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La catástrofe de Limón Indanza, el deslave que hace rezar a Ecuador

ECUADOR
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El último adiós a nueve víctimas en una emotiva ceremonia religiosa y una situación que despierta solidaridad

Este domingo 25 fue un día de recogimiento en la localidad de Limón Indanza, sitio ubicado en la provincia de Morona Santiago, Ecuador. En ese lugar miles de vecinos despidieron a través de una emotiva ceremonia religiosa a nueve víctimas del desplazamiento de tierras –debido a las lluvias- que generó muertes, afectados y viviendas sepultadas.

El encargado de presidir la ceremonia fue el vicario apostólico de Méndez, Néstor Montesdeoca, quien rezó por el descanso eterno de los fallecidos y los damnificados de este desastre natural (77 en base a informaciones preliminares, además de varias familias afectadas por las lluvias).

 

 

Luego de una bendición, los presentes marcharon en procesión para dar lugar a la sepultura, al tiempo de representar una oportunidad de agradecimiento a los voluntarios que dieron todo lo de sí tratando de salvar la mayor cantidad de vidas entre el lodo y los escombros.

“Lo que vivimos es un hecho doloroso y triste, pero también de amor y solidaridad con el prójimo”, expresó el alcalde local Freddy Torres, reproduce El Comercio.

Entre las víctimas había una esposa y madre, pero también menores de edad, todas pérdidas que han generado shock, conmoción y oración en Ecuador.

 

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GAD Municipal de Limón Indanza - Facebook

Asistencia humanitaria

Mientras todo esto acontecía las actividades de emergencia y limpieza continuaban. Además de campañas de recolección de alimentos y ropa fueron varias las instituciones que se pusieron trabajar por las víctimas. La mayoría quedó en la calle, prosigue El Comercio.

 

 

Esto ha generado solidaridad y manos a la obra también de parte de la Iglesia. Por ejemplo, el Santuario Diocesano Nuestra Señora de Guadalupe estaba encargado de recopilar información de los familiares.

“Nos salvamos de milagro. Salimos (seis personas) nadando en el lodazal y parecía que nunca íbamos a llegar a tierra firme”, comentaba un sobreviviente que de alguna manera se ha transformado en voz de esperanza en medio de la tragedia.

 

 

Lo acontecido en esta localidad de Ecuador no es algo exclusivo, sino que representa una catástrofe que suele repetirse en varias localidades de América Latina y el mundo. Cuando acontece genera dolor, tristeza e interrogantes, pero también levanta un sentimiento de solidaridad como nunca antes. Estos hechos suelen unir lo que estaba roto y hacen olvidar las diferencias. Ante esto, el dolor más difícil de asimilar, todos se transforman en uno.

Recemos por las víctimas de este deslave y por todos quienes tienen que padecer hoy en día algún tipo de situación general en algún rincón del planeta.

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