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La muerte no es el final ni deshace los vínculos familiares

FAMILY MEMORIES
Patat - Shutterstock
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Siempre hemos de honrar a nuestros padres. También cuando hayan dejado este mundo

En el consultorio fue necesario proporcionar un pañuelo para que quien hablaba, se enjugara constantemente las lágrimas mientras desahogaba su problema.

— Todas las navidades, especialmente durante la celebración de los Reyes magos, siento una gran tristeza y me deprimo. No puedo dejar de recordar lo mal que estaban las relaciones con mis padres cuando estos murieron. Por ello he endurecido mi corazón al tratar de borrarlos de mi memoria. No he podido aceptar que, a pesar de sus defectos y errores, me quisieron realmente.

La vida me ha tratado bien y soy muy feliztanto con mi esposo como con mis hijos a los que he tratado de dar una buena formación. Antes de Navidad, me sorprendieron al pedirme visitar las tumbas de sus abuelos y rezar por ellos. Apenas los conocieron y ni siquiera les he enseñado a honraren algo su recuerdo.

Por ello, siento que se aparecen en mi vida, no como los fantasmas de los que había huido, sino como personas que aún viven y me hablan a través de mis hijos.

— Bien. – le propuse – Contésteme entonces usted a una pregunta: ¿Si usted debiera una importante cantidad de dinero y su acreedor estuviera dispuesto a meterla a la cárcel, qué piensa que harían sus hijos si tuvieran ese dinero?

¡Oh, no dudo que pagarían por mí, sin pensarlo! Ellos me aman y jamás me abandonarían.

— Entonces conteste con un o un NO  a las siguientes preguntas. Para ello, tómese su tiempo y ponga en sus respuestas toda su mente y corazón. Estas preguntas son:

  • ¿Reconoce que la vida es el don más preciado? ¿De esa manera ha traído a la vida generosamente a sus hijos? 
  • ¿Es capaz de recordar las atenciones que recibió de niña para satisfacer sus necesidades básicas? 
  • ¿Recuerda las atenciones recibidas también durante su crecimiento y desarrollo? ¿Contó con el apoyo de sus padres, aun cuando éste estuviera condicionado a su esfuerzo para que pudiera así estudiar y salir adelante? 
  • ¿Puede reconocer que su presente tiene necesariamente conexión con los hechos anteriores?
  • ¿Puede entender que sus padres, quizá, no tuvieron las oportunidades y formación de sus familias de origen que les ayudaran a superarse?
  • ¿Es posible que hayan crecido con carencias afectivas que no supieron superar?

En segunda entrevista la consultante me dijo que había llorado muchísimo al enfrentar la verdad, y desde el fondo de su alma a todas las preguntas había contestado con un .

—Tiene razón —le expliqué— cuando percibe que sus padres aún viven, ya que las personas somos una unidad de cuerpo y alma, y cuando las personas mueren esta unidad se rompe de tal forma que solo el cuerpo muere, mas no así el alma, por los que las personas son capaces de llevarse a otra dimensión su inteligencia, voluntad y sentimientos.

Es por eso que se debe honrar a los padres no solo en vida terrenal, sino también cuando  dejan este mundo. Y honrarlos es amarlos más allá de toda circunstancia vivida.

Significa que el parentesco sigue vivo, por lo que los vínculos siempre pueden ser reparados y avivados por el amor mientras vivimos, dándole  un rico sentido humano y espiritual a la genealogía de la que formamos parte.

¿Qué tus padres cometieron errores dejando una deuda sin saldar?  Bien… pero como la muerte no es capaz de deshacer los vínculos familiares, luego ellos siguen siendo tus padres y tú sigues siendo su hija, algo tan real como que tú y yo nos encontramos conversando. Siendo así, al igual que se comportarían tus hijos en el hipotético caso de tu deuda, tú realmente puedes pagar y saldar las deudas de tus padres, liberando tu propia alma y la de ellos. 

¿Cómo? Ofreciendo por ellos tus propios méritos y dificultades mientras vivas, y de esa manera no solo saldas las cuentas que ellos al partir hayan dejado sin resolver, sino que actualizas además ante Dios, el tesoro de los méritos que seguramente sus padres tuvieron al partir.

La consultante enjugó lo que seguramente fueron de sus últimas lágrimas de dolor por esa faceta de su vida, habiendo encontrado el cómo recuperar a sus padres, así como enriquecer afectivamente a su familia.

El amor humano trasciende las barreras de la muerte a través de una genealogía viva y operante en nuestras vidas, proporcionando una fuerte identidad, un sentido de pertenencia y la vivencia del amor  de quienes nos antecedieron, compartiendo no solo la misma sangre sino también unos valores que son orgullo y sustento de una sana y equilibrada personalidad.  

Por Orfa Astorga de Lira

Consúltanos en: consultorio@aleteia.org 

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