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La sonrisa del Papa

POPE FRANCIS
Antoine Mekary | ALETEIA | I.Media
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La experiencia de celebrar las bodas de oro matrimoniales con Francisco

Haga click aquí para abrir el carrusel fotográfico

Cuando a primeros de año nos planteamos dónde celebrar nuestras Bodas de Oro (los 50 años de matrimonio) mis hijos no lo dudaron: ¡Roma!, dijeron.

¿Por qué? Cuatro de nuestros ocho hijos habían nacido en Roma cuando era corresponsal de una agencia de noticias española. Siempre hemos guardado muchos recuerdos de Roma y mucho cariño por la Ciudad Eterna. Roma, por tanto, era el destino.

Fuimos este diciembre con nuestros hijos (los nietos los dejamos en casa, todos menos uno, el último, de tres meses).

Llegamos a Roma el miércoles por la noche, y me acordé de la canción “Quanto più bella Roma a prima sera”.

Al día siguiente teníamos la cita en Santa Marta para asistir a la Santa Misa con el papa Francisco. Era el gran acontecimiento del viaje. Es una lástima que mis hijos no pudieran asistir. Éramos demasiados (15 en total), nos dijeron.

La misa es a la siete de la mañana. Nos levantamos el jueves a las cinco y media, para estar a las seis y media a la entrada del Vaticano por la puerta del Santo Ufficio.

No había amanecido cuando entramos hacia Santa Marta. Caía una muy fina lluvia (¿Ves? Teníamos que haber llevado el paraguas como te dije, comentó mi esposa).

Fuimos los primeros en llegar y nos situamos en primera fila. Rezamos por la Iglesia y por el Papa. Estábamos en el epicentro de la Iglesia católica, de la cristiandad.

Arriba, en el fondo estaba escrito en los lados de un ángulo agudo que sustituye a la tradicional bóveda: “Veni Sancte Spiritus et reple tuorum corda fidelium(Ven Espíritu Santo y llena los corazones de tus fieles).

El papa Francisco se asomó revestido a la puerta de la Sacristía. Color morado. Es Adviento, aunque era la fiesta de san Nicolás de Bari, el auténtico “Santa Klaus”.

El Papa celebró la Santa Misa con gran atención y recogimiento. Me di especial cuenta. La homilía la desgranó, comentado el Evangelio, como muy preparado.

Es una homilía -la de Santa Marta- que da la vuelta al mundo todos los días. El Papa no puede improvisar. Me contaron después que estas homilías son meditadas por el papa Francisco en su oración personal previa a la Santa Misa.

Al terminar la misa, a la que asistieron unos 15 sacerdotes concelebrantes y otros tantos laicos, el Papa saludó a todos.

“El Papa, como Obispo de Roma, no quiere desaprovechar ese contacto directo y diario con los fieles”, me comentó un alto dignatario de la Curia poco después.

Mi esposa y yo nos acercamos a saludar al Papa. Inmediatamente le vimos una persona muy cercana, como si lo hubiéramos conocido desde hacía tiempo. Con su sotana blanca, de tela sencilla, su cabeza ladeada, nos saludó.

Le contamos algunas cosas familiares. Siendo yo periodista, le comenté que intento ser riguroso en mi trabajo profesional; sin embargo, los que dicen mentiras y son sensacionalistas tienen más éxito que yo. Él asintió, pero me animó a seguir el camino de la verdad y no el de la mentira.

Al despedirnos, nos tendió la mano, y vi que nos acariciaba con su mirada. Pero lo que me quedó grabado, es el momento en que el Papa, cuando ya nos íbamos, se volvió y nos dedicó una sonrisa.

Había visto al Papa cientos de veces, sobre todo en los medios de comunicación, por televisión, por fotografías y en la plaza…

Nunca había captado esa ternura que tenía su sonrisa. La cercanía física, el contacto personal directo, cambia muchas cosas.

Era el papa Francisco, en vivo, que nos transmitía ese afecto, esa sonrisa, que no era la sonrisa de un hombre que saluda con cortesía.

Era la de un hombre lleno de Dios que nos sonreía con cariño de padre: es el Vicecristo en la Tierra, como lo llamaba santa Catalina de Siena.

Con su mirada y con su sonrisa nos llamaba a ser fieles, más fieles a Dios, a la Iglesia, al Papa. Como en la homilía nos había hablado contra los “enchufes” e influencias que usa mucha gente, nosotros desobedecimos y le pedimos que rezara por nuestra familia, él que tiene línea directa con el cielo.

Después de nosotros, recibió las cartas credenciales de la nueva embajadora de España ante la Santa Sede.

Más tarde recibió a un grupo numeroso de religiosos mercedarios al cumplirse los 800 años de la fundación de su orden y con los que se prodigó con muestras de afecto.

Después despachó con el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Por la tarde continuó recibiendo a responsables de otros órganos de gobierno de la Santa Sede.

Pero ¿cuándo descansa el Papa? El día 17 de diciembre, dentro de pocos días, cumple 82 años ¡No lo parece! Tiene un vigor fuera de lo normal.

Comentamos el hecho a un cardenal de la Curia al que nos une una amistad antigua: “È un miracolo” (es un milagro) nos dijo sin pensar.

Los hombres muy metidos en Dios piensan muy poco en sí mismos y Dios les da esta fuerza. Además, dijo, si Dios no se lo ha llevado es que lo necesita aquí entre nosotros para dirigir la Iglesia.

 

¡Feliz cumpleaños Santo Padre!

 

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