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¿Que tengo que cambiar para que haya más felicidad?

SWEET
By gmstockstudio | Shutterstock
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Para ser alegre, de entrada cambiar la mirada

¿Qué tengo que hacer para cambiar de vida, para mejorar, para ser feliz? ¿Qué tengo que hacer para alcanzar la vida eterna?

A menudo vierten sobre mí esa misma pregunta. Buscan recetas, o caminos de esperanza, o respuestas a preguntas eternas.

A mí no me gusta vivir dando consejos. Pensando lo que a otros les conviene hacer. Como si tuviera yo un recetario para la vida.

Esa pregunta brota en el corazón de cada uno. ¿Qué tengo que hacer?, me pregunto a mí mismo. Yo mismo quiero encontrar la respuesta para mí. Aunque no tenga la respuesta para todos.

Convertirse significa cambiar de vida, de hábitos. Dejar de hacer el mal, y comenzar a hacer el bien en su lugar.

Cambiar exige dejar de mirar la vida como antes. Para ser alegre, cambio la mirada. Sé que pierdo la alegría por cosas sin importancia. Mi mirada es estrecha, autorreferente.

Me agobio cuando no coincide lo que deseo con lo que tengo. La insatisfacción me llena de frustración. No soy capaz de ser feliz a contracorriente. Dejando de sentir como todos sienten.

Sueño con una felicidad que es más profunda, que viene de dentro. Necesito la conversión del corazón, radicalidad de vida. Un cambio profundo.

Me gustaría cambiar de golpe. Me cuesta dar ese paso. Lo intento. ¿Qué tengo que hacer?, le pregunto a Jesús camino a Belén. ¿Qué tengo que dejar al borde del camino? ¿Qué tengo que cambiar para ser feliz, para hacer que la vida de otros sea más feliz?

A menudo me obsesiono queriendo estar yo bien. Veo lo que me falta, lo que necesito. Pienso en mí, sólo en mí. En lo que me falta para ser feliz.

Y se me olvida que el cambio de mirada es lo que cambia todo. ¿Qué tengo que cambiar para que otros sean más felices? Dejo de pensar en mí. En mi necesidad, en mis gustos, en mis placeres.

Pienso en no hacer el mal. Pero sobre todo en hacer el bien. Crecer en generosidad, en amabilidad.

Me acerco a mi prójimo que camina conmigo en este Adviento. Aquel que está a mi lado. Busco hacer felices a los que están conmigo.

Eso supone un cambio. Me intereso por ellos, por sus vidas. Pienso en lo que necesitan. ¿Qué tengo que hacer?

La vida no consiste simplemente en no hacer el mal. Hay que hacer el bien. Hay que amar. No sólo consiste en no caer en el odio.

El amor es concreto. ¿Qué quieres que haga por ti? El amor son obras, no buenas razones. Amar desde dentro, con mi vida, con mi entrega, con mis gestos, con mi tiempo.

Me gusta Juan que escucha y responde desde Dios. Aconseja y muestra una forma de vivir. Quiero vivir de tal manera que mis actos sean testimonio de Jesús hecho carne. Que no me haga falta hablar. Que sin palabras mis obras sean Palabra de Jesús.

¡Qué lejos estoy del cielo! Creo que pienso mucho en mí, en lo que necesito para ser feliz, en lo que me falta y me deja inquieto y triste.

¿De dónde viene esa tristeza que tengo? Del miedo. Soy un convencido. Si dejara de vivir con miedo sería más feliz.

¿Qué tengo que hacer para no tener miedo? Me pongo en camino. Es mucho lo que hay por delante. Mucho lo que me queda por hacer.

Me da miedo cambiar mis hábitos, mis costumbres. Tengo miedo de preguntar, no vaya a ser que me exijan demasiado. Tal vez me he habituado a la estabilidad y cualquier novedad me da miedo.

En una película le decían al protagonista: “Lo tuyo es publicidad engañosa. Hablas de que te gustan la aventura y la novedad. Pero lo que realmente amas es la estabilidad y los recuerdos”.

Me autoengaño. Digo que quiero el riesgo de lo nuevo. La aventura de la inseguridad. Pero no es así. Me asusta cualquier cambio de mis rutinas. Me da miedo perder los espacios seguros en los que me creo feliz.

Quiero dejar de controlarlo todo. Es tan difícil. Pretendo asegurar el mañana. Quiero seguir igual, como hasta ahora, hasta el cielo. ¿No tengo nada que cambiar?

Sí, tengo mucho que mejorar en mi corazón. Pero me resisto. Mis cadenas y seguros. Mis miedos al cambio y a perder. Mis mentiras convertidas en hábitos. Mis egoísmos que me intentan proteger.

Y los miedos que se entrelazan como enredadera al tronco de mi alma. Y las nubes que ocultan la sonrisa detrás de tristezas reconocidas.

Puedo cambiar. Puedo hacer más cosas. Para que otros sean felices. Para que así yo mismo sea más feliz.

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