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Una víctima de abuso sexual ofrece misas por su abusador y despensas a los más necesitados

Jeffrey Bruno
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En lugar de quedarse para él con los 5.000 dólares de apoyo que le dio el programa, ha usado el dinero para ofrecer misas especiales en cada parroquia de la diócesis y para patrocinar despensas de alimentos a través de Cáritas en Binghamton y Endicott.

Si el abuso sexual a menores –por parte de un sacerdote católico—es, en sí mismo, un crimen, las secuelas que deja en los pequeños cuando crecen suelen ser devastadoras. Pero no todos los casos están perdidos.

Katherine Long editora de The Catholic Sun, periódico de la diócesis de Syracuse (Nueva York, Estados Unidos) ha escrito una vibrante historia acerca de un hombre que, cuando era niño, fue abusado por un sacerdote de esta misma diócesis y que ha donado lo suficiente para que en las próximas semanas y meses, se ofrezca apoyo espiritual y físico a los más necesitados y misas por los curas abusadores y sus víctimas.

Una oportunidad de cooperar con Dios

Esta persona, cuya identidad no ha sido revelada, participó en el Programa Independiente de Reconciliación y Compensación de la diócesis de Syracuse para los abusados por el clero.

En lugar de quedarse para él con los 5.000 dólares de apoyo que le dio el programa, ha usado el dinero para ofrecer misas especiales en cada parroquia de la diócesis y para patrocinar despensas de alimentos a través de Cáritas en Binghamton y Endicott.

“Antes de que se me ofreciera algo, vi esto como una posible oportunidad para cooperar con Dios para tratar de sacar provecho de una situación que no era buena para varias personas, tanto víctimas como sacerdotes”, dijo el hombre a The Catholic Sun.

“Vi esto como una oportunidad para tratar de traer paz y consuelo y buenas noticias de décadas de conflictos, ira y tristeza”, agregó.

Un incidente de una sola vez

El hombre recuerda haber sido maltratado en algún momento entre 1986 y 1988, cuando habría tenido entre 9 y 11 años, por un sacerdote conocido y de confianza de su familia. Él describe el abuso como “un incidente de una sola vez”.

Pidió que su nombre no se usara para hacer sus donaciones ni para hablar con el periódico, porque ha elegido no compartir los detalles de su abuso con muchas personas en su vida.

Informó sobre su abuso a la diócesis en 2008. “Sentí que era mi deber denunciarlo”, dijo, no por su bien o el de su abusador, quien murió varios años antes, sino “más para empoderar a la diócesis y a la Iglesia en su conjunto y tener la información que sería útil para hacer frente a este comportamiento y tratar de evitar que siga adelante”.

El hombre dijo que estaba sorprendido cuando, diez años después, recibió una carta de los administradores del Programa Independiente de Reconciliación y Compensación, invitándolo a presentar una reclamación. Era la primera vez que oía hablar del programa, así que lo leyó. “No vi nada que perder enviando la información, así que lo hice”, dijo.

Todos somos pecadores

En julio, recibió de los administradores una oferta de un acuerdo de 5.000 dólares. Ejecutó el acuerdo y recibió un cheque en agosto. El hombre no tenía ningún apego al dinero, explicó, y comenzó a considerar qué hacer con él.

Se puso en contacto con Danielle Cummings, canciller diocesano y directora de comunicaciones, para acordar que se ofrecieran misas, primero considerar las misas por su abusador y luego por varios sacerdotes acusados de abuso en su condado natal de Broome, explicó.

El hombre, que sigue siendo un católico practicante, “creció poniendo sacerdotes, monjas y monjes en pedestales y creyendo que estaban ligeramente por encima de los humanos, en esencia”, dijo.

“Mi experiencia con un sacerdote y otras experiencias que he tenido, particularmente con sacerdotes y algunos religiosos … me han recordado que todos somos pecadores”, continuó.

“No importa qué votos profesamos o iniciales tenemos después de nuestro nombre o hábitos que uno pueda usar, todos necesitamos la misericordia de Dios y es mejor que nos perdonemos unos a otros si queremos ser perdonados cuando nos presentamos ante Dios”.

Pedir la gracia de Dios

“Siento que todos tenemos que presentarnos ante Dios tal como somos, reconocer dónde nos quedamos cortos y pedir su gracia, e interceder por otros, incluso y especialmente por los sacerdotes que abusaron de las personas”, agregó.

Sin embargo, no quería enfadar aún más a los fieles ante la mención de estos clérigos. Entonces, coordinándose con Cummings, organizó que se ofrecieran misas en las 124 parroquias de la diócesis, cada una destinada a los “miembros locales del clero que abusaron y a los que sufrieron daños”.

Cada parroquia recibió un cheque de diez dólares por esta intención de Misa y una carta explicativa de Cummings a principios de septiembre. Las parroquias ya han comenzado a celebrar las misas según lo permitan los horarios.

“Para poder tener un cuarto de millón de personas en la diócesis orando juntas por las víctimas y por sus abusadores, ya sea que hayan fallecido o aún estén con nosotros, para mí … simplemente no puedo imaginar un paso más poderoso hacia delante para todos los involucrados “, dijo el hombre a The Catholic Sun.

El hombre decidió donar los 3.760 dólares restantes de su acuerdo a Cáritas del Condado de Broome, para dividirlos entre sus despensas de alimentos en Binghamton y Endicott. La donación se usará para comprar frutas, verduras y granos para las despensas y hasta fines de este año.

*The Catholic Sun, es el periódico de la Diócesis de Syracuse.*

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