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San Romero y el nuevo martirio: del “odio a la fe” al “odio a la caridad”

© Stephen CC
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De los evangelios a la realidad

la canonización, hoy domingo 14 de octubre, del arzobispo de San Salvador y mártir de la Iglesia católica, Óscar Arnulfo Romero, el teólogo y profesor de la Escuela de Teología y Ministerio del Boston College, Rafael Luciani, ha escrito un profundo ensayo sobre las similitudes de la Iglesia que defendió (y definió) con su sangre el salvadoreño y la Iglesia que quiere construir el argentino Papa Francisco.

La conversión a los pobres

Luciani, quien es miembro del Equipo Teológico Pastoral del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), recuerda que los tres años en que Romero fue arzobispo de San Salvador (del 22 de febrero de 1977 hasta que fue asesinado el 24 de marzo de 1980 durante la celebración de la eucaristía en la capilla del “Hospitalito” de La Divina Providencia en San Salvador) “su honradez humana se vio sumida en un proceso de conversión al entrar en contacto con la realidad que vivían los más pobres de su pueblo”.

Para este teólogo seglar, la experiencia de Romero, fruto de un seguimiento a Jesús crucificado, “lo llevó a asumir la causa de los pobres a través de la promoción de la justicia y la construcción de la paz. Y lo hizo en medio de condiciones violentas, provocadas por el totalitarismo reinante, tanto en lo político-militar como en lo económico”.

En ese sentido, la acción pastoral de Romero, que partía de un discernimiento evangélico de la realidad, “sintoniza con el modelo de Iglesia que el Papa Francisco ha querido promover: una que se reconozca desde el seguimiento de la praxis de Jesús, que se inspire en los valores evangélicos, se done en servicio fraterno a los más pobres, y muestre –con el ejemplo– que quiere llegar a ser una Iglesia pobre”.

De los evangelios a la realidad

Más adelante, en su ensayo, el profesor Luciani apunta que el mejor método para conocer el proceso de conversión al pueblo pobre de El Salvador es leer o escuchar (las grabó y emitió por radio) sus homilías semanales, que compartía cada domingo por la mañana en la Catedral de San Salvador. Su método expositivo combinaba la catequesis sobre la Palabra, el discernimiento de la misma y la aplicación a las circunstancias concretas por las que atravesaba el país centroamericano.

“Al leer los textos completos de las homilías de Romero podemos descubrir al creyente que parte de los evangelios y desde ahí hace un análisis de su realidad, preguntándose qué haría Jesús, cómo reaccionaría ante los problemas que vivimos y cómo podemos ser fieles a su seguimiento hoy. Es un método que lo aleja de los intentos por ideologizar la fe…”, escribe Luciani en su artículo publicado en el Boletín Informativo del Programa de Formación Continua de la Escuela de Teología y Ministerio del Boston College.

Las homilías de Romero representan un reto para la Iglesia en el mundo actual, piensa Luciani, puesto que nos ayudarían a superar los espacios de confort a los que nos hemos acostumbrado a vivir y le devolvería a su dimensión profética para ser voz de los dramas que viven las grandes mayorías actualmente.

Lo social como dimensión de la comunicación cristiana

Lo que Luciani llama “el modo Romero” de leer, discernir y explicar las escrituras, “desmoraliza” las homilías y las centra en Jesús, en la línea de las bienaventuranzas y la defensa por las víctimas. “Es un estilo evangélico que entiende a lo social como dimensión fundamental de la comunicación cristiana”.

Con la beatificación de Romero, escribe Luciani, el Papa Francisco ha querido dar señales de cómo avizora la identidad y la misión de la Iglesia de cara a las nuevas condiciones globales. “Fiel al magisterio universal, (Romero) entendió que la salvación pasaba por el reconocimiento de la dignidad humana, el desarrollo socioeconómico de cada sujeto y el respeto por la libertad”.

En un párrafo decisivo de su artículo, Luciani destaca tres facetas de Romero que, en su opinión, han inspirado el ministerio del Papa Francisco. “Romero fue un pastor que optó por los pobres; antepuso la verdad y la profecía antes que lo políticamente correcto (el politically correct del mundo sajón); y superó la tentación clerical de vivir el poder como privilegio antes que como servicio y entrega fraterna”.

Y concluye diciendo que a partir de Romero se recupera un sentido fundamental del martirio cristiano. “Ya no sólo podrá ser visto como consecuencia del odium fidei, sino también del odium caritatis, el que vivió Jesús cuando los poderes políticos y religiosos de la época decidieron matarlo para que su mensaje de bienaventuranza y amor no fuese escuchado”.

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