¿Cómo decir la verdad y al mismo tiempo tranquilizarle? Santa Teresa del Niño Jesús nos ofrece un buen punto de partida para la respuesta
A veces, después del fallecimiento de una persona cercana, los niños, incluso los muy pequeños, plantean preguntas sobre la muerte y, en particular, sobre su propia muerte. Quieren saber si van a morir también. Y cuando conseguimos, con ayuda de algunas piruetas y suaves eufemismos, explicarle la verdad al niño en cuestión, nos sigue preguntando: "Pero ¿cuándo?, ¿en cuántos días?".
En ese momento, tenemos en cuenta su edad y, por fin, renunciamos a hacerle partícipe de las últimas estadísticas sobre la esperanza de vida y elegimos entonces entre lo fácil y tranquilizador: "¡Dentro de muchísimo tiempo, cariño!", o la abrupta realidad: "¡Eso solo lo sabe Dios!".














