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El Camino de los Españoles, la ruta por donde los conquistadores subían a Caracas

CAMINO DE LOS ESPAÑOLES
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18 kilómetros de misterios y leyendas por El Avila cargado de fortines abandonados

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Decimos que “subían” a Caracas pues los galeones llegaban al mar y desde allí debían acceder al inmenso valle que luego sería la capital, por un camino difícil aunque de imponente vista, que les permitía salvar la distancia a través de la gran cordillera que la separa de las azules aguas del Caribe. Hoy, nadie toma ese camino pero la historia lo reivindica por el misterio y la tranquilidad que lo envuelve.

“Escondido entre la vegetación, se distingue un hilo irregular en las faldas occidentales del cerro El Ávila. Sin mayores contratiempos, el Camino de los Españoles es un retiro rural a metros de distancia de la caótica capital venezolana, que a pesar de acumular historia patria se sume en el olvido mientras sus habitantes disfrutan de condiciones privilegiadas”, así comienza su narración Andrea Tosta, como todos los caraqueños, hechizados por el emblemático cerro.

El Camino de los Españoles, como su nombre lo señala, es el camino a través del cual los conquistadores españoles llegaron desde la Guaira al Valle de Santiago de León Caracas. Se utilizó durante siglos como la única vía de comunicación entre el puerto y la ciudad. Recibe muchos nombres como por ejemplo ‘Camino a Caracas’, ‘Camino a la Mar’, ‘Camino al Puerto de San Pedro de la Guaira’, ‘Camino Real’ o ‘Camino Viejo’.

El camino fue ordenado en mayo de 1589, por el Gobernador y Capitán General de la Provincia de Venezuela y fundador del puerto de La Guaira, don Diego de Osorio y Villegas. Se trata de uno de los lugares con mayor potencial turístico de Venezuela, pues a su gran belleza hay que sumarle la historia que rezuman sus 18 kilómetros. “Si no fuera por la procesión de la Virgen de Lourdes, este camino ya se hubiera perdido”, dice Antonio Pereira, quien organiza la procesión que cada 11 de febrero atraviesa este camino desde hace más de 130 años.

 

CAMINO DE LOS ESPAÑOLES
Ferdinand Bellermann

 

Desde la Puerta de Caracas, una entrada al cerro desde la tradicional parroquia La Pastora –al norte de la capital-, comienza la subida al secreto mejor guardado del Ávila: El Camino de los Españoles. De fondo, tiene atardeceres inigualables y una calma casi siempre imperturbable.

“El Camino de los Españoles, conocido como Camino Real o de los Marinos, y sus cinco fortalezas –prosigue Tosta-  brindan una vista privilegiada de la capital, del Mar Caribe y del estado Vargas. Desde el mirador José Martí –creado en 1985 y ubicado antes de llegar a las zonas pobladas- se divisan las consecuencias arquitectónicas del acelerado crecimiento urbano caraqueño”. Impresionante la vista desde lo alto, que permite divisar Caracas y , a la vez, con solo girar la cabeza, el inmenso mar.

Pequeñas capillas a lo largo del camino sirven, aún hoy, de paradas para las procesiones que se realizan anualmente desde la población de La Pastora al oeste de la ciudad, una de las más tradicionales.

Es una travesía llena de misterio ya que la tradición se ha ocupado de transmitir leyendas de espantos y aparecidos que tienen a los gruesos muros de los vetustos fortines como sus principales testigos.

Juliana Broesner relata: “El Camino de los Españoles fue también el camino de los exploradores y fue alabado por Alejandro de Humboldt quien lo colocó entre los más importantes de sus exploraciones por las regiones equinocciales. Ello habla, por supuesto de su flora selvática y de su fauna salvaje y semi salvaje que incluye venados, serpientes, arañas y pequeños tigres o cunaguaros”.

Unas 350 familias han vivido al borde de su ruta por generaciones  y configuran unas de las pocas zonas pobladas que acompañan los largos kilómetros de camino. Son gente sencilla y trabajadora, pero privilegiados pues  disfrutan del retiro en el que se sienten afortunados de hallarse, donde brota agua de manantial y el servicio eléctrico se recibe sin racionamiento ni cortes, cosa que el resto del país sufre y extraña. Uno de ellos  afirma: “Me quedo por la tranquilidad. Esto es una maravilla. Acá no se dan los robos ni los secuestros que se escuchan abajo”.

Bajan a trabajar y comprar insumos pero mayormente viven de la agricultura y, a pesar de la distancia,  no se cambian por ninguno de “allá abajo”, manera en que se refieren a los comunes mortales que lidiamos con los tormentosos azares de la gran ciudad.

El paisaje es asombroso a lo largo de todo el camino y serpentea por el oeste del cerro El Ávila, suelo sagrado para los venezolanos. Desde 1590 fue la conexión de la ciudad con la civilización por la que, además de los conquistadores, transitaron los héroes de la independencia criolla. Incluso los restos de Simón Bolívar, procedentes de Colombia, cruzaron la vía con la única carreta registrada en 1842, cuando sus exequias serían realizadas en la Catedral de Caracas para ser trasladadas posteriormente al Panteón Nacional.

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Hasta ciertos límites el camino, cuyo empedrado original fue instalado entre 1756 y 1804, puede ser recorrido en cuatro y dos ruedas; también hay trayectos duros en los que se aventuran a pie excursionistas y escaladores.  “Era una vía bien fortificada, a fin de preservarse, en caso de ataque, de algún enemigo”, explican los expertos.

Cinco puntos de vigilancia eran centinelas de La Guaira, el mayor puerto del país: el fortín de San Joaquín de La Cuchilla, la Atalaya o fortín del medio, el fortín del salto del indio o del agua, además de dos puntos vigías: el castillo negro –que recibe su nombre por sus paredes pintadas con carbón- y el castillo blanco. A finales de los 80, el renombrado arquitecto Graziano Gasparini dirigió la reconstrucción del fortín de San Joaquín de La Cuchilla: una cubierta del perímetro con baldosas rojizas, muchas actualmente destruidas, que choca con la rústica y colonial pared de piedra que se erige sobre los bordes de la estructura. Sin embargo, el abandono del proyecto llegó primero que los retoques a todos los fortines.

No todo el mundo sabe que, de los cinco, permanecen solo sus ruinas. Se atisban los suelos aún delimitados de las estructuras ya desaparecidas, con paredes incompletas y piedras enterradas en los suelos del cerro. Ofrece vistas de Caracas y Vargas. Puntos como Las Adjuntas, el Hotel Humboldt, Ciudad Caribia, el puerto de Maiquetía y el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar son claramente identificables desde esas fortalezas ubicadas a más de mil metros sobre el nivel del mar. Una doble vista que impacta por su exuberancia y majestuosidad.

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