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Libérate de lo que le quita fuerza a tu Navidad

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No tantas comidas, más cosas verdaderas, no tantos regalos insustanciales, sí más entrega de mi vida, menos andar de un lado para otro con prisas navideñas, sí a una vida tranquila junto al niño en el Belén

Jesús me pide que vaya ligero en el alma. No quiere que mi corazón se vuelva pesado y duro: “Guardaos de que no se hagan pesados vuestros corazones por el libertinaje, por la embriaguez y por las preocupaciones de la vida, y venga aquel Día de improvisto sobre vosotros, como un lazo”.

Me pide Jesús que crezca en este Adviento en el amor: “En cuanto a vosotros, que el Señor os haga progresar y sobreabundar en el amor de unos con otros, y en el amor para con todos, como es nuestro amor para con vosotros”.

Me quiere más ligero de todo lo que me endurece y pesa. Más libre para amar con toda el alma, con todas mis fuerzas.

Me pregunto qué me pesa en el corazón. Son muchas cosas. El dolor de mis pecados. Mis apegos desordenados. Mis metas incumplidas. Mis miedos que no me dejan volar más alto. Las preocupaciones de la vida tienen mucho peso.

Comienza la preparación de la Navidad. Quiero que este año sea distinta. No tantas comidas. Más cosas verdaderas. No tantos regalos insustanciales. Sí más entrega de mi vida. Menos andar de un lado para otro con prisas navideñas. Sí a una vida tranquila junto al niño en el Belén.

La paciencia y la espera. La paz del alma y la calma que tanto deseo. Que venga Jesús a cambiar mis prioridades. ¿A qué le doy más importancia?

Tengo el orden de mis deseos tan invertido… Y pongo delante lo que en realidad no amo. Y detrás lo que creo puede esperar, siendo lo que de verdad me importa.

Me he aburguesado. Las rebajas me quitan el sueño. Compro todo, lo que no me hace falta. Lo que no es necesario para mi vida inquieta.

Me detengo ante una mesa vacía. Quiero comenzar con mi belén. Una cueva. Unos pastores. El castillo de Herodes. Casas dispersas por la montaña. Una estrella que anuncia la venida. A lo lejos coloco a los reyes magos. Y luego ovejas, muchas ovejas. Y la noche estrellada.

Y en la cueva un buey y una mula. Que aguardan, que velan. Como los pastores que cuidan el rebaño. Y José y María caminado hacia Belén. María embarazada. Caminan despacio.

Todo es lento en mi belén. Algo estático. Pero me gusta mirar al ángel. Canta con voz callada. Y luego los pastores, que parecen más amigables de lo esperado. Y las ovejas. Y la paja que guarda el calor del niño. Como mi propia vida.

Es un camino largo hasta llegar a Belén. Son algo más de tres semanas. Me quiero poner en camino. Vacío mi alma para que vaya más ligera. No tengo tanta prisa.

Pero quiero caminar sin pausa. El amor arde en mi interior. Con más fuerza que antes. Es lo que le pido a Jesús. Que me enseñe a amar con manos abiertas. Con el alma rota. Sin prisas. Sin pausa. Así quiero caminar este camino largo.

 

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