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La iglesia en Venecia que algunos católicos se pierden visitar

VENICE
Shutterstock-Andrew Mayovskyy
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En el templo de San Geremia se encuentra el cuerpo incorrupto de Santa Lucía, patrona de la vista y los pobres

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Irónicamente, aunque Santa Lucía es la patrona de la vista, sus restos en Venecia a veces pasan desapercibidos. Si se llega en tren a la ciudad italiana famosa por sus canales, lo más seguro es que lo harás a la estación Santa Lucía (que justamente recibe este nombre porque allí se encontraba antiguamente su iglesia, la cual fue derrumbada en 1861 para amplir la estación del ferrocarril); pero al salir, la masa de turistas te lleva inevitablemente como ovejas de rebaño a la larga fila de los vaporettos que te permiten cruzar el Gran Canal hasta la famosa Plaza San Marcos. 

En mi caso, tuve la fortuna que mi madre se fijó que había unos letreros que te indicaban cómo llegar a la plaza caminando (así como las flechas en los grandes museos que te llevan a las obras emblemáticas) y, aunque quería mi experiencia de taxi acuático veneciano, era lo más inteligente de hacer para ahorrar tiempo y dinero.

Y qué inteligente y oportuno fue. Caminando en esta ruta, y en menos de cinco minutos, nos encontramos con la iglesia de San Geremia, en cuya fachada se podía leer: “Lucía, virgen de Siracusa y mártir de Cristo, en este templo reposa”.

Su interior es amplio pero sencillo. Su planta tiene forma de cruz griega con ábsides semicirculares en los extremos. Resaltan dos estatuas, una de San Pedro y otra de San Jeremías, algunas pinturas y, por supuesto, el ataúd de cristal en el altar que resguarda el cuerpo de Santa Lucía.

Al acercarse, llama la atención la máscara de plata que cubre su rostro. Fue un pedido a mediados de los 50 del aquel entonces Cardenal Angelo Roncalli, patriarca de Venecia y futuro Papa Juan XXIII.

Otro dato curioso es que el cuerpo de Santa Lucía fue robado en 1981. Dos bandidos armados entraron en la noche y sometieron al párroco. El sacristán los sorprendió y enseguida llamó a la policía, pero cuando salieron corriendo, dejaron caer la máscara, su cabeza y uno de sus dedos. La noticia de este sacrilegio conmocionó a toda Italia porque es una de sus santas más queridas.

Hubo dos hipótesis: una, que los ladrones lo hacían por el dinero que podrían acreditarse por el rescate que pagarían sus devotos; y la otra, que era obra de la mafia siciliana, ya que Sicilia siempre ha reclamado que los restos de la santa estén allí por ser oriunda de Siracusa y sólo se les ha dado un dedo como reliquia. Afortunadamente la policía logró recuperar el cuerpo de Santa Lucía en diciembre de ese mismo año, justo en la víspera de su santoral el 13 de diciembre. 

Sin duda, es una iglesia muy bonita para visitar, porque aunque no sea tan rimbombante como uno de los palacios de la ciudad o la basílica, es la posibilidad de ver a esta mártir católica tan de cerca la que la hace realmente especial.

Algunos la divisan mientras navegan por el Gran Canal pero desconocen que Santa Lucía está allí, otros saben de sus existencia y hacen peregrinaje en este lugar y otros tantos tienen la suerte como yo de caminar por allí fortuitamente y, quizá por la misma intercesión de Santa Lucía, encontrársela a la luz del día. 

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