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Si eres idealista, elige el compromiso

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¿Por qué se percibe el matrimonio como una carga, un compromiso que ata y ahoga?

Estos días, en algunas vallas publicitarias, encuentro carteles que unen la palabra “idealista” con distintas frases o afirmaciones. Debido al atasco me paro ante el anuncio que bajo la palabra “idealista” afirma “no quiero comprometerme”. Lo miro un buen rato y dejo de fijarme en el mensaje concreto del anuncio. Me hace pensar. ¿No es una incongruencia unir idealista con falta de compromiso?

Las personas con grandes ideales (idealistas) suelen querer comprometerse con los valores que les parecen positivos. Son personas que se implican libre y activamente en acciones que promueven y hacen realidad esos ideales y esos valores.

Como los coches no avanzan y sigo delante del cartel, doy un paso más: pienso en que el compromiso nos suena a algo especialmente negativo cuando se refiere al matrimonio. Tal vez porque nos parece algo externo, impuesto desde fuera y, por eso, no elegido y contrario a nuestra libertad: porque lo que se nos impone nos provoca rechazo.

Personalmente creo que el punto de vista no es correcto porque en el matrimonio, el compromiso es un acto de libertad que nos ayuda a mantener nuestras decisiones en los momentos de duda; decisiones que hemos tomado para ser felices juntos y porque, además, tienen sentido.

El compromiso es decirse mutuamente: “sí, quiero compartir toda mi vida contigo” después de un haber hecho un proceso:

  • conocer a una persona,
  • enamorarnos,
  • constatar que nos hacemos felices uno a otro,
  • que este amor es bueno para los dos,
  • elegirnos uno a otro para compartir los días buenos y los malos
  • y decidir que la forma de relación que queremos construir juntos es el matrimonio, apoyados no sólo en un subidón emocional sino tras verificar que esta decisión es razonable y tiene sentido.

Todo esto está incluido en el compromiso, que es una ayuda para recordarte todos los días (sobre todo los menos buenos, porque en los buenos no necesitas que te lo recuerden) todas las razones por las que has elegido a esa persona (tu marido, tu mujer) y el matrimonio. 

Por eso, si eres un idealista, si crees que es posible no sólo imaginar sino vivir grandes ideales, elige el compromiso. Pero bien entendido: no como “esa carga” que te obligue a seguir adelante cuando te estés cansando, sólo por cumplir la palabra dada. Sino como una ayuda, una brújula que te indique el camino.

Porque cuando en una relación pasamos por momentos malos y hay que “tirar” del compromiso porque nos hemos distanciado o nuestro amor se está enfriando, ese esfuerzo por mantener las decisiones nos grita que debemos tomar medidas para recalentar el corazón, para avivar las brasas de nuestro amor y no sólo evitar que se apaguen sino volver a alimentarlas para retornar al amor primero.

Si estás en esa situación, si te pesa el compromiso, para y recuerda que todos los motivos que te llevaron a comprometerte siguen ahí: tapados, probablemente, por muchas preocupaciones, tensiones, agobios, desencuentros… que no quitan verdad a que la decisión que tomasteis de querer compartir la vida tenía y sigue teniendo sentido.

Volved a recordar esas razones, pasadlas por el corazón, decidlas en voz alta y a través de gestos de cariño y redescubrid que vuestro compromiso de amor es un tesoro.

María Álvarez de las Asturias es fundadora del Instituto Coincidir,especializado en el asesoramiento personal y familiar

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