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¿Tengo que ser un buen hijo si no he recibido amor de mis padres?

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Didesign021 - Shutterstock
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Una persona cuya infancia estuvo marcada por enormes carencias afectivas acude a nuestro consultorio con esta cuestión que afecta a su conciencia.

Hemos recibido una consulta en el consultorio de una persona cuya infancia estuvo marcada por enormes carencias afectivas. Tenía claro que ahora que está casada la ayuda mutua y amor de su matrimonio debe cobijar con su calor no solo a los hijos, sino también a los demás familiares. Sin embargo, vivía alejada de sus padres, que aun vivían, aunque estaba al pendiente de sus necesidades materiales y de salud.

Ella confesaba lo siguiente mientras consultaba sobre una cuestión que afectaba a su conciencia:

– Jamás recibí un beso o un abrazo, solo viví frialdad y distanciamiento. Por ello, tuve que superar esas carencias construyendo mi seguridad y autoestima a través de aciertos y errores que me hicieron sufrir mucho hasta que aprendí a llevar correctamente la dirección de mi vida… Pero estuve a punto de no lograrlo.

Fue así porqué durante largos años y trabajando duro, viví replegada sobre mí misma en un mundo que me decía: “Te quiero si eres guapa, inteligente y gozas de buena salud. Te quiero si tienes una buena educación, un buen trabajo y buenos contactos. Te quiero si produces mucho, si vendes mucho y si compras mucho”. Mas llegó el momento de liberarme de esos condicionamientos para lograr mi propia identidad. Y logré así un feliz matrimonio.

Ahora, mi esposo me pide que busque a mis padres ancianos y enfermos, que los acepte en mi vida y le de unos abuelos a nuestros hijos, ya que los padres de él han muerto. Lo he escuchado con renuncia pensando en cosas como: ¿Por qué ahora he de sufrir por ellos? ¿Por qué debo entender y asimilar que me necesitan afectivamente? ¿Cómo darles lo que no me dieron?

Siendo así… ¿Qué es lo que no he aprendido, y a decir verdad, qué quita la paz a mi conciencia?

Sé que, a pesar de mis pesares, lo justo es que debo intentar darles unos abuelos a mis hijos pero ¿cómo? 

Sin exponerle mayores razones sobre el deber ser del amor filial, le hice entonces una pregunta y sugerencia. “Antes de comenzar propiamente una terapia y a propósito de que la Navidad se acerca, ¿crees poder hacer una visita a tus padres y convivir a solas con ellos por un día? Más aun… ¿Podrías hacerlo de corazón, tratando de darles lo que sientes no haber recibido?”

Me contestó que sí con la duda dibujada en el rostro. Y entonces le dije que a su regreso trabajaríamos para que su consciencia pueda seguir los dictados de tu corazón.

Segunda sesión: La experiencia.

Se presentó con la serenidad de quien recién descubre su capacidad para sanar sus heridas, y admitiendo sentimientos imposibles de describir. Esto es lo que me detalló:

– Mis padres me recibieron con sorpresa y seriedad, más poco a poco ante mi amable actitud fueron manifestando alegría. En las paredes cuelgan aun fotos de mi niñez y juventud, entre diplomas y algunas cosas que llegué a obsequiarles.  Por momentos me veían fijamente como deseando leer en el fondo de mi alma, sin quejas, ni reclamos. Discurrieron unas horas charlando y contando anécdotas familiares con referencia a mi persona como un ayer muy cercano, mientras preguntaban con gran interés por todo lo mío.

Cuando les enseñé las fotos que les llevaba de sus nietos, las  tomaron con temblorosas manos y vieron largamente con húmedo brillo en los ojos. Al momento de despedirme por primera vez vi lágrimas en los ojos de mi madre y a mi padre consolarla. No pude más y los arropé en un íntimo abrazo que correspondieron. 

Desde una nueva perspectiva abordamos una terapia por la cual reafirmamos algunas lecciones de vida en la vivencia del amor filial, tales como:

  • Los padres siempre nos alegramos con el cariño de nuestros hijos, así como nos dolerá su desamor.
  • Las necesidades afectivas de los hijos coinciden en mucho con la de los padres.  
  • El amor exige reciprocidad, podemos amar a quien no nos ama, pero entonces no es posible establecer una relación de amor.
  • El amor nos hace vulnerables, pero es el mejor camino para ser felices.
  • No hay nada que mueva tanto a amar, como el pensamiento por parte de la persona amada, de que aquel que la ama, desea en gran manera verse correspondido.
  • Las necesidades de un ser querido espolean nuestra generosidad más allá de lo material.
  • Existe la indigencia en el amor.
  • De nada sirve que nos quieran si no nos dejamos querer.
  • Podemos conocer la diferencia entre el dolor o el gozo que nuestra forma de amar produce.
  • El amor se rescata, sana y crece: al no juzgar, comprender, aceptar, perdonar.

Realmente su mejor terapia comenzó por su deseo de unir su conciencia con su corazón, en el decidido propósito de volver a sus padres, acogiéndolos desde el fondo de su ser.

Finalmente, con una brillante sonrisa me dijo que en Navidad tenía preparado el mejor regalo para sus padres, su esposo y sobre todo para sus hijos: recibir a los abuelos en su casa para pasar las fiestas juntos por primera vez.

Por Orfa Astorga de L. 

Consúltanos en consultorio@aleteia.org 

   

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