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Llanto por la muerte de Jakelin Caal Maqui

JAKELIN AMAI CAAL
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La imagen del abandono de los niños migrantes de Centroamérica

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La pobreza, la corrupción, la desesperación y el abandono de los niños migrantes de Centroamérica hacia Estados Unidos tiene ya un nombre insignia, un doloroso nombre insignia: Jakelin Caal Maquin.

La última foto que se tiene de esta pequeñita de rasgos mayas y de 7 años de edad, es un monumento a la inocencia. Con un pantalón vaquero, tenis de color rosa y una camiseta con moño azul, Jakelin mira a la cámara del celular con una expresión de melancolía e inocencia.

Toda la enorme inocencia de una pequeña guatemalteca, con fondo de selva centroamericana, que fue a entregar su vida en la fría habitación de un hospital en el árido Texas, tras llegar, casi muerta a la estación de detención de inmigrantes de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos situada en Lordsburg, Nuevo México.

Era el lunes 7 de diciembre. Jakelin y su padre, Nery Gilberto Caal, habían sido detenidos por elementos de la Aduana y la Patrulla Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés) nada más cruzar la frontera de México con Estados Unidos, en el puerto de entrada de Antelope Wells, en Nuevo México.

Fueron conducidos a Lordsburg a 90 minutos de distancia, con Jakelin enferma, sin respirar ya nada. De ese lugar la trasladaron en ambulancia aérea al Providence Children’s Hospital de El Paso, Texas, donde, finalmente, falleció por causas que aún no se determinan.

Debido a la extrema pobreza en que vive su familia, Caal se dirigió a Estados Unidos, se llevó a Jakelin con él y dejó atrás al resto de sus seres queridos. El padre y la hija viajaron aproximadamente una semana antes de llegar a la frontera de Nuevo México con un grupo de migrantes, la noche del 6 de diciembre, tres días después de su séptimo cumpleaños.

No viajaron en alguna de las caravanas de migrantes, sino lo hicieron –como más de 300.000 centroamericanos cada año—sorteando los peligros de México, pagando el viaje, muchas veces a los coyotes, durmiendo en estaciones de autobuses, viviendo un viaje dantesco.

Los abogados que se encargan del caso, Enrique Moreno y Elena Esparza, si bien reconocen que el padre de la pequeñita no tiene quejas sobre cómo fue tratada, también han dicho que solicitaron una investigación que «evaluará este incidente dentro de los estándares reconocidos a nivel nacional para el arresto y la custodia de los niños”.

Con el Q’eqchi’, un idioma maya usado en Guatemala, y el español como su segundo idioma, Caal ha contado apenas su historia a los medios. Muchos especularon que Jakelin no había tenido comida ni agua en su trayecto dentro de Estados Unidos, pero sus abogados dijeron a CNN que eso no fue así.

Sea como haya sido, lo cierto es que Jakelin ha regresado a Guatemala sola, su pequeño cuerpo embalsamado, pues su padre –por estar detenido—no pudo asistir a su entierro.

Su madre, Claudia Maquin, y sus tres hermanos de la comunidad maya Q’eqchi’ de Raxruhá en la región de Alta Verapaz de Guatemala la recibieron, ya sin su pantaloncito azul de mezclilla, sus tenis rosas y su camisa con un moño azul. La melancolía seguía en su rostro.

Ella –como el pequeño Aylan Kurdi, que apareció ahogado en las playas de Turquía el 2 de septiembre de 2015 —son las víctimas silenciosas, aterradoras, dolorosísimas, de un mundo cada vez más alejado del amor y cada día más cercano al infierno.

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