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5 mejores alternativas a las típicas resoluciones de Año Nuevo

NEW YEAR
Olena Yakobchuk- Shutterstock
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Y que esta vez sí podrás cumplirlas

Cada año que comienza es como una especie de brisa que llega para llenarte de positivismo y animarte a proponer cambios en tu vida, pero seamos sinceros, así como llega, muchas veces esa brisa pasa como aire ligero y a veces ni comenzamos aquello que nos propusimos o la algarabía nos dura demasiado poco y volvemos al ciclo de cada diciembre decir: “este año así”. Entonces, ¿por qué no mejor cambiar el plan?

1. Evalúa el año pasado

Es importante que recuerdes lo bueno y lo malo que te hizo llegar hasta donde estás ahora, pero viéndolo desde el aprendizaje. Analiza cada aspecto de tu vida (tus relaciones personales, tu salud, tu trabajo, finanzas, espiritualidad, etc.) y ve cómo se pueden estar relacionando o influyendo el uno al otro. Una vez hecho esto, puedes buscar una palabra que te ayude a resumir lo que quieres lograr en el 2019.

Puede ser, por ejemplo, “concretar” si crees que algo que te pasó el año pasado fue que tuviste muchas ideas, tanto en lo personal como en lo profesional, pero nunca las llevaste a cabo por inseguridad o desmotivación. Como es una sola palabra, será fácil recordarla en distintas ocasiones e, incluso, puedes escribirla en un post it y pegarla en un lugar especial que creas que te haga falta tenerla siempre presente.  

2. Estudia las personas que te rodean

A veces sólo nos enfocamos en cosas que queremos lograr sin tomar en cuenta nuestro entorno social que puede ser tan influyente. Identifica quiénes son las personas que te motivan y quiénes pueden ser tóxicas para ti. ¿Quién te hace reír? ¿Quién te da buenos consejos? ¿Quién saca tu mejor versión o te pone siempre de buen ánimo? Con estas personas es la que debes buscar siempre el tiempo para reunirte, tomarte un café, llamar cuando sientas que quieres rendirte, etc.

Pero además, no sólo lo hagas por ti. Algo que tienen las resoluciones es que usualmente solemos enfocarlas solo en nosotros mismos. El cambio de este año puede ser también en pensar en ayudar a un amigo o familiar que lo requiera, unirse al voluntariado de una fundación o donar un porcentaje de tus ingresos a alguna causa noble. Son cosas que algunos podrían pensar que no se relaciona con tus metas, pero te harán crecer como persona y eso siempre será, indirectamente, de ayuda para tu salud emocional que es la que te permite insistir y persistir en lo que te propongas.

3. Expresa gratitud

El estrés, la negatividad y el drama son obstáculos para lograr cualquier meta que te propongas. Una manera de combatirlos es empezar el año agradeciendo las cosas buenas que hay en tu vida o, incluso, llevar un pequeño diario (hay uno llamado The Five Minute Journal pero también lo puedes hacer tú mismo en cualquier cuaderno) donde escribas por qué estás agradecido ese día al despertar y alguna cosa buena que te haya pasado al final de la jornada. 

También expresa gratitud hacia ti mismo. En vez de enfocarte en lo que tienes que cambiar (que está bien que lo identifiques, pero sin castigarte por eso), pon atención a tus virtudes y cómo las puedes aprovechar para lograr tus objetivos. Es un “pequeño” cambio de mentalidad que te dará la motivación necesaria para hacer esos ajustes pero de forma gradual y desde lo positivo. Sólo una persona con gratitud puede mantener una visión y completarla. 

4. Enfócate más en el proceso y la intención que en el resultado

A veces es uno de los mayores problemas es que nos proponemos metas genéricas pero sin un plan estratégico. Es más importante organizarse, ser constante, aprender a disfrutar del proceso, valorar los esfuerzos y asumir que pueden haber fracasos pero con la certeza que se trata de un camino (aunque sea más largo de lo que esperábamos) que nos llevará al sitio que queremos llegar o hasta a uno mejor. Un caso típico es decir: “Este año voy a rebajarme 15 kilos”. Es mejor ir paso a paso y con metas a corto plazo a las que les puedas hacer seguimiento. Por ejemplo, en enero me propongo ejercitarme tres veces a la semana y tomar más agua; en febrero voy a reducir mis comidas fuera de casa a sólo dos al mes; y así sucesivamente,

5. Acéptate

Parece irónico, pero el que quieras cambiar ciertos aspectos de tu vida, no significa que te tengas que menospreciar u olvidar aquello con lo que estás satisfecho o contento. Las resoluciones a veces nos pueden poner más presiones y hasta llenarnos de más frustraciones y no es la idea. Cada algunos meses o semanas, toma un tiempo para ti para reflexionar sobre lo bueno y lo malo. Puede ser una escapada a la montaña o a la playa, un retiro espiritual, sentarte solo bajo la sombra de un árbol un par de minutos, etc.

Ya el hecho de que identificaste y tomaste la decisión de mejorar ciertos aspectos en tu vida es muy positivo, ahora sólo planifica estratégicamente cómo lograrlo y disfruta del proceso, la experiencia y los logros que vayas alcanzando en el trayecto con todas tus virtudes y defectos. Al final, se trata de cómo te quieres sentir, lo que quieres lograr y cómo eso puede influir también positivamente a quienes te rodean. ¡Esta vez sí será diferente!

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