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Los hijos de matrimonios rotos son también fruto del amor de sus padres

DIVORCE
Fizkes - Shutterstock
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Aunque el matrimonio se rompa, aunque sus padres estén divorciados, es importante que sepan que nacieron del amor de sus padres. Veamos porqué

Cuando hablamos de matrimonio insistimos siempre en la importancia que tiene cuidar la relación de pareja; porque de la entrega amorosa de los esposos surge la familia y nacen los hijos. Cuidar su amor es un gran regalo que los padres pueden hacer a sus hijos para que estos vivan en la confianza de que sus padres, que se quieren, siempre van a estar juntos y con ellos. Tal vez no somos realmente conscientes de la importancia que esto tiene para los niños pero saberse queridos por unos padres que se aman mutuamente les permite crecer con una base de seguridad emocional importantísima.

Cuando las cosas se vuelven difíciles en una pareja, y se llega incluso a plantear una ruptura, las prioridades cambian. Lo más importante pasa a ser cuidar de los más débiles de la relación: los hijos. Porque ellos, que han sido llamados a la vida a través del encuentro de amor de sus padres, necesitan a los dos todos los días de la vida.

Por eso, si una pareja está pensando romper, hay que pedirles que se esfuercen por mantener una relación entre ellos, si no cordial al menos educada, por respeto a sus hijos. Porque podrán dejar de ser pareja, pero nunca dejarán de ser los padres de sus hijos y esos hijos los necesitan a ambos. ¡Ojo! No pensemos que las parejas rompen frívolamente. Generalmente han hecho lo que han podido, pero la vida se puede volver muy complicada y hay muchas circunstancias que influyen y no siempre hacen posible que la pareja salga adelante.

Al explicar a los hijos que sus padres se van a separar, es importante que les quede claro que ellos no tienen la culpa de esta ruptura. Muchos hijos lo viven así y tienen sentimiento de culpa. Otros tratan de portarse bien y agradar a sus padres pensando que si hacen todo lo que ellos quieran, volverán a estar juntos. Es fundamental asegurarles que siempre van a estar los dos ahí, para ellos: pero esto no basta decirlo, habrá que hacerlo.

Además de dejar claro a los hijos que sus padres no se separan por nada que ellos hayan podido hacer, hay que tener en cuenta otra preocupación grande de los hijos y confirmarles en la verdad de que ellos son fruto del amor de sus padres. Nadie se casa para que le vaya mal, para fracasar; incluso cuando una pareja se casa con dudas o en unas circunstancias que no son las mejores, hay un deseo de que esa unión vaya bien. Y hay amor, más o menos amor, más perfecto o más imperfecto, pero amor. De ese amor han nacido los hijos y eso nadie se lo puede quitar: son fruto del amor de sus padres. 

Entonces ¿por qué se separan? Porque en el matrimonio, como en todos los ámbitos de la vida, los padres, como todas las personas, a veces no hacen las cosas bien o no les salen como querrían, a pesar de todos sus esfuerzos por hacerlo bien; o se encuentran con problemas que no consiguen resolver; o toman decisiones equivocadas y, a veces, incluso decisiones que pueden hacer daño a otros. Pero que los padres no hayan podido o sabido mantener vivo su amor de pareja no quita verdad a que los hijos son fruto de su amor: un amor tal vez imperfecto pero real.

¿Y si, además de separarse, resulta que su matrimonio es nulo? La realidad es la misma. Fueron al matrimonio queriendo que su relación fuera bien pero, por alguna circunstancia, la relación que surgió de su “sí” no fue matrimonial (porque, como ya vimos en otro artículo, el matrimonio solo nace si se cumplen una serie de requisitos de madurez y libertad que pueden haberse visto alterados por muchas circunstancias, impidiendo que nazca un matrimonio válido). Pero aunque ese “sí” que se dieron no llegara a hacer surgir un matrimonio válido no quiere decir que no hubiera amor ni que sus hijos no sean fruto del amor mutuo que se han tenido. De hecho, la Iglesia considera esos hijos tan legítimos como si el matrimonio hubiera existido.

Sé que nada de esto es fácil de entender y de vivir pero encuentro con frecuencia personas que se están planteando iniciar un proceso de nulidad matrimonial y no lo hacen por miedo a la reacción de sus hijos. Es muy comprensible y muestra de gran sensibilidad y respeto a los hijos. Pero conocer la verdad de la propia situación personal siempre es mejor que vivir en la duda.

 Y, aunque no sea fácil ni lo vayan a entender a la primera, se puede ayudar a los hijos a comprender, poco a poco, las razones que llevan a iniciar un proceso que no les va a quitar la verdad de que son hijos del amor.

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