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La autodestrucción de la obra de Banksy, ¿una crítica a la especulación?

BANKSY
Shutterstock-Cincinart
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El artista urbano destruye su cuadro justo después de venderlo...¿por qué?

La autodestrucción de una obra de Banksy recién subastada por un buen pico se ha hecho famosa.  Se han hecho virales vídeos de ese momento y de cuando el autor urdió el plan de instalar el marco triturador. Así, el interés por este artista urbano y sus razones que le llevaron a destruir su cuadro se ha disparado más incluso que el precio de puja. Como este reivindicativo artista británico no revela su real identidad ni sus motivos, la especulación está servida.

No pocos se han convencido que se trata de una denuncia al sistema especulativo. La autodestrucción sería en si una especie de performance que incluiría su obra y los atónitos participantes de la subasta. Sin dejar de ser una visión interesante, creo que se fundamenta más en que nos limitamos a ver aquello que deseamos ver. Es parte de nuestra condición humana.

Necesitamos con urgencia completar los puzles, finalizar las historias,  y por eso optamos ingenuos como niños  por contentarnos con una respuesta aparentemente propia que nos permita cerrar el círculo y descansar. Un artista reivindicativo destruye su obra en un centro de especulación con el arte; por lo tanto, por fuerza debe ser una crítica al sistema.  Como es nuestra respuesta ante lo sugerido, nos convencemos de su validez y nuestro ego sella el tema sin atender a más razones.

Pero ¿no resulta curioso que un artista pretenda criticar el sistema con una acción extravagante cuando la especialidad de este sistema es especular precisamente con lo diferenciado y extravagante?

En las subastas no se puja por un supuesto valor que el comprador obtiene por lo que mucho que le gusta una obra. Se puja como reserva de valor, como instrumento de ahorro del que si aumenta su precio en el tiempo se puede recuperar más que el dinero empleado. Si en una subasta todos creen que el resto desean hacerse con la obra y que va a ser tendencia futura, pujarán con la expectativa de que el día de mañana lo puedan vender más caro.  El equilibrio es que todos pujarán y el precio se disparará. ¿No le recuerda esto al boom inmobiliario?

Por otra parte, cuanto más exclusiva y diferenciada es una obra más probable es que se dispare su cotización. De ahí que en el 2011 se pagaran 10.000 libras por un diente de John Lennon. Es decir, en una subasta la extravagancia y diferenciación facilita la especulación. Pues curiosa manera se le atribuye a Banksy de torpedear el sistema. En el fondo es un contrasentido. De hecho su obra medio a trizas ha duplicado su cotización. Y de paso, le queda una performance redonda. Se labra un nombre de antisistema mientras aumenta su cotización gracias a lo que parece criticar.

A lo mejor podemos aprender algo de todo esto. En lugar de cerrar los relatos con el prisma de nuestra mirada, tal vez aprendamos a contemplar la realidad para ser más libres.    

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