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Una “visita relámpago” a los abuelos puede cambiar su día

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No hace falta vestirlos de fiesta ni repeinarlos. Los nietos siempre están "ideales" a ojos de los abuelos, que suspiran por tenerlos a su lado.

Los abuelos suspiran constantemente por ver a sus nietos. Piensan en ellos: “¿qué debe estar haciendo ahora?”. Llueve y se les ocurre: “Espero que hoy no salga al patio de la escuela a jugar o se resfriará”. En la cocina, los abuelos siempre tienen reservas para el nieto: las galletas que le gustan, los cereales del desayuno, el caco en polvo, su bebida preferida, una bolsa de spaghettis…

A los papás, en cambio, lo cierto es que les supone a veces un esfuerzo grande llevar a los niños a casa de los abuelos. Durante la semana laboral, dicen que la jornada solo da para trabajar, recoger a los niños, llevarlos a casa, cenas, baños y a dormir. Pero conforme van haciéndose algo autónomos y no es preciso bañarlos, o ya empiezan con actividades extraescolares, la tarde puede presentar algún hueco.

En cuanto a los fines de semana, dependen de las costumbres familiares: salir de la ciudad, hacer deporte, viajar, ir a la iglesia, pasear, ir de compras… A veces en el sábado y el domingo no cabe más que el centro comercial y la segunda residencia.

Cuando uno piensa en lo importante que es para un niño el trato con sus abuelos, decide cambiar las rutinas para incorporarlos al máximo: que puedan recoger a los pequeños en el colegio y darles la merienda, que los lleven por la mañana a la escuela… Pero no siempre eso es posible. Así que hay que echar mano de “visitas relámpago”.

¡Cómo cambia la cara de la abuela cuando oye la voz de los nietos ya antes de entrar en casa! Es capaz de dejar la costura y el balancín para salir corriendo a darles un abrazo de bienvenida. En ese momento, se le ocurren ya mil cosas para decirle y hacer: le quiere preparar algo de comer, quiere que se queden todos a cenar… Cada segundo con los nietos tiene el valor de una pepita de oro.

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Shutterstock

Para los abuelos, que un nieto les llegue a casa con un dibujo en las manos es más importante que si el Museo del Louvre les regalara la Monna Lisa. Pregúntenselo, si no.

Visto así, hay que hacer que las “visitas relámpago” sean más fáciles de organizar:

  • No hace falta que el niño vaya impoluto. A los abuelos les encantará verlo con las rodillas sucias de jugar por los suelos.
  • No es necesario que la visita sea de 3 horas. Los abuelos prefieren 10 minutos de abrazos y besos antes que no ver a sus nietos durante semanas.
  • No hace falta que vayamos todos en cada visita. ¿Sé que hoy el abuelo no está porque los jueves tiene reunión con los jubilados de barrio? No importa, saludaremos a la abuela. Otro día ocurrirá al revés.

De este modo, consigues que:

  • las sorpresas alegren el día de los abuelos que, de otro modo, quizás sea muy monótono.
  • cada visita sea un regalo.
  • los abuelos vean crecer a los nietos y puedan ir diciéndoles cosas sobre sus estudios y su forma de comportarse, con lo cual mejora su educación.
  • los nietos aprendan de los mayores.
  • tu familia esté más unida, más allá de las formalidades y de las fechas imprescindibles.

 

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