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Frente al muro de la vergüenza, la caridad

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Guillermo Arias / AFP
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Trump sigue empeñado en construir el muro y la hermana Norma Pimentel le muestra que todos somos la misma familia humana

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El estribillo de campaña que coreaban los millones de simpatizantes de Donald Trump, “Build that Wall” (“Construyan ese Muro”) se ha convertido, dice el periodista mexicano afincado en Florida, Jorge Ramos, en “una metáfora”: la metáfora del gobierno del propio Trump.

Visita a la frontera

Esta semana, en términos de construcción del muro fronterizo en la línea que separa a Estados Unidos de México, ha tenido un protagonismo extraordinario en la visita que hiciera el presidente Trump a la región del Valle del Río Grande (el Río Bravo), situada entre McAllen, Texas y el Estado mexicano de Tamaulipas.

El trasfondo de la visita era (es) el cierre parcial del gobierno federal estadounidense, el pulso que sostiene Trump contra la mayoría demócrata en la Cámara de Representantes y la posibilidad de declarar –por parte del presidente Trump—estado de “emergencia nacional” y desbloquear el presupuesto para construir una parte del muro.

En cuanto al cierre parcial del gobierno federal, hay 800.000 empleados federales que, simplemente, no han recibido su paga; la mitad se encuentra en su casa, sin goce de sueldo y la otra mitad, considerada estratégica, está trabajando sin cobrar. Se trata del cierre de gobierno más largo en la historia moderna de Estados Unidos (23 días hasta este domingo).

El tema del diferendo con la Cámara de Representantes y su presidenta, la demócrata Nancy Pelosi así como el líder demócrata del Senado, Chuck Shumer es la propuesta de Trump de obtener 5.700 millones de dólares para construir 376 kilómetros más del muro divisorio (ya hay construido por las administraciones de Bush padre, Clinton y Bush hijo, 1.130 kilómetros de vallas) en partes estratégicas.

Pelosi y los demócratas han dicho que no, que es un desperdicio de dinero y que eso no va a detener el flujo de inmigrantes ilegales que entran por tierra a Estados Unidos. Trump, en represalia, mantiene el gobierno parcialmente cerrado y ha dicho que puede ser esto por tiempo indefinido. Ambas partes no han movido un ápice sus posiciones, pensando no en otra cosa sino en las elecciones de 2020.

La declaratoria de “emergencia nacional” podría ser la salida que encontrara el gobierno de Trump para obtener los 5.700 millones de dólares por una vía diferente a la aceptación del Congreso de su planteamiento. De paso, destrabaría las funciones del gobierno federal, pero mandaría un mensaje muy fuerte a sus bases electorales, pero muy débil al resto de la Unión Americana y del mundo: finalmente, sería interpretado como un capricho.

La visita que hizo Trump el jueves a McAllen fue calificada como un “montaje” por los demócratas, mientras que los republicanos coincidieron con el presidente que un muro “de acero o de concreto” es la solución a la “sangre derramada” de miles de estadounidenses, víctimas de la pandillas, en especial, dijo el mandatario estadounidense, de la M-13. Además de los cientos de terroristas que aprovechan la debilidad de la frontera sur de Estados Unidos, para atentar en contra de la nación.

Visita a Cáritas

Atendiendo a una carta abierta de la directora ejecutiva de Cáritas del Valle del Río Grande (en Estados Unidos, Caridades Católicas), la hermana Norma Pimentel, el presidente Trump examinó brevemente el trabajo que lleva a cabo el centro de refugiados administrado por esta organización católica en el sur de Texas.

Su visita al Centro de Ayuda Humanitaria en McAllen el jueves, se produjo menos de un día después de que la hermana Norma Pimentel le diera la bienvenida al presidente a la frontera y lo invitara, a través de una carta abierta en The Washington Post, a comprobar el trabajo del personal y los voluntarios que asisten a personas de toda América Central y que buscan asilo en el Estados Unidos.

El presidente también se unió a una mesa redonda sobre la situación que enfrentan los migrantes y quienes los atienden durante su visita al centro. Ahí comprobó lo que la hermana Pimentel, cuyo Centro trabaja desde 2014, le decía en la carta abierta: que los que llegan ahí son personas y que se les asiste como personas, independientemente de dónde vienen y si tienen o no documentación legal.

La mayoría vienen de El Salvador, Guatemala y Honduras y se dirigieron hacia el norte para huir de la violencia y la pobreza en su país de origen. La hermana Pimentel dijo que el centro, que ofrece refugio, comidas y duchas a las personas que fueron liberadas después de ser detenidas por las autoridades cuando cruzaron a los Estados Unidos, ha recibido a más de 100,000 personas desde su apertura.

En algunos días llegan tan solo 20 personas, escribió, y agregó: “Otros días se acercan a 300”. En su carta, la hermana Pimentel invitó al presidente a ver cómo el centro coopera con los agentes de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos, para garantizar que se satisfagan las necesidades de los recién llegados.

“Trabajamos estrechamente con el Sector de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos en el Valle del Río Grande, y nuestro equipo ha cultivado una cultura de respeto mutuo y diálogo”, escribió la hermana Pimentel, miembro de las Misioneras de Jesús.

“Nuestro personal del Centro, en comunicación con la Patrulla Fronteriza, se prepara para recibir a los grupos de inmigrantes que han sido liberados. Tratamos de satisfacer la necesidad”, escribió en The Washington Post. Y agregó algo que el presidente ha sacado de su narrativa:

“Somos testigos diariamente de que, trabajando juntos, las personas de todas las religiones pueden enfocarse en ayudar a la persona que está frente a nosotros. Independientemente de quién somos y de dónde venimos, seguimos siendo parte de la familia humana y estamos llamados a vivir en solidaridad con los demás”.

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