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Las Américas tienen que “regresar a Guadalupe”

PILGRIMAS; OUR LADY OF GUADALUPE
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Se conmemoran las apariciones

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La devoción a la Virgen de Guadalupe en Los Ángeles, California, es tan grande como en cualquiera de las grandes ciudades de Estados Unidos (empezando por Chicago y Nueva York) o, incluso, que en cualquiera de las grandes ciudades mexicanas.

El pasado domingo iniciaron los festejos a la “Morenita del Tepeyac” en el sector hispano por excelencia de Los Ángeles: “East L.A.”, como le llaman, desde hace muchas décadas, los hispanos, sobre todo los mexicanos, ahí asentados.

Y, dentro de estos festejos, la reflexión que hace de Guadalupe el arzobispo de Los Ángeles, el vicepresidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, José H. Gómez (nacido en México y con ciudadanía estadounidense), que este año –difícil para la Iglesia católica de ese país—fue escuchada en muchas partes de la Unión Americana.

Ella vino como la madre de todos, como “la nueva Eva”

Para el arzobispo Gómez, en su mensaje de esta semana al pueblo fiel de Los Ángeles sobre la patrona de las Américas, la historia de Guadalupe no es algo que haya quedado en el pasado; es una historia para nuestros tiempos.

“Nuestra Señora de Guadalupe llegó en un momento de confusión y discordia, y un momento de inmensa crueldad y sufrimiento, corrupción e infidelidad”, reflexionó monseñor Gómez, refiriéndose a los acontecimientos que en 1531 (año de las apariciones a San Juan Diego) enfrentaba la Iglesia en el continente europeo: decadencia, corrupción y una necesidad de renovación y reforma.

Muchos teólogos y personas comunes ni siquiera podían reconocer la humanidad de los pueblos indígenas de las Américas. En el Viejo Mundo, los académicos en realidad sostuvieron debates “sobre si los nativos eran personas con alma”, mientras que en el Nuevo Mundo, una nueva economía global comenzaba a construirse “sobre la base de la esclavitud y la desigualdad”.

El arzobispo de Los Ángeles subrayó que en 1531 “la codicia y la ambición de los colonizadores españoles llevaron a horrores indescriptibles y la destrucción de millones de vidas y la ruina de los hábitats y formas de vida nativos”.

Pero ese fue el mundo que la Virgen María visitó. “Nuestra Señora no se presentó solo para el pueblo mexicano. Su misión era continental y universal. Ella vino como madre, como la ‘nueva Eva’, la madre de todos los vivos. Ella le dijo a San Juan Diego: “Soy la siempre virgen, la santa María, madre del verdadero Dios, la creadora que da vida a todos los pueblos’”.

Más adelante, monseñor Gómez refirió que cuando observamos la imagen que la Virgen de Guadalupe dejó impresa en la tilma de Juan Diego, notamos que es una joven de piel morena, una “mestiza”, una mezcla de pueblos europeos e indígenas. “Ella está vestida con la ropa de los pueblos indígenas y le habló a Juan Diego en su propia lengua indígena”, enfatizó el prelado angelino.

Por ello, dijo, Nuestra Señora de Guadalupe nos recuerda que la Iglesia fue establecida como la vanguardia de una nueva humanidad. “Ella nos recuerda que más allá del color de nuestra piel o de los países de donde venimos, todos somos hermanos y hermanas”.

Para el arzobispo Gómez, María de Guadalupe es un icono profundo de la unidad de la humanidad y la misión de la Iglesia de crear una familia de Dios a partir de todas las naciones y razas, pueblos e idiomas del mundo. También, “un ícono de una nueva vida, como una mujer que lleva un niño. Un niño en el que vemos la esperanza de la humanidad”.

Hoy el mundo y en la Iglesia enfrentan problemas similares

En su mensaje sobre Guadalupe, monseñor Gómez subrayó que hoy mismo existen formas completamente nuevas de crueldad e inhumanidad, racismo y esclavitud.

“Hay egoísmo y codicia que lleva al sufrimiento a escala global. Existen categorías completas de personas, desde el niño en el útero hasta las personas con discapacidades, hasta las minorías étnicas y religiosas, que son despojadas de su dignidad y derechos por los poderes que existen en este mundo”.

En un párrafo central de su mensaje, el arzobispo de Los Ángeles enfatizó que, al igual que en la época de Juan Diego, la Iglesia de hoy enfrenta nuevos desafíos a la fidelidad a Jesucristo, tanto personal como institucionalmente. En este momento, recalcó, “Nuestra Señora de Guadalupe viene a nosotros, hablando palabras de compasión y consuelo”.

Con ella –dijo el prelado estadounidense de origen mexicano–no estamos perdidos. “No estamos solos. Nuestra Señora va con nosotros. Ella toma nuestra mano, como una madre, y nos guía por los senderos que nos llevan a su Hijo. Siempre. En cada generación. En cada momento y lugar. Este es el papel de la Virgen. Ella nos mantiene protegidos debajo de su manto, en el abrazo de sus brazos. Vamos siempre en su mirada”.

Más adelante recordó que San Juan Pablo II llamó a la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe “el corazón mariano de América”. Pero cada vez más se ve que Guadalupe es más que México, más que América. “Al dirigir la misión a las Américas, Nuestra Señora de Guadalupe nos mostró la visión de un camino a seguir: hacia una nueva humanidad, una nueva Iglesia, un nuevo mundo”.

La reforma y renovación auténticas siempre se basan en un retorno a los orígenes, a la pureza de los primeros comienzos. Eso es lo que distingue a la reforma y la renovación de la revolución, que siempre busca destruir lo viejo para construir lo nuevo, abundó el arzobispo Gómez.

Y terminó diciendo que, en este momento, “estoy más y más convencido de que debemos ‘regresar a Guadalupe’, a la visión original, el camino original que Cristo quería para nosotros en este país y en todo nuestro continente. Nuestra Señora de Guadalupe es el mensajero que es enviado para guiarnos a la renovación y reforma en nuestro tiempo”.

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