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La “seis tareas” que deja el V Encuentro Nacional de Pastoral Hispana en EEUU

V ENCUENTRO
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La reflexión de Guzmán Carriquiry, secretario de la Comisión Pontificia para América Latina (CAL)

Todos los participantes del V Encuentro de Pastoral Hispana que se llevó a cabo en la ciudad de Grapevine, en Texas, el pasado mes de septiembre, coincidieron en señalar que se trató de un momento de gracia, de reencuentro de la Iglesia de Estados Unidos que pasa por momentos de gran oscuridad.

“Lo que más me impresiona es que la Providencia de Dios haya querido que este Encuentro se celebrara precisamente dentro de un momento muy difícil para la Iglesia en Estados Unidos. La Providencia de Dios ha querido que este Encuentro fuera un ‘kairos’, un fuerte acontecimiento del Espíritu de Dios, con abundantes gracias y dones, para bien de la Iglesia en Estados Unidos, en estos tiempos sufridos”, dijo, en su discurso de conclusiones, el secretario de la Comisión Pontificia para América Latina (CAL), Guzmán Carriquiry.

Al terminar el Encuentro, el propio Carriquiry enfatizó las responsabilidades que dejaba a los católicos hispanos y a los católicos estadounidenses la efervescencia más de tres mil delegados – laicos y familias, sobre todo, pero también sacerdotes, religiosos y religiosas- provenientes de parroquias, diócesis, regiones, movimientos y organizaciones, en las que el pueblo hispano católico participó intensamente en cuatro años de preparación, intercambiando reflexiones, testimonios y experiencias.

Por eso, para que no se pierda el impulso de renovación, Carriquiry se planteó y le planteó a los asistentes seis grandes cuestiones “que me parecen muy importantes para comunidades y líderes hispanos” para el día siguiente del Encuentro.

Mantenerse aferrados a Cristo

“La primera es la de continuar a dejarnos aferrar por Cristo en la vida cotidiana, permanecer con El así como lo hemos estado en este Encuentro, volver a encontrarlo día a día especialmente en los sacramentos y la oración, mantenernos bien incorporados en nuestras comunidades junto a nuestros hermanos en la fe, siendo exigentes con la propia formación cristiana. No podemos dejar que vaya diluyéndose nuestra respuesta a la vocación de discípulos-misioneros, sino que crezca en un siempre renovado compromiso cristiano”

Escuchar e integrar a quienes han perdido su arraigo

En segundo lugar, no podemos olvidarnos – como discípulos-misioneros que somos – de muchos hermanos hispanos que han ido perdiendo su arraigo en la tradición católica, asimilados por la sociedad del consumo, abandonados en la marginalidad o tentados por las comunidades cálidas de “evangélicos” y “neopentecostales”. Hay que mostrarles cercanía, compañía, testimonio atrayente, mucha caridad. Hay que saber escucharlos e invitarlos.

En juego el alma de Estados Unidos

En tercer lugar, ¡cómo no tener presente que en el debate nacional sobre la cuestión hispana –que incluye el tema dramático de los inmigrantes y la precariedad, discriminación y explotación que sufren muchos hispanos– está en juego el “alma” de esta Nación! Por eso, junto a todas las necesarias y valiosas obras de caridad y experiencias de solidaridad, es importante que crezcan las voces y liderazgos hispanos en vida pública, coherentes con su fe y con la Doctrina social de la Iglesia.

Enriquecimiento recíproco

En cuarto lugar, hay que tener presente que en la comunión de la Iglesia de Estados Unidos se encuentran muy diversas formas de inculturación de la fe, que no tienen que desarrollarse en compartimentos estancos sino que están llamadas a aprender unas de otras, a enriquecerse recíprocamente, para lograr síntesis cada vez más evangélicas, mas “católicas”, de vivir esa única fe y la misma comunión. El lema de este país –“Ut pluribus unum” – ha de realizarse en forma sorprendente, efectiva y atrayente en nuestro testimonio de comunión católica.

Más vocaciones hispanas

En quinto lugar, ustedes son conscientes de la necesidad de contar con más sacerdotes que provengan de sus comunidades hispanas, escuchando el llamado de Dios. Hoy tenemos más que nunca la necesidad de una nueva generación de santos sacerdotes, siempre confiados a la gracia misericordiosa de Dios, que dejen atrás las pésimas noticias sobre aquellos que han cometido crímenes abominables.

Iglesia y solidaridad: un puente necesario

Finalmente, ustedes hispanos y americanos – y digo “americanos” por derecho de presencia de los hispanos desde hace cinco siglos en las tierras que son hoy de este país – tienen que llegar a ser como un puente que dé cada vez mayor realidad a aquella intuición profética de San Juan Pablo II sobre la “Ecclesia in America” y a la solidaridad entre pueblos y naciones como “forma mundis” de esta comunión eclesial.

 

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