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7 películas para 7 sacramentos: El perdón y “Una historia verdadera”

THE STRAIGHT STORY
Buena Vista Pictures
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El viaje de Alvin es poder volver a unir lo que estaba roto

Hoy iniciamos una serie de artículos que hemos venido a llamar “7 películas para 7 sacramentos”. El fin, nada sencillo, intentar mostrar qué significan (al menos en parte) esos sacramentos a través del cine. Las películas seleccionadas no son de temática religiosa, pero eso ayudará a entender, a aquellos que no sean cristianos, a qué se refieren los que sí lo son cuando hablan de estos sacramentos.

Este método tiene tantas ventajas como límites. La ventaja es sencilla de ver porque la Iglesia define los sacramentos como un itinerario de la vida, así que las películas son relatos de la vida de cualquier persona y son un lazo de unión y un punto de encuentro entre el cristiano y el que no lo es: son experiencias que todos podemos vivir y comprender.

El límite de esas películas es la parte en la que el sacramento adquiere un sentido pleno sólo desde la conciencia de la dimensión trascendente y religiosa de la vida humana.

El primer sacramento del que vamos a hablar es el sacramento de la penitencia. A veces se le llama confesión y a veces se le llama sacramento de la reconciliación. Todos los nombres hacen énfasis en facetas cruciales del mismo evento.

En este caso la película digna de ver es “Una historia verdadera” de David Lynch. Se trata de una historia basada en hechos reales y producida por Walt Disney. No es, pese a ello, una película para jóvenes. Es una película corta en duración, sencilla en su argumento y tan profunda como poética. Lynch hizo un pequeño cuadro costumbrista de la América más rural y la sinceridad del corazón.

Los mayores males y las peleas más inverosímiles siempre ocurren con las personas cercanas. Precisamente su cercanía es lo que las hace voraces y sísmicas, porque es proporcional lo cerca que está alguien a nuestro corazón con la posibilidad de que sea herido.

La trama de “Una historia verdadera” es esa misma: dos hermanos muy unidos en su juventud dejaron de hablarse durante años a causa de una pelea. Viven a cientos de kilómetros. Llevan décadas sin verse ni hablarse. Ya son ambos ancianos. El caso es que uno de ellos sufre un ataque al corazón y el otro se entera.

Alvin Straight es el hermano que descubre que su hermano ha sufrido un ataque al corazón. En ese momento decide emprender un viaje para ir a verle. Sólo hay un problema: quiere ir por sus propios medios, pero ya no tiene carnet de conducir.

Así que ni corto ni perezoso prepara su cortacésped con un pequeño remolque para cruzar varios estados.  La película es ese viaje. Quiere reconciliarse con su hermano, quiere volver a verle y hablar como cuando eran jóvenes, quiere unir lo que se ha roto.

Algunos de sus familiares y amigos (y personajes que se encuentra Alvin en el camino) creen que está medio loco, y se ofrecen para llevarle en coche o similar. Pero no han entendido que es él quien debe ir por sus medios y que su hermano (si llega a tiempo antes de que muera) debe verle llegar en ese cortacésped: porque ese viaje, exagerado y desproporcionado, es el equivalente a la desproporción que es el mal de dejarse de hablar durante años y romper su unión por una causa de la cual ni se acuerdan.

El viaje de Alvin en su extraño vehículo no es tanto el engreimiento del poder (la arrogancia de quien quiere hacerlo solo y por sus medios) cuanto el camino de la penitencia y la enmienda: igual que quien perdona está haciendo algo libre y gratuito (es un per-dón; da de más), también quien pide perdón quiere dar de más en su restitución libre y gratuita: hay que devolver y restituir de más.

El perdón, tanto quien lo pide como quien lo ofrece, es una cierta exageración, algo totalmente libre y gratuito y tan poco exigible como ciertamente deseado. No se puede perdonar si no es desde la pura libertad. Así, quien quiere reparar ese mal, quien solicita el perdón, también quiere dar de más: eso es la penitencia y la enmienda reparativa. Es tanto un camino de reparación como un camino de purificación donde agradecimiento y penitencia se dan la mano.

Por supuesto que es una exageración ir en un cortacésped cientos de kilómetros para reconciliarse, pero es que, en cierto sentido, el perdón es también algo que desborda, rebosa y excede toda previsión.

Esa exageración del perdón (donde no se está obligado a perdonar) es parte del sentido del “escándalo” que tiene el cristianismo. La película muestra uno de los mayores escándalos que produce el cristianismo en la historia del a humanidad: el mal de una persona, por grande y brutal que sea, nunca es definitivo, no tienen la última palabra.

