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La moderna esclavitud que se incrementa con el éxodo venezolano

TUNNEL
ChameleonsEye - Shutterstock
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El tráfico de personas es algo tan antiguo como la humanidad, sin embargo, esto podría terminar con el siglo

Todos los analistas coinciden en que el desplazamiento en masa de venezolanos fuera de su país ha incrementado la trata de personas entre quienes que integran la diáspora.

Las denuncias son de diferente tenor, desde aquellas que identifican a las autoridades políticas de ciertos estados de Venezuela como facilitadores de mafias que operan en las islas cercanas, hasta verdaderos dramas que han llevado a los cardenales Osoro –Madrid- y Porras –Caracas- a divulgar alertas para que las chicas no se presten a ser carne de cañón para provecho de quienes negocian traficando con seres humanos.

El aumento de las migraciones de venezolanos que huyen de la crisis en el país –registraba la televisora colombiana NTN24–  ha disparado los casos de trata de personas en la región, especialmente de decenas de mujeres que son explotadas sexual y laboralmente.

Venezuela es, junto a Haití, el país con una mayor incidencia de la esclavitud moderna en Latinoamérica. Según el último informe del Gobierno de EE.UU. sobre tráfico de personas, Venezuela, Belice, Bolivia y Centroamérica figuran en la “lista negra”.

Las jóvenes, decididas a dejar su país natal para huir de la crisis, son engañadas para llegar, por ejemplo, a España, con el fin de ser explotadas sexualmente.

Si las autoridades logran rescatarlas, como ha ocurrido, las protegen. De lo contrario, el trabajo es arduo: deben cumplir entre 10 a 15 servicios sexuales al día. 

Las casas de acogida las reciben y una de las inspectoras de la Unidad Central Contra las Redes de Inmigración Ilegal y Falsedades ofreció detalles del flagelo: en lo que va de 2018, la Policía Nacional ha rescatado a más de 200 mujeres víctimas de trata en España.

La mayoría de ellas son de nacionalidad rumana, nigeriana y dominicana, pero las venezolanas empiezan a aumentar, tal y como confirmó la funcionaria.

“Ha habido un aumento significativo”, dijo, asegurando que entre 2016 y 2017 creció un 50% el número de mujeres venezolanas rescatadas de redes de trata.

Es más, Acnur estima que un 2% de las mujeres venezolanas en el exterior con entre 15 y 49 años son sobrevivientes de violencia sexual.

“Su autoestima está por los suelos”, revelan los informes, las mujeres “están totalmente destrozadas” y sienten que su cuerpo “es solo carne”.

La mayoría presenta estrés postraumático por lo vivido (entre otras cosas, palizas de quienes las obligan a ejercer como trabajadoras sexuales). “El 90% de las prostitutas no lo son libremente”, sentencian citando datos oficiales.

La historia de Laura, una menor de edad, es relatada por CNN en español:

“Hace unas semanas se subió a un avión en su Venezuela natal con destino a España. Lo que no sabía es que su familia la había vendido y llegaba al país ibérico para ser prostituida, según la hipótesis de las autoridades españolas, que aún investigan su caso. En el aeropuerto de la capital la esperaban miembros de una red de trata de personas para recogerla y llevarla a un apartamento, donde, según las autoridades, sería sometida a diversas vejaciones y explotada sexualmente. Por suerte, hubo otros que fueron más rápidos: los agentes de la Policía Nacional, entrenados para identificar a esta clase de víctimas, la salvaron justo a tiempo ahí mismo”.

Pasan a convertirse en víctimas desde el momento en que aceptan que las mafias de trata de blancas paguen su pasaje, las reciban en el aeropuerto y les den alojamiento…. pero la comida deben procurársela fichando en bares.

Pronto se percatan de más mentiras, de que deben dormir hacinadas y deben pagar por el agua y otros servicios.

Otra de las modalidades del fraude es que les entregan $1000, pero son “alquilados”, es decir, deben  reponerlos y esa es otra razón para anclarse a trabajar en las barras.

Cuando van a Curazao, por ejemplo, salen a todo riesgo, de noche y burlando la vigilancia de los guardacostas.

En realidad, salen rumbo a una esclavitud sin regreso, muy a pesar de los esfuerzos de las ONGs dedicadas al rescate de estas mujeres que no pasan de los 30 años.

Pero todo lo prefieren antes que regresar a la hiperinflación que impera en Venezuela. Las esclavas sexuales confiesan vivir un auténtico infierno pero regresar a un país en ruinas no es una opción.

Librarse de las deudas eternas que contraen en el proceso es poco menos que imposible aunque algunas lo han conseguido.

Las condiciones de vida son paupérrimas y todo se reduce a esperar la llegada de un “cliente” que les permita pagar los gastos del día.

La Policía Nacional de Panamá rescató a 37 mujeres de diversas nacionalidades, entre ellas, venezolanas (también colombianas, dominicanas, nicaragüenses y panameñas), en un centro de diversión nocturno y una residencia, ubicados en La Chorrera, a 32 kilómetros al oeste de Ciudad de Panamá, las cuales eran víctimas del delito de trata de personas.

Estados Unidos, por tercer año consecutivo, incluyó a Venezuela en su listado de países que no hacen lo suficiente para combatir el tráfico de personas.

En la ‘lista negra’ del informe anual del Departamento de Estado de los Estados Unidos de Norteamérica sobre el tráfico de personas en el mundo, publicado recientemente, vuelven a aparecer este año Venezuela, Belice, Rusia, Corea del Norte, Irán y Siria, entre otros.

“Nuestra esperanza es que el siglo XXI sea el último siglo con tráfico de personas”, dijo el secretario de Estado Rex Tillerson, en el acto de presentación de dicho informe.

“Yonatan Matheus, director de la Asociación Civil Venezuela Diversa, dedicado a combatir las mafias de la trata, debió salir de Venezuela por la amenaza de que fue objeto por parte de bandas dedicadas a esa actividad criminal, las cuales aseguró que “se han fortalecido con el paso del tiempo, porque cuentan con el respaldo de funcionarios policiales, quienes cobran vacunas por los favores recibidos”.

“El tráfico de drogas es el principal negocio de estas bandas. Los jefes de estas organizaciones delictivas usan a sus trabajadoras sexuales como narcomulas, algo grave, pero que cuenta con el respaldo de funcionarios policiales porque ellos son beneficiados. Tienen acceso a la cocaína, heroína, popper y marihuana”.

Un negocio redondo que combina la explotación sexual con la droga.

Puntualmente, se ha denunciado que sectores poderosos de los estados venezolanos de Falcón, Lara, Zulia, Trujillo y Mérida dan la “venia” para que los tratantes de blancas lleven a cabo su funesto comercio de esclavitud y sexo.

A diario llegan a las orillas de varios puntos de la geografía curazoleña los pequeños peñeros que parten de las costas de Paraguaná o del litoral central y descargan a las jóvenes venezolanas que, en muchas ocasiones, solo visten trajes de baño, para engañar a los guardacostas que vigilan la llegada de extranjeros al país caribeño.

Diferentes campañas anti tráfico de personas se llevan a cabo y la advertencia se repite: la trata de personas no debe ser considerada únicamente una responsabilidad de las autoridades, sino de la sociedad en general.

Los ciudadanos comunes pueden ayudar a combatir ese delito siendo conscientes del problema y asegurándose de que la penosa situación de las víctimas no pase inadvertida.

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