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Cómo alimentar a un niño con trastorno del espectro autista

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Photographee.eu - Shutterstock
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Uno de cada 160 niños tiene un Trastorno del Espectro Autista (TEA) según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). 

Cuando un hijo es diagnosticado con trastorno del espectro autista (TEA), comienza una nueva etapa de aprendizaje para toda la familia. Entre los muchos retos a los que se enfrentan se encontrarán también con el de la alimentación. Los padres encontrarán importantes dificultades a la hora de dar de comer a su hijo para lograr su correcta nutrición. 

El TEA es una condición neurológica crónica que comienza en la niñez y afecta al comportamiento, a la interacción social, a la comunicación y al aprendizaje del niño. A menudo presentan afecciones asociadas, como epilepsia, depresión, ansiedad y trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Sus manifestaciones clínicas, así como su grado de severidad, llevan a que el enfoque del niño con autismo se efectúe de manera individual, ya que el grado de severidad de los síntomas difiere de un individuo a otro.

Antes de pensar y elaborar el menú para estos niños, es importante conocer los problemas que surgen a la hora de darles de comer.  Asesorarse con un nutricionista especializado en TAE es bueno para cuidar ciertos aspectos con los que lograr una adecuada nutrición.

Para ello es importante comunicar al especialista sus hábitos alimenticios y si a la hora de comer ha tenido algún episodio caracterizado por ahogamientos, tos, pérdida de oxígeno o flujo de líquidos por orificios nasales.

Problemas en la alimentación

Se pueden dar alteraciones del ritmo de la comida. Puede que el niño no tenga sensación de saciedad, que coma de manera compulsiva, muy rápido y entre horas. O puede suceder lo contrario, que la comida no le resulte estimulante; come de todo, pero sin ganas y demasiado lento. 

También puede negarse a comer sólidos. Comería todo tipo de alimentos siempre que sea triturado y no sólido. O bien que la variedad de alimentos que coma sea extremadamente limitada (tolerancia únicamente de ciertos alimentos con una textura o consistencia específica o un olor determinado).

Alguno a la hora de comer puede realizar rituales muy marcados. Un ejemplo: la comida o la bebida debe presentarse en un formato determinado o siempre en la misma vajilla. Los problemas conductuales son comunes también. Les cuesta permanecer sentados cierto tiempo, tienden a tocar los alimentos con las manos y a no utilizar los cubiertos, y a otros comportamientos que llaman la atención: comen papel, pinturas, plastilina, insectos, tierra…

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One photo - Shutterstock

¿Por qué?

Las personas con TAE sufren alteraciones sensoriales. Esta sintomatología repercute notoriamente en su alimentación, porque muestran una escasa o excesiva reacción percibida a través de uno o varios sentidos como el oído, la vista, el tacto, el gusto, el olfato. 

La audición: Ruidos intensos, agudos o continuos les pueden provocar sensaciones extremadamente molestas. Les puede llevar a rechazar ciertos alimentos por el ruido que producen por ejemplo los chiclosos o galletas tipo “cracker”.

El tacto puede provocarles rechazo a cierto alimentos cuando perciben en la boca o en sus manos texturas granulosas, fibrosas o geles.

El gusto: Si el sabor de algún alimento le resultó desagradable cuando lo probó por primera vez puede que ya no lo quiera comer nunca más. 

La visión: Pueden aceptar o no un alimento en función de su forma de presentación o por el color. Los menos aceptados suelen ser los de color verde y los oscuros, los que le resultan más atractivos son los de color rojo, anaranjado o amarillo.

El olfato: Captan olores para nosotros imperceptibles por lo que esto también influye en su atracción hacia los alimentos.

Hiperselectividad: Los niños pueden rechazar alimentos por su forma, color, apariencia, o también por ser poco flexibles, invariables a los cambios y por la restricción de sus intereses.

Problemas gastrointestinales: El que se presenta con mayor frecuencia es el estreñimiento, provocado en su mayoría por el rechazo o la limitación de alimentos ricos en fibra como son las frutas y verduras.

Experiencias negativas: Si el niño alguna vez tuvo una mala experiencia con determinado alimento que le provocó por ejemplo náuseas o vómitos, probablemente nunca más quiera comerlo.

Intolerancia o alergia alimentaria: Tal vez el niño sea intolerante (es cuando luego de ingerir uno o varios alimentos se produce un efecto adverso en el organismo, como una mala digestión o metabolización) o sea alérgico (cuando tras la ingestión de un alimento se produce una respuesta inmunitaria, que puede comprometer la salud, como urticaria, picazón, hinchazón de alguna parte del cuerpo) y eso le provoque el rechazo por determinados alimentos. 

Muchos suelen padecer alergia al gluten y a la caseína, pero no hay evidencia empírica que relacione directamente este trastorno con una intolerancia al gluten o caseína. Si se puede decir que, en algunos casos, no en todos, la Dieta Libre de Gluten y Caseína, puede ser efectiva para mejorar uno o más de los síntomas característicos del autismo.  

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Roman Yanushevsky - Shutterstock

Aspectos a cuidar en su alimentación:

  • Para evitar ahogamientos y tolerar los alimentos sólidos, empezar primero por los purés e  ir probando los alimentos uno a uno, con distintas consistencias y texturas.
  • Al ser hipersensible a los alimentos, lo ideal es incorporar un solo alimento en diferentes preparaciones. Si es una zanahoria, primero en puré, luego en una tortilla, para que perciban los distintos sabores del mismo alimento.
  • Si se percibe alguna alergia o intolerancia, consultar primero al médico antes de comenzar una alimentación libre de gluten o caseína, porque debe ser realizada en forma progresiva. 
  • Evitar el uso de colorantes, conservantes, aditivos dañinos y endulzantes artificiales.
  • Evitar momentos de tensión a la hora de comer, no forzarlos a comer ni engañarlos.
  • No esperar a que el niño tenga mucha hambre para que coma, no es una estrategia adecuada, puede ser peligrosa debido a que muchas veces comen muy rápido por su ansiedad y se pueden atragantar. 

Cada niño es único y por eso cada tratamiento debe ser individual y guiado por especialistas teniendo en cuenta su historia clínica, sus hábitos alimentarios y las dificultades particulares que presenta el niño a la hora de comer. Debemos ser constantes, pacientes y sistemáticos en esta ardua tarea de aprendizaje. Y cómo no,  brindarles mucho amor.

El apoyo social es fundamental. Un niño con TAE ha de estar bien rodeado y contar con la implicación de  organizaciones o gobiernos que promuevan distintas iniciativas que faciliten su calidad de vida y palíen el desgaste que puede generarle a los padres.

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