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Kirk Douglas: de la fe a la edad de Abraham

Wikimedia-PD
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El mítico actor cumplió recientemente 102, después de reencontrarse con la religión de su infancia

Kirk Douglas ha cumplido 102 años en Los Ángeles (USA). Lo ha celebrado en casa del mayor de sus 4 hijos, Michael Douglas, y su nuera Catherine Zeta Jones. El centenario autor, comparte con la actriz Olivia de Havilland, residente en París y con la misma edad, el mérito de ser los dos únicos actores supervivientes de la que se dio en llamar la edad dorada de Hollywood.

Recordado por sus actuaciones tendencialmente enérgicas y su distintivo hoyuelo en la barbilla, Douglas nació siendo Issur Danielovitch, en la población de Amsterdam, del estado de Nueva York. Hijo de una familia judía llegada de la lejana Bielorrusia, fue educado en la fe de sus padres, en la que destacó en el estudio de las escrituras hasta el punto de ser considerado entre su comunidad religiosa un buen futuro rabí.

Sin embargo, sus aspiraciones eran muy otras. Él quería ser actor y para ello tuvo que trabajar duro. Se casó con su primera mujer, Diane Dill, con la que tuvo dos hijos: Michael y Joel. Pasó por la segunda guerra mundial, en la que sirvió en un submarino de la marina de los Estados Unidos, hasta que en 1944 fue licenciado por heridas de guerra. De vuelta en Nueva York encontró trabajitos en el teatro, la radio y diversos anuncios. Hasta que una recomendación de su amiga, la actriz Lauren Bacall, le ofreció su debut cinematográfico en El extraño amor de Martha Yvers (1946), junto a la ya consagrada Barbara Stanwyck.

Tras esa primera oportunidad llegó su salto a la fama interpretando a un boxeador narcisista en El ídolo de barro (1949). A partir de entonces fue encadenando éxitos que lo convirtieron en un mujeriego galán hollywoodiense con romances a diestro y siniestro que provocaron su divorcio. Tras este tiempo de Casanova, volvió a casarse en el año 1954 con su segunda mujer, Anne Buydens, con la que tuvo dos hijos más -Peter y Eric-, y con la que sigue conviviendo en la actualidad.

Desde entonces, sus interpretaciones en la gran pantalla jalonaron la infancia de muchos, como el que suscribe. Inolvidable fue aquel arponero fornido que lucha contra el monstruoso calamar en 20000 leguas de viaje submarino (1954). O ese otro Van Gogh, eléctrico e inestable, que interpretó al pintor holandés en El loco del pelo rojo (1956), que curiosamente no le dio el Oscar como mejor actor a él, aunque sí a Anthony Quinn por su papel secundario como Paul Gauguin. O ese dúo que formó con Burt Lancaster, otro grande de Hollywood, en Duelo de titanes (1957), un western que entre otras cosas les regaló a ambos una amistad que duró toda la vida. O aquel otro dúo con Tony Curtis, repartiéndose la pantalla como protagonistas de Vikingos (1958)

Imborrable fue su colaboración con Stanley Kubrick, con quien hizo de productor y de actor principal al unísono en dos peliculones como Senderos de Gloria (1957) y en Espartaco (1960). Pese a que su relación acabó en litigios con el director inglés, antes de que la asociación se disolviese nos dejaron esos dos filmes que están por derecho propio en cualquier lista de los mejores de la historia.

Fue nominado en tres ocasiones al Oscar como mejor actor principal. Sin embargo, tuvo que esperar a recibir uno honorífico en 1996, tras sus 50 años de carrera. Cuentan las malas lenguas que no ganó ninguno anteriormente por sus ideas de izquierdas, que no gustaban en una academia que, en aquel tiempo de su máximo esplendor como estrella, estaba muy marcada por la caza de brujas del senador McCarthy.

Nunca ha dejado de trabajar en multitud de proyectos -literarios, cinematográficos, televisivos, teatrales en Broadway, donde también encontró una salida para su arte. El 13 de febrero de 1991 tuvo un accidente en helicóptero en el que murieron dos personas. Tras aquello vivió un proceso de conversión a la fe de sus padres, tal y como explica en su libro autobiográfico Climbing the mountain: my search for meaning (2001). Poco después, su mujer le siguió en su camino hacia el judaísmo. Y ya con la fe de Abraham parece que ahora Kirk Douglas quiere llegar a la misma edad que el patriarca.

 

Tags:
cine
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