El escándalo es de tal calibre que hay males que al ser humano le parece inconcebible perdonar. Pero lo que al hombre le parece imposible reparar Dios lo puede hacer. Efectivamente, esto es un escándalo para el ser humano porque hay hechos y situaciones con las que se sólo se puede lidiar con la justicia en la mano, es decir, con el castigo proporcional al mal.

Pero el perdón no es lo antagónico a la justicia, porque el perdón no pretende omitir el mal, sino algo más profundo y perfecto, repararlo, reunir lo que se había roto y hecho pedazos. Dios es todopoderoso no sólo porque es justo sino porque los cristianos le damos el poder más grande: el de perdonar, es decir, el de reparar el bien que se había hecho pedazos.

Dicho de otra forma: es obligatorio hacer justicia, pero no es obligatorio perdonar. Eso quiere decir que quien tiene el poder de perdonar y no solo de hacer justicia tiene más poder y es más libre que aquel que solo puede hacer justicia. Ese es el escándalo que el ser humano se encuentra.

La justicia tiene el deber de reparar aún sin el arrepentimiento del culpable, pero el perdón solo es total bajo la participación de ambas libertades: el dañado y el autor del mal. Realmente el culpable sólo ofrece su culpa a quien puede eximirle de ella. El perdón no anula la justicia, pero posee mayor gratuidad, y por tanto libertad, y por tanto, perfección. Es más libre quien puede perdonar que quien solo puede hacer justicia, aunque ni la una ni la otra se excluyen.

Lo imperdonable humanamente se ve bien en dos situaciones. Una es la fantástica escena de Alvin con un excombatiente de la Segunda Guerra Mundial en un bar: hablarán de secretos inconfesables. La otra es el personaje de Rose, la hija de Alvin (Sissy Spacek hace un gran papel).

Hay veces que el mal que ha pasado es perdonable, pero somos incapaces de asumirlo, es decir, es como esas veces en que perdonamos y no deseamos mal a nadie, pero no podemos volver a la situación inicial con quien nos ha hecho daño, nos vemos superados. Ese es uno de los espacios en el que los cristianos sabemos que el perdón humano es sólo una estela (real pero débil) de un perdón más grande, y que, al final, solo perdonamos como efecto de ser perdonados por un perdón más fuerte y trascendente.

También es la consciencia de ese espacio de nuestras vidas que, incluso sin mala intención por nuestra parte, está lleno de mal y fragilidad (vea el espectador la escena del atropello del ciervo): ahí también se reclama una reparación que va más allá de lo simplemente humano.

Por eso el sacramento del perdón o la confesión también es llamado el sacramento de la reconciliación, es decir, volver a estar en concilio, reunidos, juntos, de un modo tan inconcebible como cruzar varios estados en un cortacésped. El viaje de Alvin es poder volver a unir lo que estaba roto.

Eso significa que hay ser consciente al menos de una cosa: del mal que se ha hecho y del bien perdido que se quiere volver a tener (en la tradición cristiana es el dolor de contrición y el dolor de aflicción). En un momento dado, a Alvin le preguntan: ¿qué ventajas tiene el hacerse mayor? Y responde: aprendes a separar el grano de la paja. No hay perdón posible si no se sabe discernir, si no se es consciente.

La película es digna de ser vista con calma. De todo el simbolismo que rebosa animo al espectador a que descubra el significado metafórico de las estrellas. En la película el cielo estrellado y el deseo de verlo con la persona amada es un símbolo evidente. No solo Rose lo hace, no solo Alvin lo hace, sino que además es lo que él y su hermano solían hacer de jóvenes y lo que Alvin sueña con poder volver a hacer.

Hay un deseo en el corazón del ser humano que se escapa a sí mismo. Dicho de otra forma: hay un deseo de unión y reconciliación en el ser humano que sólo por desearlo no consigue realizarse, sino que reclama algo más fuerte que nuestro propio deseo.

Nuestro deseo de amor y unión es un dedo que apunta como una flecha en llamas y que nos reclama a un bien esperanzador y nos recuerda un amor perdido que quiere ser restituido. Nostalgia y esperanza del bien se dan la mano en el perdón. Ese es el inicio y el sentido del sacramento y también de nuestra película.

 

Ficha Técnica

Película: Una historia verdadera.


Director: David Lynch


Año: 1999


Guion: John Roach, Mary Sweeney


Productora: Walt Disney


Música: Angelo Badalamenti


Actores: Richard Farnsworth, Sissy Spacek, Harry Dean Stanton, Everett McGill, John Farley, Jane Galloway Heitz, Dan Flannery, Kevin P. Farley, Wiley Harker, Tracey Maloney 

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