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¿Cómo ayudar a mi hijo a ser sociable?

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Ser sociable es algo más que estar bien educado. Es una forma de vivir y de relacionarse con los demás.

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Las actitudes prosociales son las que alimentan el desarrollo social de nuestros hijos generando un impacto positivo en sus vidas y en las de quienes interactúan con ellos. Son actitudes que se basan en un tipo de comportamiento que no busca una recompensa, sino beneficiar a los demás.

Entre las actitudes prosociales que podemos enseñarles a nuestros hijos se encuentran el ponerse en el lugar del otro, aprender a escuchar, ayudar a quienes lo necesitan, expresar gratitud y verbalizar elogios.

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Ponernos en el lugar del otro

Si los niños comprenden mejor cómo se sienten los demás, es mucho más probable que se sientan conectados con otras personas y formen vínculos positivos. Los padres podemos enseñar la empatía hablándoles sobre diferentes escenarios y preguntándoles cómo podrían sentirse otras personas cuando suceden dichas situaciones. 

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Aprender a escuchar

Parte de enseñar la empatía es ayudar a los niños a aprender cómo escuchar activamente a los demás. Esto implica centrarse en lo que otros dicen y luego pensar en lo que esa persona  ha dicho una vez que la conversación ha terminado. Escuchar es una habilidad social crucial que todo niño debe aprender, ya que forma la base del aprendizaje mismo.

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Ayudar a quienes lo necesitan

Los padres tendemos a priorizar la felicidad y los logros de nuestros hijos dejando en un segundo plano la preocupación que ellos tienen por los demás, pero los niños deben aprender a equilibrar sus necesidades con las de los demás. Necesitan saber que el cuidado de los demás es una prioridad. Y una gran parte de eso significa mantenerlos con altas expectativas éticas, como cumplir con sus compromisos.

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La risa es el lenguaje del alma

Expresar gratitud 

Los estudios demuestran que las personas que tienen la costumbre de expresar gratitud tienen más probabilidades de ser generosas, compasivas, de perdonar, y ser felices. Los padres podemos generar oportunidades para que nuestros hijos sean agradecidos. 

Podemos hacer de la gratitud un ritual diario a la hora de la cena, a la hora de acostarnos, o en el automóvil, expresando nuestro agradecimiento ante las acciones grandes y pequeñas de los demás.

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Verbalizar elogios 

Podemos enseñarles a nuestros hijos a ser más observadores saliendo de su círculo más pequeño formado por la familia y amigos, señalandoles las acciones que son dignas de elogio. Animarlos a mirar a su alrededor y ponderar lo bueno, para que no solo se acostumbren a verbalizar lo que está mal, sino especialmente a afirmar el bien.

Nuestro desafío es ayudarle a nuestros hijos a aprender a elogiar no sólo a los más cercanos, sino a alguien que está fuera de ese círculo primario como el nuevo niño en clase, alguien que no habla su idioma, el conserje de la escuela o alguien que vive en un país lejano.

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