como presidente de turno a Rumanía, un país ex comunista, el más corrupto de Europa.

En el norte, Suecia tiene un gobierno socialdemócrata gracias a los votos (o mejor la abstención) del partido comunista de extrema izquierda y no faltan tensiones en este nuevo gobierno.

Si a esto sumamos que el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, se desentiende cada vez más de la defensa de Europa y quiere salirse de la NATO, y que Rusia hace todo lo posible para desunir Europa, al igual que Israel, tenemos un panorama europeo con un futuro muy complicado.

¿A dónde va Europa? Es el fin de la alternancia o coalición entre democristianos y socialdemócratas. ¿Por qué? Porque los políticos contemporáneos se han alejado de los principios fundacionales de Europa y de su misma identidad histórica.

Lo dijo el papa Francisco cuando recibió el Premio Carlomagno de Europa, precisamente por ser la “voz de la conciencia” del continente europeo. El Papa, en un duro discurso dijo ante las autoridades de la Unión Europea: Europa se está “alejando del clarividente proyecto diseñado por los padres fundadores”. “¿Qué te ha sucedido, Europa humanista, defensora de los derechos humanos, de la democracia y de la libertad?”. Y luego desgranó sus sueños: “Sueño una Europa que se hace cargo del niño, que, como un hermano, socorre al pobre y a los que vienen en busca de acogida, porque ya no tienen nada y piden refugio. Sueño una Europa, donde ser emigrante no sea un delito, sino una invitación a un mayor compromiso con la dignidad de todo ser humano”. Y también dijo soñar “una Europa que promueva y proteja los derechos de cada uno, sin olvidar los deberes para con todos. Sueño una Europa de la cual no se pueda decir que su compromiso por los derechos humanos ha sido su última utopía”.

Ya Juan Pablo II lamentó profundamente que la Constitución de Europa ignorara el cristianismo, cuando no se puede desconocer la aportación de este a lo largo de toda la historia europea.

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