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Papaya o lechosa, la fruta que recibe el Año Nuevo

PAPAYA

Paulo Vilela - Shutterstock

Macky Arenas - publicado el 01/01/19

La papaya es una fruta saludable que en Venezuela adquiere hasta una connotación política

Así como hay un famoso dicho de los estadounidenses «una manzana al día mantiene al médico lejos», nosotros en Latinoamérica podríamos decir lo mismo si cada día se ingiere un trozo de lechosa.

La lechosa, también llamada papaya en algunos lugares de América Latina, es una fruta de propiedades sorprendentes que no todos conocen. Puede llegar a ser tan dulce que cuando haces jugo apostarías a que le agregaron azúcar. Es un producto humilde, sin pretensiones y mucho más barata que otras frutas. Pero al revisar sus beneficios se aprende a tenerle respeto y a consumirla con frecuencia.

Sus usos son múltiples. Se come cruda, madura, con semillas, se aprovecha la cáscara, sus raicillas, se bebe en batidos, se presta para dulcería variada e igualmente se consume deshidratada.

Si sufres del estómago o tienes problemas de digestión, acuda a la lechosa. Si la carne que preparas está dura, no inventes otra cosa: envuélvela en la concha de esta prodigiosa fruta y obtendrás una carne tan suave que no lo creerás.

En Venezuela, desde hace tantos años como lleva la crisis andando, la gente vaticina cosas buenas gracias al dulce de lechosa. Cada vez que se hacen votos por cambios políticos favorables, la frase coletilla es: “Este año sí nos comeremos el dulce de lechosa!”. La fruta se relaciona con todo lo sano y las razones sobran. Tiene un potencial fabuloso, curiosamente desconocido por muchos. Para los venezolanos, resume nuestra identidad tanto como la hallaca.

Posee dos poderosas sustancias: la papaína y la carpaína. La primera es una enzima que tenemos de forma natural en nuestros jugos gástricos que ayuda a digerir las proteínas y a evacuar durante la digestión, lo que evita la acidez y la acumulación de toxinas y la convierte en un potente antiinflamatorio.

Nuestra papaya destaca por ser rica en vitamina C (tiene diez veces más que la naranja y cinco veces más que el kiwi), su color anaranjado es gracias a la gran cantidad de betacarotenos, antioxidantes, fibra, calcio, potasio, magnesio, vitaminas A, E, B1, B6, folatos, tiamina, riboflavina y niacina.

Recomiendan que “consumir la milagrosa lechosa con sus semillas, cáscara, pulpa y hojas es maravilloso, gracias a sus propiedades y beneficios en el organismo, porque refuerza el sistema inmunológico, protege los riñones de problemas de insuficiencia renal, es un excelente antiparasitario intestinal, en cirrosis hepática funciona como tratamiento alternativo, cuida el sistema digestivo, tiene propiedades antibacterianas y antiinflamatorias, reduce la fiebre, quema grasa, ayuda a tener una piel sana y hermosa, incluso sirve como analgésico y le da energía a quien la consume”.

Como si fuera poco, acelera las cicatrizaciones externas e internas como las úlceras gástricas, alivia problemas de hemorroides, protege el corazón, limpia las grasas en las arterias, actúa contra la vejez prematura, previene la degeneración visual y la formación de cataratas, tiene propiedades curativas en casos de ictericia, palidez, diabetes, asma, tos proveniente de los pulmones y tisis pulmonar.

Después de los platos fuertes, sobre todo en estas épocas de fiestas, no podemos olvidarnos del broche de oro de una buena mesa: el postre. Y nada más adecuado que el dulce de lechosa. Bien hecho es, sencillamente, manjar de dioses.

Una insigne cultora de este manjar aconseja seguir el procedimiento de su abuela: “Mi abuela materna corta la lechosa y la deja al sol unas horas antes de prepararla, luego comienza un proceso largo de cocción que termina en dulces y delgadas rebanadas de lechosa suave y cristalizada que se guardan en un envase de vidrio. Cuando llega la hora del postre, hay visita en casa, llega la merienda o alguien tiene antojos de dulce, entonces mi abuela sirve en bellos platos su dulce preparación”.

De acuerdo con la primera receta que registra datos sobre su elaboración en el año 1861, del libro “El agricultor venezolano”, su autor J.A Díaz explica que se debe despojar a la fruta de su película exterior, sancocharla y ya preparado el melao, a punto de sirope o jarabe sencillo, sumergir en él las tajadas de la fruta que terminan de cocerse cuando estén penetradas por el dulce.

Aquí va la receta:

Ingredientes

• 1 lechosa/papaya de dos kilos y medio más o menos

• 3 litros de agua

• 1/2 cucharada de bicarbonato

• 12 tazas de papelón rallado de la panela clara

• 5 tazas de azúcar

• 8 clavos de especia

• 3 1/2 litros de agua

Preparación

Pelar y cortar la lechosa en lonjitas de 1/2 centímetro de espeso más o menos. Puedes tenderla al sol de la mañana durante unas horas antes de cocinarla.

Colocar en una olla, llevar a un hervor. Cocinar tapado durante cinco minutos, retirar del fuego pasar por un colador de pasta. Bañar con agua bien fría directamente del grifo.

Colocar en la olla el papelón, el azúcar, los clavos y el agua para hacer el almíbar. Dejarlo cocinar en la olla destapada durante 15 minutos.

Pasar la lechosa a otra olla grande y colocar sobre ella el colador de pasta. Poner dentro un liencillo. Pasar a través de él el almíbar y dejarlo caer en la olla que contiene la lechosa. Ahora poner la olla en el fuego y cocínala durante aproximadamente una hora y media. Sabrás que el almíbar está a punto cuando las gotas caigan lentamente de una cuchara de madera, formando un hilito.

Retira la olla del fuego, deja enfriar y mételo en la nevera. Tapa la dulcera con papel de plástico.

Y un dato interesante para nosotras las féminas:

Mascarilla hidratante y reafirmante para la piel

(endurece el busto y la papada)

Ingredientes:

• ½ pepino

• 5 gr de lechosa

• 8 gr de pulpa de cambur

• 10 gr de mango sin cáscara

Preparación:

1. Cortar la lechosa, el mango y el cambur en láminas delgadas y pequeñas.

2. Rallar el pepino y añadirlo a las otras frutas.

3. Dejarlas macerar durante 1 o 2 horas.

4. Untarlas sobre la cara y el cuello y dejarlas reposar durante ½ hora.

5. Retirarlas con agua templada.-

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