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Mi hijo tiene que declarar ante el juez porque mi ex ha pedido la custodia

FAMILY
New Africa - Shutterstock
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Por muy duras que sean las heridas de los padres es crucial que sean ellos quienes decidan qué es lo que mejor conviene a sus hijos

Hoy quiero hablar de los repartos de los niños que se establecen cuando los padres rompen su convivencia, no llegan a acuerdos y hay que articular cómo y con quién van a vivir a partir de ese momento los hijos que tuvieran en común.

En estos casos en los que se plantea la custodia de los hijos de una pareja separada o divorciada, a partir de determinada edad, (la ley española establece 12 años o antes si tuvieran suficiente juicio), los niños pueden ser llamados a declarar ante un juez, bien por incapacidad de los padres para llegar a acuerdos, bien porque en esa moneda de cambio que muchas veces son los hijos, los padres no pueden o no quieren mirar más allá de su propio interés, que no es precisamente el de sus hijos.

Suena duro, sí y lo es, pero por desgracia es una realidad por la que muchas familias tienen que pasar, ya que poner a un niño a declarar delante de un juez no es agradable ( y eso, tengo que reconocerlo, que los juzgados tienen unos equipos psicosociales muy bien preparados, que hacen un trabajo excelente con los menores ) pero un niño donde mejor está es en su casa, en su ambiente y no en un juzgado teniendo que declarar si está mejor con un progenitor o con otro, aunque en apariencia esa información se saque mediante juegos, dibujos, o preguntas más o menos circulares hasta llegar a esa información.

¿Por qué se llega a esta situación?

Los motivos son diversos, pero los que trabajamos con familias sabemos que la realidad muchas veces supera la ficción. En no pocas ocasiones nos encontramos con situaciones donde las partes no quieren negociar, donde hay mucho dolor en esas vidas, mucho rencor, muchas heridas abiertas o mal curadas y este daño es el que impide ver más allá de uno mismo, de buscar un interés o un bien mayor para los hijos. 

Hace días, trabajando con una familia les comentaba esta realidad, ya que no querían/podían entender ni buscar alternativas a la situación de ruptura que tenían, porque solo tenían ojos y sentimiento para padecer el dolor que les generaba la separación, solo cuando entendieron que si ellos no buscaban las mejores alternativas para su familia, para sus hijos, sus mejores acuerdos, tendría que ser un tercero, el juez, quien fuera a decidir por ellos y para ello, sus hijos (de entre 11 y 15 años) tendrían que acudir a declarar delante del juez.

Solo así ante esta realidad fueron capaces de mirar más allá, con mucha resistencia sí pero dado que la historia familiar ya era una historia muy complicada, nadie mejor que ellos para valorar, sopesar y decidir sobre qué era lo que mejor les convenía a esos hijos.

Solo poniéndose en el papel de protagonistas de su propia historia, solo entendiendo que sus hijos necesitaban de sus mejores acuerdos de sus mejores habilidades para buscar la mejor solución a su historia, para su familia fueron capaces de negociar y evitar hacer pasar a los hijos por una situación evitable cuando uno es capaz de mirar y de velar por un interés mayor que es el hijo y sus necesidades. 

Otras veces efectivamente es un tercero con autoridad, el juez, quien debe decidir por esos hijos; llegado ese caso, la justicia aunque está sobrepasada de casos, velará por el interés de ese menor, si bien es cierto, que nadie mejor que uno mismo en consenso con la otra parte, para pensar y decidir qué es lo mejor para su familia y para eso a veces es necesario mirar más allá, salir de uno mismo para mirar al otro ( en este caso al hijo) y valorar si es necesario que estos acudan a declarar sobre algo que afecta al núcleo íntimo de nuestra familia. 

Mercedes Honrubia García de la Noceda es directora del Instituto Coincidirespecializado en el asesoramiento personal y familiar

 

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