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El primer poema escrito en francés cuenta el martirio de una santa

LUDWIGSLIED
Public Domain
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La historia del martirio de santa Eulalia, que celebramos el 10 de diciembre, inspiró muchos textos, desde el poeta latino Prudencio (siglo IV) al escritor español Federico García Lorca (siglo XIX) pasando por san Agustín. Sin embargo, para los francófonos, la obra más importante es de un autor anónimo

La Secuencia (o Cantinela) de santa Eulalia, compuesta en torno al 880, es a día de hoy el primer texto literario escrito en una lengua romance y no en latín, como la mayoría de los textos. Este canto escrito en honor de la mártir de Mérida del siglo IV es, por tanto, el primer poema de la literatura francesa.

Una obra única

Debemos a August Heinrich Hoffman —el autor del himno nacional alemán— el descubrimiento de este texto en 1837 en un libro de sermones en latín datado del siglo IX. Las últimas páginas en blanco del manuscrito habían sido utilizadas posteriormente para copiar el célebre poema a la santa, entre tres cantos latinos y un poema en lengua germánica, una composición que resulta todo un “milagro lingüístico”, según los historiadores de lenguas.

Esta secuencia estaba destinada a ser cantada en la liturgia gregoriana, presumiblemente por los benedictinos de la abadía de Saint-Amand, cerca de Valencienne (departamento de Norte, Francia) donde se conserva en la actualidad el valioso documento. Este manuscrito es, pues, un testimonio inestimable para los lingüistas y los historiadores sobre las lenguas romances y la vitalidad intelectual de sus hablantes, con frecuencia políglotas.

La Cantinela de santa Eulalia cuenta que, durante la persecución de los cristianos ordenada en todo el imperio romano, una joven perteneciente a una rica familia de Mérida (España) contrarió al emperador Maximiliano al negarse a renunciar a su fe. Cuando Eulalia soltó su último aliento, se vio a una paloma blanca salir de su boca y elevarse hacia el cielo. Con este símbolo del Espíritu Santo, seguido de una oración de intercesión, termina el texto. Aquí lo presentamos en una adaptación al español:

Buena doncella fue Eulalia.

Un bello cuerpo tenía, más bella aún el alma

Quisieron vencerla los enemigos de Dios,

Quisieron hacerle servir al Diablo.

Ella no escucha a los malos consejeros:

“¡Que reniegue de Dios, que reina en el cielo!”

Ni por oro, ni plata, ni paramentos,

Por amenaza real ni mediante ruegos:

Nada nunca la consiguió obligar

A no amar siempre el servicio de Dios.

Y por eso fue conducida a Maximiliano,

Que era en aquel entonces el rey de los paganos.

Él le ordena, aunque a ella poco le importa,

Que abandone el nombre cristiano.

Ella reúne toda su fuerza:

Antes llevaría cadenas

Que perder su virginidad.

Por ello murió con gran honra

Al fuego la echaron, para que ardiese rápido:

Como culpa no tenía, por eso no se consumía.

Pero esto no quería creerlo el rey pagano.

Con una espada ordena cortarle la cabeza:

La doncella por esto no protesta,

Quiere dejar este mundo, si así lo ordena Cristo.

En forma de paloma vuela al cielo.

Todos imploramos para que se digne a orar,

Que Cristo tenga piedad de nosotros

Después de la muerte, y que a él nos deje acudir

Por su clemencia.

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