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¿Pides perdón a tu hijo cuando te equivocas?

PARENTING
Zodiacphoto - Shutterstock
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¿O eres de los que piensan que reconocer tus propios fallos es un signo de debilidad ?

Son muchas las normas sobre educación que, de tanto repetirse, son consideradas verdades absolutas irrefutables. Son muchos los padres que consideran que pedir perdón a los hijos es un error porque sería un signo de flaqueza. Creen que un padre ha de ser un modelo de comportamiento para sus hijos y que jamás debería mostrarse débil. Reconocer un error, arrepentirse y pedir disculpas sería imposible para ellos.

A muchos a lo largo de toda su vida les han dicho que los padres no pueden pedir perdón a los hijos porque si lo hacen les estarán mostrando que pueden equivocarse y perderán toda su credibilidad. Consideran que ya no podrán corregir a los hijos, al demostrar que no son infalibles.

Esta visión genera un problema educativo pues muestra a los hijos una imagen falsa de los padres. Como buscan que los hijos tengan mejores oportunidades que los padres, les enseñamos solo aquello que queremos que vean de su personalidad. Pero esto no puede ser positivo porque no corresponde con la realidad. Así no se puede ser sinceros con los hijos porque se omite una parte importante de la condición humana, la que yerra. Después les diremos que equivocarse también es humano y no nos comprenderán. 

Pero es así. Es importante reconocer y mostrar a los niños que un ser humano también tiene malos momentos. Momentos en los que llora al darse cuenta de que se ha equivocada; momentos en los que sufre por culpa de estos errores; momentos de arrepentimiento;  y momentos en los que buscará la manera de hallar soluciones a esos problemas generados por culpa de sus equivocaciones para seguir adelante.

Un ser humano también se equivoca porque nadie es perfecto y es importante reconocerlo. De hecho, equivocarse no es siempre un signo de flaqueza, sino a menudo la muestra de que estamos avanzando: nadie ha logrado nunca nada importante sin haberse caído antes.

Por esto mismo tenemos que mostrarnos tal y como somos. Tenemos que poder reír delante de nuestros hijos y tenemos que poder llorar también delante de ellos, porque así sabrán que es normal sentir alegría y que es normal sentir tristeza. ¿Acaso no queremos que nuestros hijos nos expliquen qué les aflige cuando tienen un problema? Pues tienen que sentir que es posible sentirse mal y que pueden mostrarse a los demás en ese estado y hablar de ello.

 Para ello es importante mantener con ellos una conversación sincera en las que les expresemos nuestras emociones y dejemos de buscar excusas obsesionados en mostrar una imagen perfecta y falsa de uno mismo.

Entonces, ¿podemos pedirles perdón?

  • Pedir perdón es reconocer, con humildad y sinceridad, que los adultos, que los padres, también nos equivocamos. Que no somos infalibles y que a veces actuamos incluso en contra de nuestros principios.
  • Pedir perdón es la mejor manera de reconocer el error y de, en cierto modo, tratar de subsanarlo. No es una debilidad confesa, es una enseñanza porque así nuestros hijos sabrán que ellos también se van a equivocar, no una, sino muchas veces, y que lo correcto, lo que les dignifica, es saber reconocerlo, ser capaces de pedir perdón y buscar la manera de solucionar el daño.
  • Pedir perdón es pues una manera de tener empatía con nuestros hijos y de enseñarles también a tolerar la frustración.

El valor del ejemplo

Lo importante no es lo que les digamos, sino lo que hagamos, cómo nos comportemos y cómo nos relacionemos con ellos. Si queremos tener hijos capaces de reconocer cuándo se han equivocado y lo suficientemente valientes como para pedir perdón, debemos nosotros ser un ejemplo en ese sentido y tenemos que pedirles perdón cuando consideremos que podríamos haberlo hecho mejor.

Si queremos tener hijos capaces de buscar soluciones cuando se han equivocado, tenemos que demostrarles que nosotros también decimos eso de “lo siento, me he equivocado, ¿qué puedo hacer para solucionarlo?”.

Si queremos niños que sean libres de sentir, que no se avergüencen de sus sentimientos, que sean capaces de reír y de llorar y que nos expliquen cómo se sienten (tanto en nuestra relación con ellos como en su relación con otras personas), tenemos que mostrarnos tal y como somos, imperfectos, humanos, sensibles y comunicativos (y si no somos así, tratar de serlo).

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