Recibe Aleteia gratis directamente por email

¿No estas preparado para donar?

Aún así hay otras 5 maneras como puedes ayudar a Aleteia

  1. Reza por nuestro equipo y por el éxito de nuestra misión
  2. Habla de Aleteia en tu parroquia
  3. Comparte el contenido de Aleteia con tus amigos y tu familia
  4. Desactiva el bloqueo de publicidad cuando nos visites
  5. Suscríbete a nuestra newsletter gratuita y leenos a diario

¡Gracias!
El equipo de Aleteia

Suscríbete

Aleteia

Papa Francisco: Cuidado con los que se presentan perfectos

face
Shutterstock-SvetlanaFedoseyeva
Comparte

En la homilía de la misa de la mañana en la Casa Santa Marta invita a protegerse de los hipócritas cuyo corazón no está abierto a la gracia

El Papa comentó el pasaje del Evangelio del día que narra cuando Jesús fue invitado a comer por un fariseo, se sentó en la mesa antes de hacer las abluciones prescritas por la ley. Y la dura respuesta de Jesús ante la “sorpresa” de ese fariseo.

Los doctores de la Ley se escandalizan con Jesús

Francisco subrayó la diferencia entre el amor del pueblo por Jesús, porque llegaba a sus corazones y también un poco por interés, y el odio de los doctores de la Ley, escribas, saduceos, fariseos que lo seguían para atraparlo. Eran los “puros”:

Eran realmente un ejemplo de formalidad. Pero les faltaba vida. Estaban -por así decir- “almidonados”. Eran rígidos. Y Jesús conocía su alma. Esto nos escandaliza, porque ellos se escandalizaban de las cosas que hacía Jesús cuando perdonaba los pecados, cuando curaba en sábado. Se rasgaban las vestiduras: “¡Oh, qué escándalo! Esto no es de Dios, porque debemos hacer esto”. No les importaba la gente: les importaba la Ley, las prescripciones, las categorías. 

Ustedes son como sepulcros blanqueados

Pero Jesús acepta la invitación a comer del fariseo, porque es libre, y va a su casa. Jesús le dice al fariseo, escandalizado por su comportamiento que sobrepasaba las reglas: “Así son ustedes, los fariseos! Purifican por fuera la copa y el plato, y por dentro están llenos de voracidad y perfidia”.

No son palabras bonitas, ¿verdad? Jesús hablaba claro, no era un hipócrita. Hablaba claro. Y le dice: “Pero ¿por qué miran el exterior? Mira dentro qué hay”.

Otro día les dijo: “Ustedes son como sepulcros blanqueados”. Qué bonito cumplido, ¿no? Bellos por fuera, todos perfectos, todos perfectos, pero por dentro llenos de podredumbre, es decir de voracidad, maldad, dice.

Jesús distingue las apariencias de la realidad interna. Estos señores son los “doctores de las apariencias”: siempre perfectos, pero dentro ¿qué hay?

A los hipócritas les interesa solo la apariencia

Francisco recuerda otros pasajes del Evangelio en donde Jesús condena a esta gente, como la parábola del buen samaritano o donde se habla de su manera ostentosa de ayudar o dar limosna.

Porque, afirmó el Papa, a ellos les “interesaba la apariencia”. “Jesús califica a esta gente con una palabra: ‘hipócrita'”. Gente con un alma ávida, capaz de asesinar. “Y capaz de pagar para matar o calumniar, como se hace hoy. También hoy se hace así: se paga para dar noticias malas, noticias que ensucien a los demás”.

Detrás de la rigidez hay graves problemas

En una palabra, continuó Francisco, los fariseos y los doctores de la Ley eran personas rígidas, no dispuestas a cambiar.

“Pero siempre, bajo o dentro una rigidez, -siguió el Papa- hay problemas. Graves problemas. (…) Detrás de las apariencias de buen cristiano, apariencias en términos de estar siempre en busca de aparentar, de maquillarse el alma, hay problemas. Ahí no está Jesús. Ahí está el espíritu del mundo”.

Y ¿abro mi corazón?

Y Jesús los llama “insensatos” y les aconseja abrir su alma al amor para que entre la gracia. Porque la salvación “es un don gratuito de Dios. Nadie se salva así mismo, nadie. Nadie se salva a sí mismo ni siquiera con las prácticas de esta gente”.

Finalmente una advertencia:

Estén atentos frente a los rígidos. Estén atentos frente a los cristianos -sean laicos, sacerdotes, obispos- que se presentan “perfectos”, rígidos. Estén atentos. Ahí no está el espíritu de Dios. Falta el espíritu de la libertad.

Y estemos atentos con nosotros mismos, porque esto nos debe llevar a pensar en nuestra vida. ¿Busco mirar las apariencias solamente? ¿No cambio mi corazón?

¿No abro mi corazón a la oración, a la libertad de la oración, a la libertad de la limosa, a la libertad de las obras de misericordia?

 

Por Adriana Masotti 

Newsletter
Recibe gratis Aleteia.