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Cómo educar a tus hijos para que no quieran autolesionarse

SELF HARM
Kertu - Shutterstock
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Algunos adolescentes se aíslan y se encierran en una espiral que conduce a decisiones terribles. Como padres, ¿se puede prever el peligro?

Las autolesiones crecen entre la población juvenil. “Es un fenómeno que va en aumento”, declaró recientemente Marc Ferrer, psiquiatra del Hospital Vall d’Hebron y asesor del CPB (Centre Psicoteràpia Barcelona Serveis Salut Mental).

La autolesión es el daño físico que se provoca alguien contra sí mismo y que puede llegar a ocasionar la muerte.

Dado que el problema abunda cada vez más, se trata de buscar la raíz del asunto y ver qué instrumentos son útiles para prevenirlo o minimizar los daños.

Una autolesión no implica necesariamente que exista una enfermedad mental, porque puede deberse a que el joven llama la atención porque no conoce otra forma de manifestarse o pedir ayuda. Ni siquiera se conoce lo suficiente como para saber qué trascendencia tienen los actos que se le pasan por la cabeza.

Pero sí sabemos que la mayor parte de las veces hay un problema de conducta en relación con las emociones. Ahí, en ese problema, es donde los padres y educadores pueden ayudar a sanar al adolescente o joven antes de que sea demasiado tarde. La tarea educativa en valores es fundamental, igual que el apoyo del sector sanitario.

Es importante conocer el entorno de nuestros hijos

Para prevenir las autolesiones, antes debemos conocer el circuito en que se desenvuelven: quiénes son sus amigos, sus artistas favoritos, sus líderes… Los adolescentes son muy vulnerables y tienden a imitar a las personas que admiran. Este puede ser un deportista, un actor o un político.

Pero hay que conocer muy bien lo que pasa por la cabeza de un joven cuando en una de las series que más impacto ha tenido entre los chicos de su edad, “Por trece razones”, el suicidio es el foco.

El doctor Ferrer afirma que los adolescentes son proclives a imitar conductas, pero al mismo tiempo, al probar con una autolesión comprueban que es doloroso o incluso ya desechan directamente la idea por temor. Se alejan de algo que intuyen que es peligroso.

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Sin embargo, existe un grupo de riesgo que da valor de evasión a la práctica de autolesionarse. Llaman la atención y eso les alivia, como a otros les alivian el alcohol o las drogas.

Por ejemplo, una autolesión puede consistir en hacerse sangre para escribir una frase en la pared del baño del instituto. Así, todos (alumnos y profesores) se enteran de lo sucedido y de la versión del que se ha herido: se siente despechado, acusa a una chica de traición, no se siente correspondido, busca pelea con otro…

Las autolesiones a veces forman parte de los pasos de entrada en una tribu urbana. Al candidato se le pide que haga una “heroicidad” que demuestre lo que es capaz de hacer por el grupo.

Las redes sociales son en ocasiones potenciadores de ansiedad. En pocos minutos alguien publica una imagen y quiere recibir likes. Si no alcanza el éxito deseado o la respuesta de los seguidores es abiertamente negativa, esto puede provocar un tsunami de sentimientos.

Qué hacer como padres

Como padres, es importante saber que la adolescencia no es fácil de afrontar pero son muchos los que educan bien a sus hijos. Sin embargo, el doctor Ferrer apunta que cuando un muchacho se ha autolesionado, la situación es muy delicada. ¿Qué hacer entonces? Lo primero, tratarlo con mucho cariño y ser consciente de que quien peor lo está pasando es él.

¿Cómo podemos darnos cuenta de que estamos ante un joven en riesgo? Una de las señales de alarma es el aislamiento:

  1. No desea ir a clase.
  2. Se encierra en su habitación y si se le pregunta se pone a la defensiva.

Estas actitudes se parecen a las de cualquier adolescente, pero en su caso, veremos que hay un fuerte sentido de soledad.

Cómo actuar ante un hijo que esté en peligro

El doctor Ferrer propone una actuación en positivo:

Escucha activa: comunicarse con el hijo, que vea que estamos pendientes de él y que nos esforzamos por comprender su situación.

Transmisión de valores.

-Refuerzo de la autoestima.

-Si un adolescente no quiere hablar con sus padres, procuren canalizar la comunicación hacia otra persona de confianza: un tío, un amigo de la familia, los abuelos…

No juzgar: lo importante es sacar al joven de la situación en la que se encuentra.

No proyectar nuestros miedos en ellos: ceñirse a los hechos reales.  Así no se agranda el problema.

-Estar atentos a sus referentes. Los referentes de un adolescente no son su familia sino sus semejantes, de modo que hay que trabajar en la escuela el apoyo a los muchachos que se aíslan o que tienen problemas.

 

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