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La Política y el Circo Romano

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¿Hemos confundido la transparencia política con la burla a las instituciones?

Últimamente se habla mucho de transparencia y del acercamiento de las cuestiones políticas y de las instituciones a la ciudadanía.

Si bien la transparencia es en sí un garante que disuade al gobernante de tener comportamientos ocultos y nocivos sin que le pase factura, lo que podemos encontrar es que mal desarrollada genera un espectáculo donde las instituciones comunes se ven abocadas al escarnio y eso implica un coste social del que es difícil recuperarse.

Todas las épocas han tenido espacios públicos para el escarnio y para mantener a la gente ocupada en lo liviano incitando sus instintos más primarios. En la época de la antigua Roma existían los circos.

El endiosado y terrorífico emperador Domiciano aseguró su imperio comprando la lealtad de su guardia pretoriana y entreteniendo a la plebe con sangrientos espectáculos en el Circus Máximus. En la Arena del circo se veían ejecuciones sumarias, las víctimas eran despedazados por bestias y eran objeto de mofa y escarnio por el populacho.

Domiciano manejaba al pueblo de Roma desde su asiento en el circo pero sin bajar él mismo a la Arena. En cambio, un siglo después, el emperador Cómodo, tirano y populista como su antecesor, decidió ser asiduo en la Arena como gladiador mostrando sus dotes sanguinarias. En ese momento, no sólo se expuso él como persona sino que, a diferencia de sus antecesores, expuso también aquello que él representaba.

Las instituciones de Roma quedaban expuestas también en la Arena y la ciudadanía romana comenzó a perder el respeto también por esas instituciones. Tras Cómodo comenzó la caída del imperio Romano. Y esto es algo que deberíamos, tal vez, aprender.

A finales del siglo pasado, los medios de comunicación erigieron el Circus Maximus como entretenimiento en forma de prensa rosa. Los periodistas del corazón se erigieron como los nuevos gladiadores y bestiarios dando carnaza diaria a la plebe.

En el XXI, los partidos, más preocupados por el marketing que por hacer Política, saltaron a la Arena buscando cuota de pantalla. Si no apareces en pantalla no existes. El pluralismo político se confundió con el marketing diferencial de populismo fácil y la transparencia con el exhibicionismo. Las redes sociales y los espacios públicos pasaron a ser la Arena donde despedazar, mofarse y hacer escarnio.  Y allí, en un mundo heredero de Montesquieu, se ven arrastradas las instituciones de los poderes del Estado.

Hoy desde las tertulias y desde programas de supuesto debate se cuestionan sin rigor las instituciones, se opina y se ponen en duda las sentencias judiciales sin leerlas, se usa los escaños de los parlamentos para escenificar shows de marketing político y se pone sobre el mantel prácticas indecorosas de los gobiernos. 

Hoy nada escapa de pisar la Arena. Vivimos una reedición Cómodo como el emperador gladiador que bajaba a la Arena. La prensa rosa se ha extendido a las instituciones. J.G.Saxe advertía que “las leyes, como las salchichas, dejan de inspirar respeto a medida que sabes cómo están hechas”.

Hoy añadiríamos las sentencias y las políticas gubernamentales.  Y con todo esto, ¿podemos esperar que no se pierda el respeto y la lealtad institucional como sucedió con Cómodo? ¿no estaremos pagando un precio demasiado alto al confundir la transparencia con el escarnio a las instituciones?

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