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¿Estás embaraza, sin apetito y estresada?

PREGNANCY
Syda productions - Shutterstock
Incontinencia urinaria

Gracias a Dios, hoy en día podemos hablar abiertamente de ello y una mención a una rehabilitación de la incontinencia urinaria ya no hace que a nadie le suban los colores. La incontinencia no es solo un problema para las mujeres mayores; las mujeres jóvenes que han pasado por un embarazo también tienen que lidiar con ello y no tiene nada que ver con nuestro nivel de forma física o actividades deportivas. Aquí los culpables son los músculos del suelo pélvico, estirados y aflojados debido al peso del embarazo. Para ayudarte con esto, necesitas hacer ejercicios de Kegel. Te dejaré comprobar con los especialistas cómo hacerlos correctamente, pero si cuidas esos músculos, no tendrás que cruzar las piernas cada vez que estornudes.

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Todos recomiendan vivir el embarazo lo más relajada posible, cuidarte y alimentarte bien... pero no es tu caso.

El embarazo es una etapa especial de la vida para la mujer y su familia, donde algunos cambios normales que se producen en su cuerpo, en sus emociones y en la vida de su familia pueden generarle algo de estrés, el cual debe saber cómo manejarlo adecuadamente para que no afecte su salud y la de su futuro bebé.

Hay dos aspectos importantes a cuidar en esta etapa, uno es la alimentación y el otro es el estado nutricional de la mujer. Ambos son determinantes en el crecimiento y desarrollo del feto y, por lo tanto, una dieta sana y equilibrada es primordial tanto antes como durante el embarazo.

Es común que las mujeres comiencen a preocuparse más por su salud y la de su futuro bebé cuando se enteran que están embarazadas. Por lo general las madres suelen sentir más apetito en el embarazo por lo que se debe controlar no aumentar en exceso de peso durante esta etapa. Pero puede suceder lo contrario, que pierdan las ganas de comer y ahí la atención debe centrarse en no bajar de peso.

Posibles causas de falta de apetito durante el embarazo

Una posible causa es el aumento de la hormona HCG (Gonadotropina Coriónica Humana) que es producida por el embrión en desarrollo poco después de la concepción y luego por la placenta. Esta hormona en ocasiones produce las náuseas y vómitos de los primeros meses del embarazo, por lo que puede hacer que una que se rechacen muchos alimentos y disminuyan las ganas de comer.

Por otra parte, el estrés también puede producir disminución del apetito, muchas veces debido al ritmo de vida actual y a las preocupaciones que se puedan tener por razones externas al embarazo.

Esto trae consigo formas de alimentación desacertadas como, comer rápido, no desayunar, realizar por un lado cenas muy abundantes y por el otro un almuerzo con alimentos de fácil elaboración que no cubren los requerimientos necesarios, o también un mayor consumo de bebidas cola, café, té.

Las náuseas y los vómitos son pasajeros, pero si las mujeres embarazadas padecen altos niveles de estrés pueden tener un riesgo mayor de parto prematuro y que el bebé nazca antes de las 37 semanas de gestación. 

FOOD
Evgeny Atamanenko - Shutterstock

¿Cómo afecta el estrés en la alimentación?

Es común sentirse estresada o con mayor ansiedad durante el embarazo, pero el problema ocurre cuando este es excesivo, que puede causar problemas para dormir, dolores de cabeza, pérdida del apetito o comer en exceso.

Esta ansiedad además altera la conducta alimentaria, los patrones de consumo, la cantidad y la calidad de las comidas que se ingieren. Una dieta inadecuada puede llevar a la mujer a un peso insuficiente, lo que puede traer consecuencias como mayor riesgo de parto prematuro, bajo peso al nacer y defectos congénitos.

A través de una buena alimentación no solo se mantiene el cuerpo sano sino también la mente.

 

 

 

¿Cómo me debo cuidar si el estrés está afectando mi alimentación?

Primero es importante identificar las causas del estrés, ya sea en su trabajo o en su vida personal, e intentar desarrollar maneras eficaces de controlarlas.

Después conviene comentar al médico la situación. Seguramente se encargará de evaluar el índice de masa corporal de la madre y buscará conocer su estado nutricional para poder ayudarla a valorar el total de kilos que debería aumentar durante todo el embarazo.

En caso de las madres que comienzan el embarazo con bajo peso, se recomienda incrementos de peso entre 12 kg y 18 kg.

Para ello el médico o el nutricionista asesorará a la paciente y le indicará las prácticas alimentarias más convenientes para ella. Entre ellas, las siguientes:

  • Evitar fumar y no consumir bebidas alcohólicas y drogas.
  • Adoptar una dieta lo más equilibrada posible
  • Evitar saltearse las comidas.
  • Comer menos, pero más veces al día (más o menos cada tres horas). Esto puede ayudar mucho  la falta de apetito es a causa de las náuseas o del estrés.
  • Tener a mano algo para comer liviano (una galleta) antes de levantarse en la mañana puede ayudar también a evitar las náuseas.
  • Evitar los huevos (sí la clara), alimentos de alto contenido graso y picantes.
  • Priorizar vegetales de hojas verdes y alimentos ricos en fibra. 
  • De las bebidas, lo ideal es tomar agua, infusiones claras o zumos naturales. La tila puede ayudar a tranquilizarse.
  • Evitar bebidas gaseosas o azucaradas que llenan demasiado el estómago, principalmente antes de las comidas.
  • Hay ciertos alimentos que ayudan a mejorar la adaptación del organismo al estrés y otros lo empeoran. Aumentan el estrés: el alcohol, el café porque contiene cafeína que actúa en el sistema nervioso aumentado la presión arterial y agravando la ansiedad, así como la sal en exceso. Calman o ayuda a disminuir el estrés:  las frutas y vegetales, que a través de sus vitaminas y minerales refuerzan el sistema inmunológico. Legumbres, y cereales integrales, frutos secos.
KOBIETA W CIĄŻY
Shutterstock

Aplicar algunas técnicas puede ayudar a combatir el estrés durante el embarazo como:

  • Realizar diariamente técnicas de relajación y respiración, salir a caminar o alguna actividad física aconsejada por el médico.
  • Dedicar unos minutos del día a relajarse, orar, y ponerse cómoda sin teléfonos cerca, acostarse o reclinarse. 
  • Comunicar lo que le pasa, generando espacios con la pareja para hablar y disfrutar.
  • Reducir o delegar las actividades o tareas del hogar.
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