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Eduardo Habsburgo, un archiduque en el Vaticano con gran sentido del humor

HABSBURG
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El espíritu de servicio del embajador de Austria ante la Santa Sede está marcado por sus aristocráticas raíces cristianas

Eduardo Habsburgo-Lothringen tiene 51 años y pertenece a la más arraigada aristocracia europea. Su familia reinó en Alemania, Austria, Hungría y España (con Carlos I). Sus tatarabuelos fueron el emperador Francisco José I y su famosa esposa Sissi, y él también es conocido como el archiduque Eduardo de Austria. Hoy es un escritor húngaro-alemán, diplomático y, desde 2015, es embajador de Hungría ante la Santa Sede. Junto con su mujer, la baronesa Maria Theresia von Gudenus, tiene seis hijos. 

Su familia gobernó Austria-Hungría con el título de Emperador del Sacro Imperio Romano. Este 11 de noviembre de 2018 se cumple el centenario de su abdicación. Una abdicación que no fue definitiva. La puerta sigue abierta a las futuras generaciones de los Habsburgo.  Hoy su familia mantiene su línea sucesoria de sangre real y las bodas familiares son con aristócratas europeos.

Un aristócrata prêt-à-porter

Los Habsburgo tienen una fuerte tradición católica. Eduard tiene un hermano sacerdote y el papa san Juan Pablo II beatificó a su pariente el beato Carlos de Austria, el último emperador de Austria y rey de Hungría.

La revista de los jesuitas de América del Norte, “America Magazine | The Jesuit Review”, acaba de publicar una entrevista en la que se le preguntó a Eduard Habsburg cómo compagina su historial familiar con un cargo de servicio público. 

Respondió que durante siglos los Habsburgo han sido educados “para servir al país o imperio. El servicio está profundamente en nuestros genes”. Junto a esto, añade un “fuerte sentimiento hacia Europa y la convivencia pacífica entre las naciones”. En cuanto ser embajador afirma: “Es un trabajo que nunca hubiera imaginado que tendría. El destino (o Dios) tiene un gran sentido del humor”.

Con respecto a Dios, le preguntaron sobre su modelos a seguir en la fe. En esta cuestión el archiduque se considera “pasado de moda” porque “algunos de mis santos favoritos son hombres”. Entre ellos se encuentra Santo Tomás Moro, en cuya posición diplomática, “trató de equilibrar las cosas todo lo que pudo; habló muy claramente cuando fue necesario y tuvo un increíble sentido del humor hasta los últimos minutos de su vida”, indicó el embajador que también reconoció su amor hacia al papa Gregorio Magno “por hacer lo correcto en un momento muy difícil de caos y guerra”.

También mencionó a su santo patrón, Eduardo el Confesor, “un hombre cuyo reinado fue uno de los pocos pacíficos de su época y que murió poco antes de 1066” y al beato Karl de Austria (su familiar) “por el equilibrio entre ser un emperador y un gran padre de familia en un momento de ruptura total en la primera Guerra Mundial. Ves el patrón: hombres que hicieron lo correcto en tiempos muy difíciles”, explicó al periodista que le entrevistó.

Añadió también que ama al cardenal húngaro Mindszenty (Jószef), “quien se enfrentó primero contra el nazismo y luego contra el comunismo. Sinceramente espero que sea beatificado pronto”.

Hay una gran excepción femenina pues explica que entre sus escritos espirituales favoritos están los “autobiográficos de Santa Teresa de Lisieux, una gigante en una pequeña celda carmelita”.

HABSBURG
EduardHabsburg - Twitter

El archiduque es un hombre de oración.  Según respondió en esta entrevista, logra tener casi todos los días un tiempo de oración central: Laudes. “Lo hago antes de que despertemos a los niños y con una taza de café humeante, que me recuerda a la vieja broma jesuita y dominicana sobre si puedes fumar mientras rezas. Trato de cantar mis laudes. Realmente he descubierto que ‘el que canta ora dos veces”.

Pero también aprecia las oraciones con sus hijos en el almuerzo o en la noche que trata que sean “momentos de oración reales y no solo como un ritual. Finalmente, siempre que sea posible, también intento asistir a la misa durante la semana”.

Por último, el entrevistador quiso preguntarle si su familia aún espera recuperar sus títulos y si en el futuro podría aspirar al trono austro-húngaro, una especulación en la que no quiso entrar. Al tiempo echaba unas carcajadas contestó al periodista: “No responderé a esta. Será mejor que siga adivinando”.

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