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Ser analfabeto en América Latina, una tragedia que se puede evitar

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El 36% de los países de América Latina gastan menos del 1% de su presupuesto educativo en alfabetizar adultos

Es un asunto de prioridades. Decía aquél entusiasta de la guillotina que terminó bajo su hojilla: “El secreto de la libertad radica en educar a las personas. El secreto de la tiranía está en mantenerlos ignorantes”. Ese fue Robespierre, el revolucionario francés tragado por su propia revolución. Pero, en eso, acertó. No hay nada más funcional a los gobiernos abusadores, ningún camino más fácil para conculcar derechos y asfixiar libertades que un pueblo ignorante.

Otro que dio en el clavo fue el Libertador de cinco pueblos suramericanos, Simón Bolívar: “Un pueblo ignorante es instrumento ciego de su propia destrucción”. Pocas frases más lapidarias.

No saber leer y escribir es un verdadero calvario de dependencias, manipulación y humillaciones. A pesar de que los gobiernos han hecho, unos mucho, otros poco, el drama del analfabetismo sigue presente en esta parte del continente.  Aún más, según el tercer Informe Mundial sobre el Aprendizaje y la Educación de Adultos (GRALE III), promovido por la UNESCO, al ritmo de mejora actual, hasta el 2070 habrá analfabatismo.

Si bien es cierto que América Latina ha reducido la tasa de analfabetismo en los últimos 5 años, muchos países aún registran altos indicadores de personas analfabetas. Y basándose en las tendencias actuales, el informe calcula que hasta el 2072 no podrá vencerse el analfabetismo de las adolescentes más pobres de los países en desarrollo. Una verdadera calamidad pues mientras ello no sea erradicado, una importante porción de la población será incapaz de adquirir e intercambiar información a través de la palabra escrita.

De los más de 630 millones de personas que viven en América Latina y el Caribe, unos 32 millones son analfabetas, lo cual representa  aproximadamente el 4% de la población analfabeta del mundo.

“Esta región -América Latina y el Caribe- avanzó mucho, es verdad, como el resto del mundo. Pero en general hay un aumento en la tasa de alfabetización que se mantiene continuado. La tasa de alfabetización en adultos en América Latina y el Caribe alcanza el 94% y en jóvenes es del 98%. Y un importante número de países están sobre el 99%, como Argentina, Bolivia, Chile, Costa Rica y Ecuador. Pero todavía algunos permanecen por debajo del 90%, como El Salvador (88%) y Honduras (89%).Esto se debe a los grandes esfuerzos para aumentar el acceso a la educación de los jóvenes”, ha dicho Cecilia Barbieri, especialista en educación de la Oficina Regional de Educación para América Latina y el Caribe OREALC/UNESCO, en Santiago de Chile. Sin embargo, la especialista advierte que, pese al bajo número de personas analfabetas en América Latina, “siempre son demasiadas”.

Uno de los desafíos es aumentar el número de personas que terminen la educación secundaria en la región.

Entre los países de América Latina con la tasa más alta de abandono de escuela secundaria es Guatemala (52,2%), seguido de Honduras (44,7%) y México (42,3%), según datos de la Unesco. En Venezuela, la crisis alimentaria ha situado en un escandaloso 50% la deserción de los alumnos que acuden a la escuela pública oficial.

Este es un problema detectado, analizado y objeto de esfuerzos por solucionar, pero es un hecho que mientras la cantidad de analfabetas disminuye, la cantidad de analfabetas funcionales aumenta considerablemente.

Uno de los asuntos más preocupantes es el analfabetismo funcional, ese que no supone la incapacidad absoluta de leer o escribir  y que se ha definido como “la incapacidad de un individuo para utilizar su capacidad de lectura, escritura y cálculo de forma eficiente en las situaciones habituales de la vida”. Se trata de una especie de pereza que limita o anula la capacidad de aprender porque requiere esfuerzo mental y tiempo. Leer, informarse, adquirir destrezas no está en los planes del analfabeto funcional. Evita el análisis y el estudio. Se conforma con un título, pero no genera hábitos de superación. Esa otra forma de analfabetismo es una de las grandes trabas a vencer para el desarrollo de la región.

Los analfabetos funcionales, que suman millones, son incapaces de incorporarse a las transformaciones del mundo actual,  observa la Unesco. En México, según datos bien conocidos,  sólo el dos por ciento de la población tiene el hábito de leer. Los analfabetos tradicionales suman el 1,4% de los chilenos, mientras que los funcionales superan el 4%, expresado en un 44.3% de la población adulta que se encuentra en una situación de analfabetismo funcional en textos, un 42% en documentos y un 51.4% en el área cuantitativa. Dos tercios de quienes cuentan con estudios superiores se ubican en los más bajos niveles.

Otros de los aspectos cruciales del analfabetismo funcional, es transversal, pues afecta a las personas desde las primeras etapas formativas hasta su vida adulta cuando debe desenvolverse en contextos laborales. Los países industrializados no son por cierto, ajenos a este flagelo. Se sabe que en Alemania, por ejemplo, existen 8 millones de analfabetos funcionales en una población de 80 millones.

El analfabetismo tiene sus mayores consecuencias en el ámbito social pues se trata de un factor de exclusión y marginación de la sociedad civil.  “Si fomentamos el gusto por la lectura creo que muchos de los problemas que tenemos se podrían solucionar”, dice José Sánchez, director de Docencia de la Universidad de Chile.  Los expertos, en abrumadora coincidencia, opinan que mejorar  la comprensión lectora y fomentar el desarrollo y el gusto por la lectura solucionaría muchos de los problemas que obstaculizan el desarrollo en nuestros países. Los académicos insisten en que el problema es superable si se realiza una mayor inversión en los niveles básicos de educación.

De nuevo, volviendo al principio, es un asunto de prioridades y de voluntad política.

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