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Entre electro y modernidad, el gregoriano sigue inspirando

LE RAPT INVISIBLE
Le Rapt Invisible
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Un cantante lírico se apodera del gregoriano para construir un proyecto artístico moderno e inspirado de “rapto invisible”

Aunque sea adaptado, el gregoriano siempre está de actualidad en su respuesta a la necesidad humana de trascendencia. Este canto milenario más reservado a los monasterios abandona aquí su caparazón de tradición espiritual y de siglos de oración para presentarse al público, a menudo en las iglesias y en una dimensión sagrada, o más bien espiritual, si es que los cantantes en general puedan estar provistos de esa espiritualidad tanto como los hombres orientados hacia Dios. No obstante, su enfoque es fructífero y peculiar en la creación musical contemporánea, para esta época en busca de sentido, de belleza y de auténtica trascendencia.

“Le Rapt invisible”: con este nombre un tanto sorprendente de “rapto invisible”, es necesario indagar en su página web para descubrir el sentido de estas palabras. “Para nosotros, el arte puede ser una experiencia de lo sagrado, la irrupción de la trascendencia en la carne de lo sensible. La experiencia de la belleza es inefable cuando sucede, porque la belleza desborda. La belleza secuestra. Nos arrebata de nosotros mismos”. Y su intuición artística no podría ser más auténtica cuando constatan que “este desbordamiento y este rapto nos arrancan de esta tierra”,  aunque el canto gregoriano tenga vocación de encarnarnos más al mismo tiempo que nos conecta con el cielo, “donde somos un ‘yo’ con conceptos, ideas, intereses particulares, valores”.

“Un rapto es imprevisible”, según el sentido que ellos le dan, “como en la oración, el individuo en nosotros se eclipsa para llegar al fondo(s) originario de nuestra pertenencia a aquello que contemplamos”. En definitiva, su iniciativa artística se considera claramente espiritual, pero no religiosa, para hacer salir los cantos sacros “de un contexto litúrgico y ritual” e inspirándose libremente en estos cantos. El resultado, por fortuna, es digno de escuchar, respetuoso e incluso magnífico. 

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Ropa negra contemporánea o minimalista, coreografías modernas sobre fondo de órgano y melodías electrónicas, paisajes naturales, son los ingredientes que componen los videoclips para acompañar la voz del cantante. Hay cierta lentitud rítmica, necesaria para el tránsito espiritual. En ocasiones sorprende, en ocasiones tranquiliza.

Sentimiento de eternidad

Entre coreografía, actuación vocal y musical, el proyecto de “Le Rapt invisible” viene de la mano del barítono Romain Dayez, formado en el Conservatorio de París y encargado de la dirección artística, más Baptiste Lagrave y Fabre Guin. Para conseguir esta multiplicidad artística, colaboran con el cineasta Victor Toussaint, el coreógrafo Ghislain Grellier, la pintora Caroline Chariot-Dayez y el estilista Morgan Remy. A través de esta búsqueda de profundidad, los artistas se identifican con el pensamiento del escritor francés Romain Rolland y con su “sentimiento oceánico”, con “este impulso vital” compartido por el poeta y místico. Así encontramos esta búsqueda de una expresión universal de lo sagrado en sus imágenes, donde los personajes reposan su mirada en la inmensidad del océano.

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Del concierto al ballet, de Bruselas a Venecia, numerosas iglesias han podido disfrutar de su talento. Los de “el Rapto” han puesto su proyecto al servicio del pensamiento de Hildegarde von Bingen en el Convento Benedictino de Ermeton (Bélgica) en un espectáculo alrededor de sus visiones, pero también en una performance basada en su música. En 2014, efectuaron un ballet en la iglesia Royale Sainte-Marie de Bruselas por el centenario del genocidio armenio.

Romain Dayez se presenta también en solitario con este repertorio de canto sacro original, bien recibido en lugares de culto católico como la iglesia de Saint-Merri de París o con las Hermanas de San Francisco de Asís en Aviñón, además de en iglesias o monasterios en desuso. De momento, los próximos conciertos previstos para 2019 serán entre Aviñón y Bruselas, pasando una vez más por la iglesia de Saint-Merri de París.

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