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Beneficios sorprendentes de decorar tu oficina en el trabajo

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Que abunden las plantas, los colores y la luz natural. Los necesitas más de lo que crees

La mayoría de los cubículos u oficinas son bastante sobrios y minimalistas (hola, hileras de fluorescentes, paredes color beis inofensivo y alfombras grises). Sin embargo, hay estudios que han demostrado que una decoración anodina conlleva un rendimiento anodino. Las personas necesitan abundante luz natural, decoraciones coloridas, mobiliario razonablemente cómodo y un poco de privacidad.

Unos pocos y pequeños ajustes pueden añadir un toque de gracia y belleza al entorno laboral. Pero, por encima de todo, pueden beneficiar a tu estado de ánimo y tu salud mental e incluso aumentar tu productividad.

Sigue leyendo para descubrir cuatro ajustes pequeños que harán que en tu oficina te sientas más como en casa… aunque nunca sea realmente un hogar.

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1. Añade plantas de oficina

No es necesario que te desboques y dejes volar tus fantasías jardineras. Unos pocos arreglos vegetales en tu escritorio –o si tienes una oficina entera, una planta o un árbol en su tiesto– pueden suponer una gran diferencia para tu felicidad y productividad.

Un estudio de la Universidad de Exeter descubrió que traer plantas a la oficina puede aumentar la productividad. Según parece los trabajadores eran un “15% más productivos” cuando había plantas en la oficina. (¿Quién lo iba a decir?). Teniendo solamente una planta por metro cuadrado mejoraba la memoria y el rendimiento del empleado en pruebas básicas.

Nuestra mente también se beneficia. Un estudio de 2010 de la Universidad Tecnológica de Sídney encontró unos resultados espectaculares al introducir plantas en un entorno de oficina, con un registro de un 37% menos de tensión y ansiedad; un descenso del 58% en depresión o abatimiento; una caída del 44% en enfado u hostilidad y un 38% menos de fatiga.

Las plantas también pueden reducir la cantidad de días de baja por enfermedad: un estudio de los años 1990 de la Universidad de Noruega descubrió que introducir plantas en una oficina reducía los síntomas de una salud frágil un 25%.

¿Conclusión? ¡Pon de inmediato una planta en tu oficina!

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YAKOBCHUK VIACHESLAV - Shutterstock

2. Añade toques de color

Quizás creamos que somos unos seres muy cerebrales que podemos operar sin vernos afectados por nuestro entorno ni por la belleza o sosería que nos rodee, pero la realidad es otra. Somos seres corpóreos que necesitamos color, belleza y luz para ser felices.

Un estudio de la Universidad de Texas descubrió que el gris, el beis y el blanco de las oficinas causaban sentimientos de depresión y tristeza, en especial en las mujeres; otros estudios mostraron igualmente que los colores incrementan nuestras sensación de felicidad y nuestra productividad.

La teoría del color es un ámbito de estudio fascinante: su premisa básica es que los colores pueden ser activos, pasivos o neutrales en la forma en que afectan a nuestro ánimo. El rojo nos llena de energía; el amarillo es estimulante y optimista (pero no debe usarse en diseños como color principal; según parece, demasiado amarillo puede ser enervante); el azul calma y relaja, aunque el azul oscuro puede ser depresivo; el verde descansa la visión y puede aliviar el estrés. El morado claro también puede ser relajado, mientras que el naranja enciende el entusiasmo y la emoción (por eso se usa con frecuencia en gimnasios o salas de entrenamiento). El negro evoca sofisticación y el plata se relaciona con una sensación de innovación tecnológica.

Probablemente no vayas a pintar las paredes de tu oficina en un futuro próximo, pero quizás quieras añadir unos acentos decorativos con algunos de estos colores para dar algo de vida a un espacio insulso. Escoge colores que hagan cantar a tu corazón, incluso en pequeñas dosis, como en marcos de cuadros o en la alfombrilla del ratón.

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3. Mejora tu sistema organizativo

Siempre es divertido navegar por sitios web para frikis del orden como Container Store o fantasear con ser algún día una de esas personas súper organizadas que de verdad saben dónde guardan todos los documentos de cada etapa de su vida. Sin embargo, si eres de naturaleza desorganizada, plantéate la idea de buscar un sistema de organización mejor para tu entorno de trabajo.

Quizás creas que acumular cosas a tu alrededor es parte de tu personalidad, pero probablemente te impide desarrollarte de maneras que ni siquiera imaginas. Estudios de psicología han descubierto que el desorden es una fuente de estrés y ansiedad y que puede contribuir a un sentimiento general de agobio, de atraso y de pérdida de control.

El desorden también se asocia con una alimentación poco sana, una peor salud mental y un pensamiento menos eficiente. Así que… sí, el orden es importante.

Conseguir un mínimo nivel de organización en la oficina no tiene por qué ser como encontrar el Santo Grial. Simplemente afronta las cosas de una en una. Primero consigue una carpeta para los papeles que normalmente se te apilan. Luego una taza para tus bolígrafos y lápices. Después un cuaderno donde anotar todas las cosas que tienes que hacer. Y así, poco a poco.

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4. Incluye unos toques de familia y de fe

Personalizar tu espacio de trabajo también puede implicar traer algunas fotografías de tus seres queridos y quizás un símbolo de tu fe.

Kimberly Elsbach, profesora de comportamiento organizativo en la UC Davis Graduate School of Management, explicó que cuando se permite personalizar el espacio laboral con fotografías y recuerdos, los trabajadores trabajan mejor en equipo. Básicamente, no queremos sentirnos como abejas obreras impersonales y anónimas. Sabemos que no somos solo empleados, sino madres, hermanos, amigos, hijas… Nuestra vida real no se define por lo productivos que somos o por cuánto contribuimos a los objetivos de la empresa, sino por las relaciones de nuestras vidas. Las fotografías, aunque sean solo unas pocas fotos enmarcadas o un par de fotos tamaño carnet pegadas en la parte de abajo del monitor del ordenador, nos ayudan a recordar eso.

En resumidas cuentas, la decoración de la oficina no es una actividad superficial, sino una que fundamentalmente humaniza al trabajador. Decoramos no solo para añadir toques de encanto a un espacio, sino para que ese espacio refleje el hecho de que es una persona –y no una abeja obrera– la que ocupa ese puesto.

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