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Betty, la colombiana que conserva más de 600 pesebres en su casa

MANGUER
Cortesía Betty García
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En su casa de Ibagué, Betty García Ramírez guarda como un tesoro belenes de diferentes tamaños, colores, texturas y orígenes

Haga click aquí para abrir el carrusel fotográfico

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Una de las tradiciones más arraigadas en la familia de Betty García Ramírez ha sido la elaboración o armado del pesebre para celebrar el Nacimiento del Niño Jesús. Hoy, esa costumbre transmitidas por sus padres, está reflejada en una hermosa colección de más de 600 nacimientos que guarda con extremo cuidado.

Los primeros fueron dos pesebres que le regalaron hace muchos años, cuando era integrante del Comité Artesanal del Tolima. “En ese momento vi que era una cosa muy linda, muy tradicional, y desde entonces empecé a tener más y más”, recuerda Betty en entrevista con Aleteia.

De su colección de nacimientos, casi 400 permanecen exhibidos todo el año en una estantería que ocupa un lugar preferencial de su casa, en Ibagué, capital del céntrico departamento del Tolima. Los demás, son desempacados todos los diciembres para completar esta muestra exclusiva que es admirada por muchos. Es tan grande la fama de los pesebres de la señorita Betty —como le dicen sus amigos— que su residencia se ha convertido en lugar de visita de conocidos, familiares y hasta turistas que cuando llegan a Ibagué en las navidades, pasan a conocer la colección que ocupa todos los rincones de la casa.

Ver las fotos del pesebre aquí:

 

 

Los primeros recuerdos de belenes los tiene desde muy niña: “Mi mamá nos hacía un pesebre muy grande y en los años que tengo, nunca hemos dejado de hacerlo para rezar la Novena de Aguinaldos junto a él”. Sin embargo, lamenta que esta tradición haya cambiado porque “antes organizábamos la novena para los niños en el barrio, pero se agrandó tanto que no pudimos continuar haciéndola”.

También ha permanecido intacta la costumbre familiar de preparar comidas especiales, sobre todo con su hermana mayor. “A ella le gusta hacer la natilla de verdad, la que se revuelve a mano y también los buñuelos, el asado y el relleno, así como lo hacía mi mamá”, evoca con emoción mientras escucha en el fondo el villancico Tutaina, un canto español muy popular en Colombia.

 

Betty, que se empezó su colección en 1988, tiene pesebres de diferentes materiales, texturas, colores, tamaños y calidades. En las vitrinas, mesas, repisas y estantes, tiene sus múltiples versiones de la Sagrada Familia y a los demás personajes del nacimiento hechos en madera, cerámica, plata, porcelana, acrílico, ágata, cristal, cajitas de fósforos, papel, palma de cera, huevos de codorniz y hasta en una pequeña fruta llamada mamoncillo.

También posee nacimientos de diversas nacionalidades pues en cada viaje, lo primero que Betty compra, es una nueva pieza para su envidiable colección. En Perú —país que le llama la atención porque allí elaboran hermosos pesebres— compró una elaborado en una piedra llamada huamanga. Una de sus piezas favoritas, hecha en concha de nácar, la encontró en Israel y otra, por su valor religioso y sentimental, es de cristal y la halló en el Vaticano donde fue bendecida en una Navidad por el papa Benedicto XVI.

Muchas son artesanías colombianas, entre ellas una hecha en barro en el poblado de La Chamba (Tolima) y que le gusta mucho por ser de su región y porque las figuras se asemejan en sus proporciones a las del famoso escultor colombiano Fernando Botero.

Todos sus pesebres, comprados o regalados por amigos y parientes, tienen un mérito especial y cuando alguno se le ha averiado, busca la forma de arreglar “hasta el último pedacito” porque —sostiene—su colección “¡es muy, muy hermosa y porque a ella y a la gente que la visita les gusta tanto!”.

Una bendición divina

Contar con tantas imágenes del nacimiento del Niño Jesús es una bendición más de Dios, reitera Betty. Esta mujer cálida y alegre, vinculada desde siempre a los más importantes eventos culturales de una ciudad como Ibagué, famosa por sus festivales de música folclórica, la devoción y la fe expresadas en tantos pesebres, han tenido como recompensa una buena salud y una familia muy unida.

Además, afirma que coleccionar pastores, reyes, ovejas, camellos, ángeles, además del Niño, María y José, le ha servido para unir más a su familia. “¿Qué mejor que poder reunirnos en Navidad y darle gracias a Dios por todo lo que nos ha dado? Somos poquitos, dos hermanas, un hermano y cinco sobrinos, pero muy unidos”, recalca con emoción.

 

La coleccionista de Ibagué no solo siente gusto por sus figuritas. Para ella, armar el pesebre o exhibir de nuevo sus figuritas guardadas con tanto esmero en papel celofán durante un año, le produce “una gran paz y mucha tranquilidad”. Su mensaje es claro: “Dios nos transfiere todo eso a través de lo que estamos haciendo para bien de todos. Yo creo que la gente está empezando a reconocer que Navidad es familia y, sobre todo, recogimiento. Y el pesebre representa para mí, a la familia en unión con Dios”.

Elaborar y exhibir portales, pesebres, nacimientos o belenes es una antiquísima tradición colombiana que llegó al país con los primeros conquistadores españoles. Durante diciembre, casi todas las casas, centros comerciales, negocios, entidades gubernamentales y negocios particulares, “arman” pesebres de diferentes tamaños. Algunos son básicos —la Sagrada Familia, los Reyes Magos, la mula y el buey—, pero otros son de tamaños colosales, tienen movimiento propio, son modernos o se diseñan con motivos típicos, muy colombianos. Incluso, los hay en vivo, por lo general en parroquias y comunidades barriales.

Junto al pesebre colombiano, también es tradicional rezar la popular Novena de Aguinaldos de la hermana Maria Ignacia y cantar viejos y nuevos villancicos como Zagalillos y El burrito sabanero.

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