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¿Será posible evitar una nueva crisis económica global?

© alphaspirit/SHUTTERSTOCK
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Las Naciones Unidas publican un inquietante informe anual sobre la marcha de la economía del mundo

Diez años después de la crisis financiera de 2008, la economía mundial sigue estando en un terreno inestable, con guerras comerciales como síntoma de un malestar más profundo. Con este pensamiento o constatación abre el comunicado de prensa de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD o United Nations Conference on Trade and Development), lanzado el miércoles 26 de septiembre con ocasión de la presentación de su nuevo informe anual.

Aunque la economía mundial se está recuperando desde principios de 2017, el crecimiento es “espasmódico”, y son muchos los países que están actuando por debajo de su potencial, afirma el documento, titulado Trade and Development Report 2018: Power, Platforms and the Free Trade Delusion (Informe sobre el Comercio y el Desarrollo 2018: Poder, plataformas y la desilusión del libre comercio). Según el organismo de la ONU con sede en Ginebra, Suiza, es muy improbable que la situación cambie este año.

Economía bajo estrés

“La economía mundial está de nuevo bajo estrés”, observa en el comunicado de prensa el secretario general de la UNCTAD, el keniano Mukhisa Kituyi, que tras las actuales amenazas a la estabilidad identifica un “fracaso más amplio”, que es “la incapacidad de afrontar, desde 2008, las desigualdades y los desequilibrios de nuestro mundo hiperglobalizado”.

Para los autores del informe, nos encontramos ante una verdadera paradoja. “La paradoja de la globalización del siglo XXI es que, a pesar del infinito río de palabras sobre su flexibilidad, eficiencia y competitividad, las economías avanzadas y en vías de desarrollo se están volviendo cada vez más frágiles, débiles y fracturadas”, escriben.

El optimismo suscitado el año pasado por la incipiente recuperación “no ha durado mucho”, explica el informe. Las recientes estimaciones de crecimiento son inferiores a las previsiones, al contrario, muestran incluso alguna desaceleración. En el primer trimestre de 2018, la tercera economía del globo, la japonesa, registraba por ejemplo un crecimiento negativo, recuerda el informe.

Las economías emergentes resisten mejor, en el sentido de que en el primer trimestre de este año, el crecimiento fue superior a las expectativas en China y en India. En otros dos países, en cambio, del grupo llamado BRICS, o sea, Brasil y Sudáfrica, no ha habido ninguna mejora, sino al contrario, incluso una desaceleración.

La sombra de la deuda

En sintonía con el informe global del Grupo Allianz sobre la riqueza financiera de los privados, publicado también el miércoles 26 de septiembre, también el informe de la UNCTAD identifica el aumento de la deuda como uno de los riesgos que amenazan la economía mundial.

A principios de 2018, los stocks de deuda mundial subían a casi 250 billones de dólares respecto a los 142 billones de dólares de diez años antes. Como subraya el informe, la cifra, por supuesto impresionante, de 250 billones de dólares es como tres veces el PIB mundial.

La deuda privada ha “explotado”, en particular en los mercados emergentes y en los países en vías de desarrollo, cuya cuota de stocks de deuda global ha subido del 7% en 2007 al 26% en 2017, mientras que la relación entre los créditos a sociedades no financieras y el PIB en las economías de mercados emergentes creció del 56% en 2008 al 105% al año pasado, explica el informe.

En lo que respecta a la deuda, el autor principal del informe, Richard Kozul-Wright, no tiene dudas. “El creciente endeudamiento observado a nivel mundial está estrechamente vinculado a la creciente desigualdad”, sostiene el director de la División de la UNCTAD sobre Estrategias de Globalización y Desarrollo.

Las grandes empresas

El informe, que no comparte el juicio positivo sobre los efectos de la globalización expresado por el Grupo Allianz, llama también la atención hacia la concentración de poder económico en las manos de un número cada vez más pequeño de compañías cada vez más grandes.

La distribución de las exportaciones, por ejemplo, está “fuertemente desequilibrada a favor de las empresas más grandes”, se lee en el informe UNCTAD. “Tras la crisis financiera global, las cinco más grandes empresas exportadoras representaban en media el 30% de las exportaciones totales de un país, y las diez empresas exportadoras más grandes el 42%, señala el informe.

El fenómeno se acentúa particularmente en el sector digital o electrónico. De las 25 empresas más grandes — en términos de capitalización — del sector tech, más de la mitad, 14, tienen su sede en EE.UU., siete en Asia, de las cuales tres en China, tres en la Unión Europea, y una sola en África, señalan los autores del informe.

Las tres principales compañías tecnológicas estadounidenses tienen una capitalización de mercado media de más de 400.000 millones de dólares, respecto a una media de 200.000 millones de dólares para el top de las empresas chinas, 123.000 dólares para las asiáticas, 69.000 millones de dólares para las europeas y 66.000 millones de dólares para la única empresa africana.

“Significativa” es la velocidad con la que se han acumulado los beneficios de la posición dominante del mercado, observa el informe, que ofrece como ejemplo las dos empresas líderes del e-commerce o compras online: el coloso estadounidense Amazon y el chino Alibaba. Mientras que la relación útiles/ventas de Amazon subió del 10% en 2005 al 23% en 2015, el de Alibaba pasó del 10% en 2011 al 32% en 2015.

Desigualdad

Para la UNCTAD, el crecimiento de las ganancias de las empresas “superstar” — cfr. Apple, que se ha convertido hace dos meses en la primera empresa que opera en Wall Street en superar el umbral del billón de dólares de capitalización — ha sido un importante motor de la desigualdad global. Ha ampliado, explica el informe, la distancia entre un número reducido de grandes vencedores por un lado, y la masa de empresas más pequeñas y trabajadores que son “explotados” por el otro.

Son precisamente estas grandes empresas las que gobiernan la hiperglobalización — sostiene el informe —  y que han creado posiciones de mercado cada vez más dominantes bajo acuerdos de “libre comercio”, que fueron objeto de un intenso lobbying societario y demasiado a menudo llevado a cabo con un mínimo control público.

Es necesario reconocer, subrayan los autores del informe, que “muchas normas adoptadas para promover el ‘libre comercio’ no han logrado empujar el sistema en una dirección más inclusiva, participativa y favorable al desarrollo”.

Solución

Aunque no haya ninguna duda de que a través de la hiperglobalización los países en vías de desarrollo han logrado conquistar una cota cada vez mayor del comercio mundial, sin embargo, “transformar estas tendencias en un proceso de desarrollo transformador se ha revelado esquivo en muchas partes del Sur”, observa el informe, que en lo que respecta a la búsqueda de soluciones, advierte contra el riesgo de caer en dos extremos: por un lado, en un nacionalismo nostálgico, y por otro en un renovado apoyo al libre comercio.

Lo que se necesita es multilateralismo, sobre el que sin embargo pesan “viejas y nuevas presiones”, observa el secretario general de la UNCTAD, Kituyi, el cual añade que en un mundo interdipendente “las respuestas egoístas no ofrecen una solución”. “El reto está precisamente en encontrar la manera de que el multilateralismo funcione”, dice.

Por desgracia, concluye el informe, “la tragedia de nuestros tiempos es que,  justo cuando se necesitaría una cooperación internacional audaz (…), más de tres décadas de incesante toque de tambor del libre comercio ha agotado el sentido de confianza, de equidad y de justicia del que depende esta cooperación”.

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