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“Nuestra Señora de las Batatas”, una mujer simple que no se olvida

BATATAS
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Un pintoresco personaje de los años veinte venezolanos

La joven, asidua en las peregrinaciones que para la época recorrían los senderos del cerro Ávila –desde Caracas hasta la gruta de Nuestra Señora de Lourdes en el litoral- siempre se ubicaba en las primeras filas de la romería y era de las que entonaba el himno a la Virgen.

Nadie en la Caracas de los años veinte la conocía por otro nombre que “Nuestra Señora de las Batatas”, aunque el suyo propio era Petra Antonia Josefina de Las Mercedes Pérez. Su padre, un albañil; su madre, una vendedora ambulante de refrescos en los alrededores de la Plaza Bolívar.

Creyó tener vocación religiosa y quiso entrar a un convento pero su aspiración fue frustrada debido al color de su piel y a la falta de dote que exigían los reglamentos de la congregación, obstáculos insalvables para la época. Muy triste y decepcionada se conformó con vivir entre las cuatro paredes de su humilde rancho.

Para salir, decidió vestir una especie de hábito de doble falda. Cubría su rostro con un velo morado y calzaba alpargatas(*1). Así caminaba por las calles, con un largo rosario al cuello, recitando oraciones. Su figura, no obstante, era alta, estilizada y bien proporcionada. Otro manto negro le cubría la cabeza y un pañuelo blanco ocultaba su frente. Lo más curioso: invariablemente llevaba en la mano una cruz de madera de un metro de largo.

De lejos, ciertamente, parecía una suerte de monja, perteneciente a alguna indeterminada congregación religiosa que circulaba por las calles mirando al suelo con un cesto de batatas sobre la cabeza.

Y es que su madre, ante la precaria economía hogareña, le pidió aportar algo, así que la joven se dedicó a vender batatas(*2) sancochadas en el mercado de la ciudad. La chiquillería -y la inconsciencia de otros no tan chicos- comenzó a llamarla “Nuestras Señora de las Batatas”, lo que a ella no parecía importarle, a pesar del consejo de un venerable fraile capuchino que le aconsejó vestir de otra manera para evitarlo.

Pero siguió las recomendaciones del religioso y terminó trabajando en el famoso Colegio Cháves, en calidad de doméstica y portera. Años después, “Nuestra Señora de las Batatas” regresó a su anterior actividad y murió bastante anciana, víctima de una súbita dolencia –como relata Graciela Schael Martínez, gran cronista caraqueña- , justamente a las puertas del colegio Cháves.

Es uno de los personajes que los viejos caraqueños no olvidan y que formó parte del paisaje de nuestra otrora risueña y tranquila ciudad. No pudo ser religiosa pero siempre intentó parecerlo. Una de nuestras estampas más singulares.

 (*1)  Alpargata: un tipo de calzado de hilado de fibras naturales

(*2)  Batata: papa o patata dulce también llamada camote o boniato

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